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Jacinto Anzorena, el ingeniero y político mendocino que murió en Chacras -->

Jacinto Anzorena, el ingeniero y político mendocino que murió en Chacras

El distrito tuvo el privilegio de contar entre sus vecinos a un gran funcionario público e ingeniero, llamado Jacinto Anzorena, quien falleció en nuestra localidad hace más de 70 años. Dejó un legado muy grande en la provincia: inclusive un club lleva su nombre.

Por Carlos Campana

El ingeniero Anzorena nació en Mendoza el 8 de diciembre de 1869. Hijo de Tomasa Mercedes Puebla y el doctor Pedro Ignacio Anzorena, quien fue gobernador de la Provincia. Proveniente de una familia tradicional mendocina, don Jacinto cursó sus estudios primarios y secundarios en esta capital. Luego de egresar como bachiller, el joven partió junto a su hermano hacia el Reino Unido con el objetivo de ingresar como pupilo en la Universidad de Brighton, en la que obtuvo su título de ingeniero civil y naval.

En Londres conoció a Máximo Terrero y a Manuelita Rosas, quienes le brindaron su apoyo. Regresó a la Argentina con su flamante título de ingeniero y se estableció en Buenos Aires, donde trabajó ejerciendo su profesión en los Arsenales de la Armada. Allí se vinculó con personajes políticos y sociales que vieron en él a una persona de una personalidad brillante.

El gobierno nacional lo convocó entonces junto al perito Francisco P. Moreno para integrar la Segunda Comisión de límites con Chile a fines del siglo XIX. Posteriormente viajó a Mendoza, donde se radicó. Inmediatamente se integró a diferentes secretarías gubernamentales como funcionario público. Inclusive fue intendente de la Ciudad de Mendoza desde 1914 a 1917. Además ocupó en varias ocasiones la banca como legislador provincial.

Entre sus grandes obras de ingeniería cabe destacar la confección del Dique de Los Papagayos construido en 1937 bajo su dirección: una de las primeras defensas que tuvo la ciudad contra los aluviones. Entre otras obras se encuentran el basamento del monumento al General San Martín en la plaza de la Ciudad de Mendoza -que lleva su nombre-. Desde principios del siglo XX, Jacinto eligió nuestra localidad para vivir junto a gran parte de su familia.

En su finca, buscó la paz y la tranquilidad cuando se jubiló a mediados de los años 30, sin dejar de lado su participación en renombradas instituciones culturales, académicas y de bien público. Se destacó como miembro de la Institution of Civil Engineers, entidad ubicada en el Reino Unido.

Estaba casado con Esther Villegas, quien lo acompañó toda su vida. Falleció en Chacras de Coria el 27 de diciembre de 1949 a los 80 años de edad.

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Cuando Viamonte se vestía de pueblo -->

Cuando Viamonte se vestía de pueblo

La foto es de Carlos “Cachilo” Púrpura y fue tomada a principios de los ‘90 en la calle Viamonte, entre Mitre y Aguinaga, a metros de la Plaza de Chacras de Coria.

Hacia el fondo de la imagen, una mujer pasa y mira el interior del local de cabinas telefónicas que tenía la familia Cutrera, cuando internet era una posibilidad todavía remota.

El pequeño portón y la casa de al lado corresponde a la propiedad de los Lori, en cuya puerta solía sentarse el señor Remo.

Siguiendo en esa dirección estaba el restaurante La Tasca, del recordado músico y cocinero Eduardo Aveni, que más tarde funcionó en calle Mitre.

Un hermoso recuerdo de cuando la historia del Correveidile se empezaba a escribir.

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Un héroe de la aviación que fue vecino de Chacras -->

Un héroe de la aviación que fue vecino de Chacras

El distrito se caracterizó por tener entre sus vecinos a grandes personalidades de la vida política, militar y cultural a nivel local y nacional. Muchos se sorprenderán al conocer que en esta tierra vivió el recordado aviador militar, el capitán Luis C. Candelaria.

Por Carlos Campana

Su gran proeza fue vencer en abril de 1918, la gran Cordillera de los Andes en un aeroplano. Este vuelo fue realizado desde la localidad neuquina de Zapala rumbo a Chile, en donde aterrizó cerca de la ciudad de Cunco. Luego de retirarse como piloto del cuerpo aéreo del Ejército Argentino, se instaló en Chacras por muchos años.

Luis Cenobio Candelaria nació en Buenos Aires el 29 de octubre de 1892. Sus padres fueron don Victorio Candelaria y Luisa Micossi. Su madre tuvo gran influencia en su formación, y en 1908 ingresó al Colegio Militar. Después de cursar en esa institución castrense egresó como subteniente en el arma de ingenieros.

Con 21 años, Candelaria se entusiasmó al conocer las denominadas “máquinas voladoras”, más conocidas como aeroplanos, que en Argentina comenzaban a ser promovidas de la mano de Newbery y otros pioneros.

Por aquel tiempo, los militares vieron el gran potencial que tenían estos aparatos y fueron insertados como un arma más en el Ejército Argentino.

Se cree que la muerte de Jorge Newbery en Mendoza el 1 de marzo de 1914, influyó en la vida del joven militar, quien un par de años después obtuvo la patente de piloto.

A principios de 1918, el juvenil aviador cumplía servicio en la base militar de El Palomar -Provincia de Buenos Aires- e inició una serie de reparaciones sobre un aeroplano de marca Morane Saulnier Parasol de 80 H.P, denominado con el nombre “Mendoza” y donado por las Damas Mendocinas, que había sufrido varios accidentes.

Con la ayuda del personal mecánico de esa unidad, la nave fue reparada y el entonces teniente Candelaria solicitó a sus superiores viajar con ese aparato a Mendoza: le negaron la posibilidad. Su verdadera intención era realizar la hazaña del cruce de los Andes en aeroplano.

Ante la negativa no se amilanó y pidió que se lo trasladara a Zapala, Neuquén, a lo que las autoridades militares accedieron. Después de un tiempo, el piloto y sus mecánicos estaban listos para emprender la aventura de traspasar el macizo andino. Hazaña que realizó solo y luego de unas horas, en un complejo aterrizaje que casi destruyó el avión. Así, Luis Candelaria se transformó en el primer argentino en ejecutar la trascendental epopeya. De regreso a Buenos Aires, a los 25 años, a este militar se lo agasajó como a un gran héroe.

Una Virgen lo acompañaba en Chacras

A fines de 1920, el capitán Candelaria pidió su retiro efectivo del cuerpo aéreo del ejército y por problemas de salud, pudo cobrar su pensión y no tuvo mejor opción que llegar a la provincia de Mendoza y establecerse en Chacras de Coria.

Aquí, el militar compró una propiedad a la familia Dalla Torre, que se ubicaba en la esquina de Pueyrredón y Viamonte. Por varios años el piloto vivió allí y se comenta que en una gran inundación -posiblemente el aluvión de 1934- encontró flotando en el agua una imagen de la Virgen. Luego de recuperarla le construyó un pedestal casi en la esquina de su vivienda. Con el tiempo, el lugar comenzó a llamarse “La esquina de la Virgen” y fue objeto de devoción por parte de los vecinos del lugar.

Durante los años que vivió en Chacras, Candelaria fue un vecino muy admirado, no sólo por su fama como piloto, sino por su agradable personalidad y principios éticos y morales. Durante largas temporadas residió en nuestra localidad, pero luego vendió su propiedad y se radicó en Misiones. De allí viajó a Tucumán, donde falleció el 23 de diciembre de 1963. Días después fue enterrado en la ciudad de Zapala, en Neuquén.

Una calle en Chacras de Coria lleva su nombre.

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Historias del Pago: Juan Bautista Gargantini, bodeguero y político que amó Chacras -->

Historias del Pago: Juan Bautista Gargantini, bodeguero y político que amó Chacras

El nombre de los Gargantini está muy ligado a Chacras de Coria. Fue Juan Bautista quien hacia 1921 estableció una pequeña bodega en este lugar. Y cuya figura tuvo una gran incidencia en nuestra provincia.

Por Carlos Campana

Nació en Mendoza el 11 de noviembre de 1891, aunque fue bautizado el 31 de marzo del año siguiente. Juan Bautista Gargantini fue uno de los ocho hijos del suizo Bautista Gerónimo Gargantini y Oliva Bondino. Su padre, de origen helvético, llegó a nuestra provincia como muchos de los inmigrantes que se establecieron con el gran sueño de progresar. Aquí se asoció a su cuñado Juan Giol y a fines del siglo XIX fundaron la empresa “La Colina de Oro”.

El pequeño Juan Bautista fue enviado en 1902 a Suiza, donde  estuvo a cargo de su abuelo Pietro por un tiempo. Allí estudió y se vinculó de lleno al comercio. Durante ese período adquirió una gran experiencia que trajo a su vuelta a Cuyo, en 1910.

Un año después, tras el regreso a Europa de su padre y la desvinculación social con Giol, la familia Gargantini mantuvo una de las bodegas en el departamento de Rivadavia, donde elaboraron vinos finos y de mesa.

En 1921 Juan Bautista estableció una bodega en Chacras de Coria, que elaboraba vino de mesa con una producción de 3 millones de litros. Más de una veintena de obreros trabajan en aquel centro de producción, uno de los tres más importantes que tenía la empresa denominada “Bodegas y Viñedos Gargantini”.

La bodega estaba enclavada en una finca de mayor extensión que además de los viñedos, poseía una gran variedad de frutales propios de la zona de Chacras. La misma perteneció al destacado empresario y político hasta 1950, que pasó a ser dirigida por sus hijos Carlos y Alberto hasta la década del ‘80, cuando fue vendida a una empresa española. Don Juan Bautista fue un enamorado de la bodega de Chacras de Coria y a pesar de que no vivía en la localidad, la visitaba muy seguido.

En 1987, “Clos de Chacras” fue recuperada por su nieta Silvia Gargantini y restaurada conservando su estilo original. En el 2004 inició la producción de vinos de alta gama. Está ubicada en la calle Monte Líbano, en el denominado “Barrio Chino”.

Vida política y deportiva

A principios del siglo XX, con la llegada del fútbol a Mendoza, Juan Bautista quedó profundamente entusiasmado y junto con otros socios fue el fundador del actual Club Independiente Rivadavia en 1913, cuyo estadio lleva su nombre. Además participó activamente de esa actividad y fue uno de los creadores en 1922 de la Liga Mendocina de Fútbol. Además de ser un gran hombre de negocios y dirigente de fútbol se involucró en la política y el turf.

Fue durante la primera década del siglo XX que inició su carrera política militando en la Unión Cívica Radical, vinculado al lencinismo. Durante las elecciones provinciales para la gobernación, Gargantini se alió a Carlos W. Lencinas y ambos conformaron la fórmula electoral Lencinas gobernador y Gargantini vice, asumiendo el 3 de febrero de 1922. Su mandato duró hasta 1924 y dos años después ocupó un escaño como senador nacional por Mendoza.

El golpe de Estado de 1930 y su dedicación a otras actividades hizo que Gargantini se alejara de la política por algunos años pero regresó en las elecciones de 1941 para postularse como candidato a gobernador por la UCR junto a Rubén Palero Infante. Sin embargo quedaron en segundo lugar frente a los candidatos del Partido Demócrata Adolfo Vicchi y José María Gutiérrez.

Un dato curioso es que durante las elecciones de 1946, el candidato a presidente Juan D. Perón le propuso armar una lista como gobernador en la provincia, pero el bodeguero y hombre de negocios no aceptó. Esto originó su retiro definitivo como militante político.

Juan Bautista Gargantini también fue un reconocido criador de caballos pura sangre. Durante su asociación con el turf supo cultivar grandes amistades y fue miembro del Jockey Club local y del de Buenos Aires. Admirador de las corridas de toros, se encargó de traerlas a Mendoza en 1947.

Su vida familiar estuvo marcada por su primera esposa llamada Margarita Brignone con quien contrajo matrimonio en 1914. De esta unión nació Alberto y Carlos. Toda una vida juntos, enviudó en 1978. Dos años después volvió a casarse con Josefina Ceresoli, quien lo acompañó hasta el fin de sus días.

Falleció en Mendoza el 1 de agosto de 1985 a los 94 años.

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Vuelta al pasado: El centrador de ruedas -->

Vuelta al pasado: El centrador de ruedas

Una acuarela en palabras de cuando el realizador Federico Serafín (Canal Encuentro) filmó en Chacras de Coria un capítulo sobre el lugar y llegó a la atmósfera y los elementos del querido Don Cobos.

Por Onelia Cobos

La bicicletería artesanal del pueblo sería recordada en el tiempo por dos herramientas emblemáticas: el centrador de ruedas y el inflador industrial, gigante y enorme, que permitía insuflar aire a las cámaras y cubiertas casi sin esfuerzo.

El primero mantenía de pie -frente a la rueda con rayos a ajustar-, muchas horas del día al mecánico reparador. Éste usaba la redondez de una pieza de acero inoxidable, casi un reloj, con surcos donde encajaban los rayos de la rueda y los estiraba hasta quedar perfectamente tensos, como cabello recién peinado.

El centrador permitía a la rueda girar y ser acariciada por las manos del hombre, que la convertían en un sol perfecto de verano, impecablemente equilibrado. El segundo hizo que… “Don Cobos, ¿me presta el inflador ?”, se volviera una eterna y familiar solicitud en el lugar. Obviamente Don Cobos era el mago de las reparaciones del único transporte del lugar.

Don Cobos había permitido que la armonía, el orden, la prolijidad, la reparación de las ruedas que arreglaba, trascendieran a su espíritu que flotaba y que lo hacía tan querible por sus clientes. El centrador está ahora en el patio de la casa de su hija. Como las estatuas de Lola Mora, se ha convertido en un elemento estético con una llamativa fuerza energética.

Lo supimos cuando el director Federico Serafín colocó su cámara filmadora muy cerca, hizo girar la rueda recién colocada y dejó que los giros de antaño se desprendieran imparables. Sintió que nunca sabría por qué había llegado a este lugar donde el hacer humano se convertía en magia de encuentros no buscados, donde la sencillez del vivir se metamorfoseaba en magos xilógrafos, poetas surrealistas, pintores del color puro, ebanistas soñadores y utópicos hacedores de arquitectura medieval y futurista. No quiso saber. Había sido elegido para conocerlo.

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La sala de primeros auxilios de Chacras: un legado vigente -->

La sala de primeros auxilios de Chacras: un legado vigente

Un grupo de vecinos progresistas avanzó en la concreción de este espacio para el cuidado de la salud hace un siglo.


Por Carlos Campana

Hoy se la conoce como el Centro de Salud N° 38 “Dr. Carlos Levy” y está ubicado en calle Italia al 5600 de esta localidad. En este lugar se brinda el servicio de atención médica primaria que todos conocemos. Pero este centro asistencial tiene una historia que comenzó con la iniciativa de un grupo de destacados vecinos, hace más de cien años.

En 1918 se produjo una epidemia de gripe de tipo “A”, que dejó millones de víctimas en todo el mundo. La provincia de Mendoza no fue la excepción y a pesar de que se extremaron las medidas preventivas, más de 100 personas fallecieron por esta pandemia. Esto hizo que en Chacras de Coria, varios vecinos se unieran para formar una comisión “Pro-Sala de Primeros Auxilios”, con el objetivo de prevenir este tipo de enfermedades y establecer un lugar en donde se pudiera brindar asistencia médica a las personas que lo necesitaran.

Por iniciativa del señor Bernardo Martínez, José Fernández Cabrera, Rosario Sansano de Ferro, Francisco Bilbao, las docentes María Morse y su amiga Margaret Collord -quienes fueron las últimas maestras estadounidenses que trajo Domingo Faustino Sarmiento a Mendoza- y el señor Manuel Cuitiño, quedó conformada la primera comisión directiva.

Esta comisión realizó infinidades de eventos para juntar el dinero requerido, entre ellos, varios corsos de carnaval, bailes en casas de respetables vecinos y por supuesto, cada uno de estos miembros contribuyeron con sus propios fondos para que este proyecto se convirtiera en una realidad.

Todo lo grande nace pequeño

El 20 de noviembre de 1920, quedó parcialmente inaugurada la salita de primeros auxilios. No se sabe con exactitud la ubicación, pero lo que se conoce es que la misma tenía un médico y servicio de farmacia en donde la asistencia era totalmente gratuita.

No obstante de cumplir el anhelo de tener operativo este centro de salud, la comisión “Pro- Sala de Primeros Auxilios” siguió trabajando arduamente para conseguir otro lugar en donde pudiera concederse mejores servicios para los vecinos de Chacras de Coria.

Por aquello años, la sala estaba a cargo del doctor Francisco B. Correas. Contaba, además, con la enfermera Paula de Martínez y el farmacéutico Manuel F. Cuitiño. Las consultas gratuitas para el público se realizaban los martes, jueves y sábado de 11 a 12 horas. Pero también se atendían casos de emergencias en donde el médico concurría desde su domicilio.

Por varios años, la comisión fue presidida por Miguel Aguinaga, quien tuvo como prioridad la construcción de un nuevo edificio que incluyera un mejor equipamiento de salud. En abril de 1929, la comisión adquirió al señor Demetrio González, una propiedad de 547 metros cuadrados de terreno sobre la calle Italia.

Este inmueble fue comprado al contado por la suma de mil seiscientos pesos. Cabe destacar que el escribano Emilio Touza, renunció a sus honorarios a beneficio de la sala y que el señor Aguinaga, donó la suma de 24.000 pesos para la edificación del complejo de salud. Sin perder tiempo, ese mismo año se ejecutó la construcción y para finalizar aquel emprendimiento, varios lugareños contribuyeron con la realización de un gran corso en el Club de Chacras de Coria, para contribuir con fondos que fueron donados a la Comisión.

A mediados de 1931, el proyecto edilicio que contaba con una sala de cirugía, consultorios médicos, una habitación con cuatro camas para enfermos convalecientes, salón de actos y demás dependencias, quedó concluido.

Inauguración del edificio

En la tarde del 5 de setiembre de 1931, la Sala de Primeros Auxilios de Chacras de Coria quedó inaugurada oficialmente con la presencia del entonces interventor José María Rosas y el ministro de Obras Públicas, ingeniero Ricardo Videla. También asistieron el presidente de comisión “Pro- Sala de Primeros Auxilios”, señor Jorge Biritos y el escribano Alberto Cabanillas Barboza. El padre Juan N. Peralta fue quien bendijo el edificio en un acto muy emotivo en donde participaron todos los vecinos.

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Hablemos de Chicha Franco -->

Hablemos de Chicha Franco

La calle Delhez es corta y no tiene salida a ninguna otra arteria o callejón. Es un viejo refugio del Ensueño chacrense.

*Por Onelia Cobos

La última casa a la derecha es de troncos. Es de dos pisos y la madera nos recuerda a la casa del bosque de arrayanes de Walt Disney en la película “Fantasía”.

Allí vive Chicha. Vive en esa calle desde 1946 cuando dejando Agustín Roca, un pequeño pueblo en Junín de Bs As, se trasladó a vivir en Chacras.

Casada con Francisco Aníbal Franco, joyero y relojero del lugar desde entonces, se convirtió en la  inseparable compañera del cómplice metafísico del Tiempo en el Chacras de Ayer.

Chicha tiene 97 años. Sigue cosiendo como lo hizo siempre. Aún sin lentes cuando “levanta ruedos”. Su memoria intacta, su salud plena, la hacen parecer una persona sin Tiempo.

Sin embargo, en el rincón del living, un alto reloj de madera, impecable y mentiroso ha camuflado el transcurrir del devenir en las personas y el lugar.

Todo parece ayer cuando zorzales, teros, zorros, lechuzas, terneros, vacas, caballos y potrillos quedaron atrás en la pampa húmeda y se convirtieron en hijuelas, túneles verdes de arboledas regadas por acequias.

Chicha tiene tres hijas, Gladys, Betty, y Susana.

Susana, que vive al fondo de la casa de troncos, ha sabido integrar icónicamente el mundo de lagunas  con cisnes de cuello negro del origen familiar campero, con el milagro verde del oasis chacrense en el desierto. Las paredes de su casa muestran lazos, tientos, herraduras, arneses y las viejas herramientas del taller joyero de su papá.

El lugar se vuelve mágico  cuando el elegante reloj del living canta una armonía envolvente que corre al silencio. No hay melodía es un viaje a las estrellas y todo allí se deja llevar.

¿Sabrá Chicha que lo mágico del lugar la convierten en mágica también a ella?

Nota publicada en setiembre de 2018.

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Memorias del pueblo que fue -->

Memorias del pueblo que fue

Compartimos la primera parte de este relato que escribió Carlos Adduci sobre sus recuerdos de infancia en comunidad.

“Fui inmensamente feliz en Chacras”, fue mi respuesta cuando me preguntaron sobre mi infancia, y se me disparó la respuesta casi en forma inconsciente. Cierro los ojos y lo primero que llega en un tropel de recuerdos son risas, amigos, potrero, fútbol y cine. Puedo decir que conocí la felicidad. Cuando quiero ordenar en mi cabeza todo este caleidoscopio de imágenes, sensaciones y aromas, lo primero que aparece es la Plaza, que yo repetía -sin ponerme colorado-, que era una de las más lindas de Mendoza (a pesar de que casi no conocía ninguna otra).

Yo la veía como el patio grande de mi casa: estaba enfrente, cruzando la calle Italia, frente a la Iglesia, al oeste, el cine, el Memorias del pueblo que fue: “Fui inmensamente feliz” kiosco y la Telefónica. Hacia el sur la heladería y la Teresa O’Connor, mi escuela primaria; al este la policía, mi casa y el Registro Civil en la misma cuadra. Ahí en la Plaza ocurría casi todo: era el punto de llegada y partida para cualquier menester, ya fuera para ir de compras, al kiosco o encontrarse con un amigo. Desde allí chusmeábamos a los que iban a misa.

También desde la rotonda sabíamos qué chicas irían al cine. Mi plaza, también era el punto de concentración para ir al potrero, al partido o al lugar donde se juntaban los más grandes luego del trabajo. O para dar la vuelta del tonto al atardecer: a partir de las ocho había música (continuará)…

Carlos Adduci en primer plano en la puerta del cine Splendid (hoy salón Leonardo Favio) en el año 1971. También se puede ver a Miguel Agustín, Olaf Guldberg y al Cuni Giorlando, entre otros.

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El Ferrotur Trasandino vuelve a Chacras: Hombres trabajando -->

El Ferrotur Trasandino vuelve a Chacras: Hombres trabajando

Ferrotur Trasandino nació como un sueño de un grupo de amigos aficionados al ferrocarril, que se reunían con la idea de reactivar, custodiar y proteger el ramal A12 perteneciente al Ferrocarril Trasandino. Junto con su puesta en marcha, buscaban poner en valor todo el material rodante histórico y salvaguardar su infraestructura patrimonial. En sus comienzos fueron tres o cuatro sus integrantes, que cada domingo salían a limpiar un sector de la vía, al tiempo que construían un vehículo ferroviario para recorrerla.

En 2006, se sumaron nuevas voluntades para llevar adelante la misión: fue así como quedó conformada la organización con personería jurídica, que desde entonces trabaja para cumplir con los fines sociales, educativos, culturales, históricos, patrimoniales, ecológicos y turísticos propuestos. “Sin embargo la mayor tarea fue, es y seguirá siendo la protección de la traza ferroviaria y sus entornos, un recorrido que comprende principalmente Maipú -Luzuriaga, Gutiérrez, Maipú y Russell- y Luján de Cuyo -Drummond y Chacras de Coria-”, explica Marcelo Spinello, parte del equipo.

“Cuando comenzamos con el proyecto, la intención era trasladarnos hasta Cacheuta, pero debido a lo saqueos que sufrió la vía, y el tiempo que demoramos en lograr los permisos y el apoyo del Estado, no se dio. A fines de 2013 logramos llegar hasta la Estación Paso de los Andes de Chacras de Coria. Sin embargo la falta de apoyo de organismos del Estado, la desidia de muchos agentes, sumando a las obras de calle Italia con la ciclovía, la vereda y el paso a nivel, imposibilitó que pudiéramos volver hasta hace unas semanas”, comenta Spinello.

A comienzos del 2018, desde su base operativa ubicada en el Parque Ferroviario Canota, en Hipólito Yrigoyen 201, los miembros de Ferrotur tomaron la firme y fuerte decisión de reconectar nuevamente el ramal desde Luzuriaga hasta Chacras de Coria. “Con mucho trabajo, perseverancia y financiamiento propio, logramos reconstruir 1 km. de vías, poniendo rieles y durmientes necesarios para el paso de vehículos, que fueron reparados y reacondicionados, con la novedosa incorporación de las Bicitrenes y el Ferrobus DHL, ambos vehículos desarrollados por la institución”.

El pasado 8 de julio, luego de varios meses de labor conjunta entre socios y voluntarios, la asociación regresó a Chacras con la alegría de la tarea cumplida y planes de avanzar en el trazado hasta la estación Paso de Los Andes. “Este objetivo sólo se puede cumplir si el municipio de Luján de Cuyo rectifica una obra hecha sobre calle Italia, para lo cual la Municipalidad muy atentamente se comprometió a repararla para que puedan convivir la calle, la ciclovía y las vías”, sostiene Marcelo. “Mientras tanto trabajamos desde el puente original de la intersección hasta calle Loria. Cada jornada se avanza con la limpieza de las vías. Esta gran hazaña, la reconexión, la futura puesta en marcha del proyecto Bicitren del Vino, todo quedará oficialmente inaugurado el 17 de agosto. También haremos un acto en homenaje a San Martín en la Estación Paso de los Andes”.

La aventura, ese día, será salir de la Estación Canota de Luzuriaga y culminar en Chacras de Coria a bordo de un pequeño tren en el que viajará la cuadrilla, además de algunos veteranos y héroes de Malvinas. “Simbólicamente queremos dejar reconectado Maipú y Luján. Para nosotros es un acontecimiento muy importante que surge de una asociación de personas que voluntariamente se suman para recuperar las vías y celebrar la unión, además de una historia muy importante que no queremos que se pierda”, agrega Spinello.

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“Albores Serranos”: Memorias de la palabra escrita -->

“Albores Serranos”: Memorias de la palabra escrita

“Albores Serranos” Memorias de la palabra escrita que se cuelan a la entrada del otoño El antiguo periódico de los alumnos de la Teresa O’Connor vuelve a la caja de los cálidos recuerdos. Una publicación con la mirada precisa, inocente y enérgica de los pequeños escritores, muchos de los cuales ya tienen más de 75 años.

Por Onelia Cobos

El otoño parece llamar a las evocaciones del ayer. Es esencialmente nostálgica, la nueva estación. Algunos viejos vecinos, setentones aún, se encuentran en las caminatas mañaneras, cuando atraviesan el casco del pueblo y cuando cruzan la Plaza. Sus charlas, inevitablemente, recuerdan viejos momentos comunes al pisar la vereda de la Escuela Teresa O’Connor.

Esa institución que los tuvo como alumnos del primario y como pequeños cronistas del proyecto “Club de Niños Periodistas”. La palabra escrita se enriqueció y quedó guardada en “Albores Serranos”, el periódico local escolar, editado en mimeógrafo (instrumento utilizado para hacer copias de papel), que contenía una y mil riquezas de valores como el buzón de la honradez o la información de los jóvenes locutores al final de cada turno, o el trabajo de los estudiantes de la Cruz Roja o los Niños Jardineros que crearon la unión de trabajadores.

Todo bajo la misión y el lema de ser útiles para el sólido reglamento de valores que pudo la Escuela construir. “Albores Serranos” fue el vínculo de la comunidad escolar y su memoria. Logró la participación y vinculación de los turnos en formato de crónica y de ficción. Los responsables de la publicación organizaron concursos literarios, que acrecentaron la motivación de la institución educativa por el periodismo.

De algún modo esta semilla alimentó esa pasión en el tiempo hasta convertirse en nuestro Correveidile, descendencia del bisnieto de aquella legendaria Teresa O’Connor: Alberto Cabanillas. Con los años, de la mano de su mujer, Adriana Sayavedra, se editó durante dos años el Correveidile Escolar, también realizado con los alumnos de la misma escuela. Un periódico en la escuela primaria es sin duda una de las estrategias pedagógicas más interesantes que permiten a la persona crecer en el mundo de las ideas, la comunicación con el otro, puentear con el mundo. Si bien los signos de los tiempos nuevos develan contaminación y corrupción, aun así, el sueño de eternas utopías pueden filtrarse y acomodarse en el eterno juego de la palabra, como energía que llega al otro para “compartir la luz del mundo y al mismo tiempo compartir su noche oscura”. (Francisco Luis Bernárdez)

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