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Vecinos que se van -->

Vecinos que se van

Olaf Guldberg

18 de setiembre de 1962-21 de setiembre de 2022

Chacras de Coria fue escenario de sus travesuras desde niño y de las vivencias de toda su vida. Este pueblo fue su universo: nació, creció, se casó con Mariana, tan chacrense como él, vivió y murió aquí.

Lo conozco desde que me gestaron y fui testigo de toda su vida, asumiendo su huella en la escuela, en el pueblo, en la familia, en la vida…

Hermanos sobre todas las cosas. Sin límite.

Su gran enseñanza, su legado, para mí, fue su enorme transformación.

Olaf… “el vikingo”, osado, guerrero, libre, fachero, seductor, fierrero, hábil en lo que se proponía, que dominaba su cuerpo como pocos, transitando los extremos; fue transmutándose con cada episodio de su enfermedad, en un Ser cada vez más esencial.

Al final, era demasiada Alma para su pequeño cuerpo despojado.

El 21 de septiembre se fue un hombre transformado en su más pura esencia.

Deslízate suave hermano, por esa nieve blanca recién caída. Buen viaje y abrazo al cielo.

Sandra Guldberg

Querido hermano, ahora que has partido, los recuerdos se amontonan en mi mente y en mi corazón como hojas de otoño en el jardín de casa. Hay uno en especial que me da mucha alegría: que me pidieran, junto con Mariana, que fuera testigo de vuestro casamiento por civil. Que me eligieran fue muy importante para mí. Me llena el alma de cariño.

En muchas ocasiones nos hemos acompañado y eso ha generado muchos lindos momentos entre los dos.

Tus 50 años coincidieron con la presentación de tus poesías en la Biblioteca de Chacras. Recuerdo haber trabajado mucho y me alegré tanto cuando fue todo un éxito.

Gracias por todos los momentos compartidos. Quedarán siempre en mi mente y en mi corazón.

Ahora me toca despedirte y a vos te toca descansar en Paz. Hacelo con la certeza de que mis recuerdos son verdaderos tesoros que me motivan a seguir adelante.

Siempre en mi corazón.

Verónica Guldberg

Muchas veces he intentado ponerme en su lugar y…, no me da el cuero, me desespera solo imaginar sentir lo que él sentía día tras día. A veces, al despertarme, pensaba en cómo serían sus despertares, esos breves segundos de inconsciencia antes de la consciencia, en donde tal vez, por un efímero lapso, sentia que todo había sido un mal sueño y que todo volvía a ser como antes.

¿Qué hubiese sido? ¿Qué hubiese logrado? ¿Qué podría haber…? ¡No! es ridículo, uno no puede ponerse a pensar en lo que podría haber sido y no fue, es un ejercicio que no lleva a ninguna parte. En enfermedades como la Esclerosis Múltiple, las cartas ya vienen barajadas, no se puede reclamar, sea justo o injusto, el árbitro ya cobró, no se le puede discutir.

No puedo hablar de los “hubiese” o “podría haber sido” pero si de lo que Olaf fue en su plenitud:

Fue un espíritu inquieto desde pequeño, subía a los árboles donde caminaba y se cruzaba de rama en rama con la destreza de un equilibrista y en los que construía casas donde guardar sus secretos.

Como alumno fue terrible, la escuela Teresa O´ Connor fue testigo de ello, mi pobre madre abogaba asiduamente por él con las maestras. Cuentan las leyendas que una salchicha que él tiro fue a parar en la cabeza de una maestra y que le sacó la peluca a otra con un anzuelo y una tanza.

En la secundaria no fue mucho mejor, alumno de la ENET Nº1 de Luján, donde era un habitual y aplicado asistente a los exámenes de diciembre, marzo y más allá. En cuarto año tuvo que emigrar al Nacional Agustín Alvarez por razones que ni las leyendas se atreven a contar.

Académicamente, fue un desastre, pero:

A los 11 manejaba tractores y coches, a los 14 o 15 desarmó y armó un motor de Peugeot 404. Su habitación era un viaje al futuro, donde creaba y diseñaba circuitos, comandos a distancia, sensores, cosas que solo él entendía. Siendo un desastre en la escuela, sabía muchas más cosas de lo que la escuela podría enseñar.

¿Dónde aprendió todo lo que hacía?

Fue un salvaje autodidacta, alumno aventajado del ensayo/error, que desarmaba lo que encontraba y lo volvía a armar. Empezó desarmando juguetes y terminó armando coches, alarmas, equipos de luces, de audio y demás.

Aprendió por sí mismo el arte de la fotografía con una vieja cámara manual y terminó siendo fotógrafo del diario Los Andes. Decidió practicar con una vieja guitarra y a los dos o tres meses ya tocaba melodías y acordes sin que nadie le hubiese enseñado siquiera como poner los dedos. Cuando decidió jugar con las palabras, escribió poesías. Y así podría seguir diciendo que hacía cosas de carpintería, química (una vez hizo pólvora), reparaba tablas de esquí, de windsurf, restauraba antigüedades, etc. etc. etc.

La música fue una de sus grandes pasiones, con escasos medios logró armar un equipo de audio de considerable potencia, los bafles, hechos por él mismo, hacían temblar la vieja casa de mis padres. Tenía más de 200 casetes y 60 o 70 discos, donde podías encontrar Rock pesado a música clásica, ópera, música celta, guitarra clásica, guitarra eléctrica, la música lo hacía vibrar casi como ninguna otra cosa.

Pero era en la montaña junto con el esquí el contexto donde él se sentía más conectado y libre, Penitentes, las Leñas, alguna vez Bariloche, la montaña era el lugar, su lugar.

Me fui de Chacras hace ya casi 35 años, poco pude hacer por Olaf desde la distancia. Lo que si pude, es aprender el significado de la amistad. A Olaf la vida le robó muchas cosas, pero le regalo cuatro amigos de acero:  Sergio, Walter, Hernán y Guri, mi agradecimiento a ellos por el hecho de haber estado allí por mí.

Deseo agradecer a todas las personas que lo cuidaron: Ana Leiva, Sonia Miranda, David, y algunos más de los que lamento no recordar sus nombres.

Agradecer infinitamente a Sandra y Verónica, mis hermanas quienes, cada una a su manera, movieron cielo y tierra para mejorar la calidad de vida de Olaf. Ellas fueron mis manos y mi corazón en la distancia.

Finalmente a Mariana, esposa de Olaf, a quien no conozco mucho personalmente, pero si por sus acciones: quiero agradecer su lealtad hacia mi hermano y como lo cuidó en todos estos años. Sin dudas, una tarea solo posible de hacer desde el amor. Mis respetos, mi admiración y mi agradecimiento.

En uno de mis últimos viajes a Argentina me dijo: lo que viví, vale por dos vidas. No sé si lo dijo desde la realidad o la resignación, pero con todo mi corazón espero que así haya sido.

El 18 de septiembre de 1962 nacía Roberto Olaf Guldberg el que luego fuera carpintero, albañil, artesano, electricista, mecánico, fotógrafo, músico, escritor, esquiador, y muchas cosas más. El 21 de septiembre de 2022 y luego de 40 años de sobrellevar una enfermedad deningrante, su cuerpo le dió la carta de libertad a su alma. Descanza en paz querido hermano.

Enrique Guldberg


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