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El espacio multimedia de Giaquinta

Poliamores eran los de antes

Nueva entrega del arsenal de podscat 300 palabras para (des)aprender a vivir -en Spotify-, del publicista y autor de canciones Guillermo Giaquinta*

No sé por qué se me ocurrió, en los ’90, visitar al mismo médico que me había operado el riñón derecho, a los once años. Ya habían pasado como 30 años, pero su consultorio estaba como yo lo recordaba. Nada plástico. Nada tecnológico. Cero compu. Todo cuero, madera y olor a libros. Y él, muy viejo y fumando.

Buscó en un fichero de cajoncitos mi historia clínica. No sé si la que sacó era la mía.  Me preguntó cómo me sentía. Le dije que bien. Él me hizo una sonrisita y me dijo que si me sentía bien qué más quería saber.

Y empezó a despotricar contra tantos estudios carísimos en gente sin síntomas de nada “como usted”, me dijo. Y no sé en qué momento ya me estaba hablando de su infancia y de su padre. Tenía ganas de hablar el veterano y parece que yo era el único paciente del día.

Que su padre, trabajando él solito nomás, había sostenido dos hogares, el legítimo y el de la “querida, cómo se decía antes”, me aclaró. Que había tenido 8 hijos con las dos mujeres, 4 y 4, y que les había dado estudio a todos y el apellido.

Que, en su caso, él sólo había mantenido una casa, con mujer y 2 hijos y que, ahora, tienen que trabajar su hijo y su nuera para mantener una sola casa.

Él me ejemplificaba el cambio, en el tiempo, del costo de la vida, pero yo me quedé colgado con la idea de la esposa y la “querida”.

– ¿Su mamá sabía de la otra casa?

– Por supuesto. Pero no se hablaba de eso, me dijo.

Está todo inventado, amigos.

Un museo de grandes novedades, como dice Cazuza.

Ok. El hombre podía y la mujer no. Era la época.

Y así se entendía el amor, dando casa, muchos hijos, proveyendo.

Era el poliamor de la época. Un poliamor jodido, convengamos.

Hoy, la propuesta parece que pasa más bien por un trío de jóvenes, como mínimo, una cama y ninguna cuna. Si ya están casados y tienen hijos, incorporan nuevos amores, sin hacer hijos, obvio. Sólo para hacer “aquello” que les guste.

No creo que armen el poliamor para tener poli kilombos hogareños, ¿no?

Qué se yo. Habrá que ver si prospera este formato que, según aclaran, no es pareja abierta. Hay fidelidad y exclusividad, pero entre varios.

Como me decía aquel viejo urólogo: si se siente bien, ¿qué más quiere saber?

*NdelaR: A propósito de la reciente partida del queridísimo por todos Marciano Cantero, uno de los músicos fundadores de Los Enanitos Verdes: ¿sabía usted que Giaquinta es el autor de dos de los grandes éxitos del popular grupo? Pues sí, sepa lector que tanto Sumar tiempo no es sumar amor y Contrareloj llevan la firma de nuestro columnista.

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