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Pasión tuerca: Luis Eduardo Castellani

Piloto de punta, pionero del Speedway

En la vida y el deporte, Luis Eduardo Castellani (16-11-41) siempre se miró en el ejemplo y el espejo de su papá Víctor Hugo y sus cuatro tíos: Eduardo, Spartaco, Florentino (Tino) y Julio César (Pichón). Así con la misma entrega, pasión y grandeza se convirtió en el legítimo heredero de un apellido que hizo historia en la actividad deportiva en la provincia.

Por José Félix Suárez – Especial para Correveidile

Luisito Castellani, como siempre se lo identificó en el ambiente deportivo, por estos días se recupera de los daños que sufrió como consecuencia de un incendio en la cabaña que habita en el Pedemonte, Luján de Cuyo. Conserva de manera especial los recuerdos de su trayectoria, incluso un presente especial que después de un grave accidente le hizo llegar Juan Manuel Fangio. “Nací y crecí en una familia de deportistas, donde todos dejaron su semilla y yo traté de continuar por la misma senda. Aunque en mi niñez y juventud practiqué esquí, andinismo y rugby en Obras Sanitarias y Los Cóndores, elegí el automovilismo”, expresa.

“De niño me entretenía y pasaba horas en el taller de mi papá y mis tíos, en la calle San Juan de Ciudad. No me quedaba quieto, preguntaba, aprendía. Me metía en los motores, me llenaba de aceite y de grasa. Soñaba con ser corredor de autos, con llegar a Europa, a la Fórmula 1. Leía El Gráfico y todas las revistas deportivas que caían en mis manos, por eso conocía las hazañas de Juan Manuel Fangio, Tazio Nuvolari y Alberto Ascari. Cuando cumplí 12, mi tío Tino me dio permiso para manejar un auto de carrera. Resultó mi primera vez al volante de una coupé que llegaba a los 180 km/h. A los 20 años me recibí de piloto civil, luego hice un curso de aviador militar y a fines de los ‘60 aproveché un viaje a Estados Unidos  para realizar otro curso como piloto de Fórmula Uno. En la época en que se oficializaron las picadas, empecé a correr en el viejo autódromo del Parque General San Martín, cuando se hablaba de mi rivalidad con el maipucino Dante Chiche Zaina, que tenía fama de invencible. Mi debut oficial se produjo en un circuito del Aeroclub de General Alvear, siempre al comando de un auto Unión que era la marca oficial que mi familia concesionaba en la provincia. Después empecé a participar en el Zonal Cuyano en los tiempos de Cascote Juárez, Nelson Dino Poggio, Luis Angel Blás, Carlos Manzano, Danilo Mora, Miguel Foreste y muchos más. Como buen escorpiano, no tenía términos medios, era a todo o nada, ponía todo para ganar”.

Grave accidente

Por su dominio del auto, excelente manejo y su condición de piloto de punta, a fines de 1970 fue convocado para integrar junto a otro mendocino de lujo, Emilio Bertolini, el equipo oficial del maestro Eduardo Copello en el cierre oficial de la temporada de Fórmula 2 de ese año en el Autódromo de Buenos Aires, mientras se preparaba para el salto más importante de toda su carrera. El 3 de diciembre de 1970 se produjo el grave accidente que acabó para siempre con sus sueños de nuevos desafíos y más triunfos. Gravísimo percance en que se le debió amputar una pierna luego de pasar tres meses en terapia intensiva.

Luis evoca: “Una mañana bien temprano antes de las siete salí a probar la máquina que iba a correr, preparada con un chasis Bravi y un motor Peugeot, lo que hacía habitualmente en el viejo circuito del Parque. En la recta Sur, bajando a 230 km/h., se rompió la rótula del tren trasero y reventó el neumático del costado derecho, por lo que perdí el control del auto. Le pasé cerca a ocho árboles pero embestí a otros dos con el resultado imaginable, a esa velocidad. Perdí el conocimiento, sufrí traumatismo de cráneo, tuve serias lesiones en el tórax y luxación de cadera. Entre la vida y la muerte pasé tres meses internado en terapia intensiva en el Hospital Emilio Civit y perdí la pierna izquierda. Nunca olvido que el Chueco Fangio me envió una foto autografiada con una emotiva dedicatoria y que recibí la visita de Carlos Loeffel, que entonces competía con una pierna ortopédica. Un año después de aquel accidente volví a correr y salí segundo con Danilo Mora en las 6 horas de Los Barrancos cuando habían aparecido los Fiat 128. Luego en 1972 procuré hacerlo nuevamente en las 24 horas de la Asociación de Pilotos Automóviles Turismo en Buenos Aires, pero la organización no me lo permitió por mi condición de discapacitado y nunca más lo intenté, aunque no renuncié a mis ideales deportivos”.

Trajo el speedway

Con posterioridad a su regreso de un viaje a los Estados Unidos realizado en 1975, Luisito trajo la novedad del speedway a Mendoza, que se convirtió en un verdadero suceso y que llevó adelante con la colaboración de su hermano Víctor Hugo. Desde mediados de los 70 y comienzos de los 80 resultó el precursor de esa actividad en la provincia, que convocó a multitudes los viernes a la noche en los estadios de Gimnasia y Esgrima primero, de Godoy Cruz después y de Independiente Rivadavia finalmente.

Incluso los hermanos llevaron el espectáculo a Mar del Plata y acondicionaron una pista, llegaron a alquilar 25 casas para el alojamiento de los participantes, pusieron un restaurante y hasta habilitaron dos talleres mecánicos. Luisito recuerda: “Con Hugo nos ganamos el respeto y la credibilidad de la gente porque siempre trabajamos con seriedad y respeto. Ofrecíamos un  espectáculo único, cumplíamos lo que prometíamos, con los mejores pilotos y las mejores  máquinas, tanto en calidad como en cantidad. Buenas instalaciones, comodidad, los mejores servicios. Por eso la gente esperaba con ansiedad acudir a la cita del imperdible speedway y por eso se nos recuerda de la mejor manera”.

Dos motorcitos

En la charla con Correveidile Luisito reconoció, como siempre lo ha hecho, que sus hijas Ivanna (23), estudiante de ingeniería agraria, y Valentina (20), de ingeniería de medio ambiente, “han sido  los motorcitos que me han acompañado y transmitido fuerza en los momentos más difíciles de mi vida. Siempre han estado a mi lado y me siento muy orgulloso de ellas”. Sin olvidar además que su propia fortaleza  espiritual, inmenso temple y optimismo lo ayudaron siempre a superar los momentos más duros y difíciles.

Quien desee comunicarse con Luis Castellani, que perdió en un incendio reciente hasta los recuerdos de su impronta en el automovilismo, puede hacerlo al 261 5448164.

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