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Hablemos de Esclerosis Múltiple

El último miércoles de cada mes está dedicado a recordar esta enfermedad. Sin embargo, los pacientes enfrentan cada día los desafíos de convivir con los síntomas. ¿Qué hay de nuevo? Te lo contamos.

Por Lic. Cecilia C. Ortiz. Neuropsicóloga. Mgster. en Neurociencias

Hace aproximadamente un año, me encontraba dando una charla a un grupo de pacientes sobre alteraciones cognitivas en la esclerosis múltiple. Durante el recreo, se me acercó Juan con su mamá. De unos 25 años, alto, a duras penas podía caminar, veía muy poco, pero escuchaba bien. Me contó que cursaba el último año de su carrera universitaria (que había comenzado ya declarada su enfermedad) y que, más allá de los síntomas físicos, le costaba mucho retener información. Nada de eso lo había frenado. Su limitación no era una limitación para él, sino un obstáculo más a superar.

La historia nos remonta al año 1868. El famoso profesor Jean-Martin Charcot, padre de la neurología, tenía una asistente. Súbitamente la mujer comenzó a padecer temblores, dificultad para hablar y movimientos anormales en los ojos. Le realizaron múltiples estudios y revisaciones, sin poder arribar a un diagnóstico antes de su muerte. Por suerte ella donó su cerebro y al estudiarlo, su jefe descubrió una serie de “puntos” (que hoy se reconocen como placas) dispersos, característicos de la llamada “esclerosis en placas” o esclerosis múltiple (EM), como se la denomina actualmente. Aún con el correr de los años, continúan las investigaciones acerca de este mal.

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune que ataca al sistema nervioso. Nuestro sistema inmunitario nos protege de enfermedades. En las afecciones autoinmunes, por un error, el cuerpo ataca las células sanas.

Las neuronas están protegidas por una delgada membrana de color claro, llamada mielina. En la esclerosis múltiple, el sistema autoinmune ataca a la mielina destruyéndola, porque no la reconoce como parte del organismo. Como consecuencia, los impulsos nerviosos disminuyen o se detienen. La edad de comienzo es entre los 20 y 40 años de edad y se diagnostica con mayor frecuencia en mujeres.

Los síntomas pueden darse a nivel muscular, sensitivo o cognitivo.

A nivel muscular a modo de:

Pérdida del equilibrio. Espasmos musculares. Entumecimiento o sensación anormal en cualquier zona. Problemas para mover los brazos y las piernas. Dificultad para caminar. Problemas con la coordinación y para hacer movimientos pequeños. Temblor o debilidad en uno o ambos brazos o piernas.

A nivel sensitivo, como:

Visión doble. Molestia en los ojos. Movimientos oculares incontrolables. Pérdida de visión (usualmente afecta un ojo a la vez). Dolor facial. Espasmos musculares dolorosos. Sensación de picazón, hormigueo o ardor en brazos y piernas.

Los síntomas cognitivos también están presentes. Y últimas investigaciones indican que  habría una forma de inicio que afectaría, en primera instancia, al rendimiento de las funciones cognitivas superiores:

Atención. Memoria reciente. Velocidad de procesamiento. Viso-construcción. Habilidades ejecutivas (organización, planificación, toma de decisiones).

Las complicaciones de la enfermedad pueden provocar rigidez muscular o espasmos, parálisis, problemas en el tracto digestivo o urinario, alteración en el estado de ánimo (depresión). La mayoría de los pacientes con EM evoluciona según remisión-recaída, es decir, se alternan períodos con síntomas (que pueden durar días o semanas) con períodos asintomáticos (que pueden durar meses e incluso, años). Un importante número de estos pacientes desarrolla un avance progresivo de los síntomas.

Existe, además, un porcentaje de personas en las que la enfermedad evoluciona gradualmente, sin períodos de remisión. Es la llamada forma progresiva primaria. El tratamiento es complejo y requiere de un equipo entrenado, conformado por especialistas en neurología, rehabilitación y salud mental.

La provincia de Mendoza cuenta con un Programa Provincial de Esclerosis Múltiple, que se maneja en el Hospital Central, donde se ofrece a los pacientes atención médica, accesibilidad a los estudios complementarios y tratamientos necesarios.

Los factores considerados de riesgo, ya que pueden aumentar la posibilidad de tener EM, son: edad, antecedentes familiares de EM, infecciones, raza (la raza blanca es más proclive a padecerla), tabaquismo. Pero además, existe un factor agregado, que es la segregación social. Muchos de estos pacientes quedan sin trabajo, sin grupos de pertenencia. Porque, desde luego, el desconocimiento gobierna, y dictamina que las personas afectadas por EM serán una piedra en el zapato. La mayoría de las veces, esto es lo que más duele y lo que más incapacita.

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