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El Museo: Un oasis de las artes

Abril fue el mes del natalicio de Fader

Árboles centenarios, jardines, esculturas y pinturas reciben a los visitantes para adentrarlos en una enorme colección de historias, misticismo y patrimonio.

El Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú – Casa de Fader, concebido para una función activa como cátedra de arte, cuenta con colecciones originales de importantes artistas provinciales, nacionales y con reproducciones de cuadros y esculturas del arte universal. Lleva el nombre del extraordinario artista plástico Fernando Fader, quien pintó los maravillosos murales del hall y la piscina interna.

La casona donde funciona fue donada por Doña Narcisa Araujo de Guiñazú, en 1945, y transformada en un museo-parque, con un trazado geométrico de cipreses que forman salas al aire libre para la exposición de esculturas.

Abrió finalmente sus puertas al público en 1951. Como señal del reconocimiento oficial por su valor, en 1998 se declararon bienes del patrimonio de la Provincia de Mendoza, el edificio del museo, su parque y la obra de Fernando Fader.

De Burdeos a Mendoza y su encuentro con la luz

Fernando Fader nació en Burdeos, Francia, el 11 de abril de 1882. Fue uno de los mayores referentes de las artes visuales de la provincia. Perteneció a una generación de artistas que vivieron los profundos cambios sociales, políticos y artísticos que se produjeron en el país, durante los primeros años del siglo XX.

Su formación fue europea y, al igual que aquellos con quienes integraba el grupo Nexus, trajo el conocimiento de la agitación que se había producido en el viejo continente, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con el impresionismo y los posteriores “ismos”.

Sin embargo, en el caso de Fader, sus creaciones se adaptaron a la cotidiana realidad. Las diferencias entre los integrantes del grupo, principalmente con Malharro, artista de avanzada, pusieron de manifiesto las divisiones que existían en el campo pictórico.

Fader abordó una temática variada: el paisaje, los animales (producto de su aprendizaje con el pintor alemán von Zügel) así como los retratos, autorretratos y temas circunstanciales y decorativos. En cuanto a su paleta, Romualdo Brughetti señala que “…aprendió a ver la luz a través de contrastes de claroscuros coloridos y con una materia densa, cuando no opaca o pesada”.

Su encuentro con esa “luz” tan buscada para sus cuadros la consiguió en su retiro, en las serranías cordobesas, en donde el paisaje límpido y transparente le ganó la batalla a los ocres y grises de sus años juveniles.

Más sobre el artista y sus pasiones: la plástica y la ingeniería

Si bien Fernando Fader estudió en Francia y en Alemania fue reconocido por su trabajo en nuestro país. Su capacitación en pintura con Heinrich von Zügel, un amante de la pintura al aire libre, lo acercó a la concepción naturalista del paisaje, derivada de la escuela de Barbizón, lo que se ve plasmado en gran parte de la obra de Fader.

En 1900 ganó una medalla de oro por su pintura “Detrás del arco iris”. En 1905, abrió su propia academia de pintura en la ciudad de Mendoza, junto a la fábrica de gas de su familia. Ese mismo año tuvo lugar su primera exposición individual en Buenos Aires, en el Salón Costa. En este mismo salón volvió a exponer un año más tarde, el año en que contrajo matrimonio con Adela Guiñazú.

Participó del grupo Nexus, de temática localista y técnica que oscilaba entre el impresionismo y el academicismo, con Collivadino, Ripamonte, Bernaldo de Quirós y Emilio Caraffa. Nexus presentó tres exposiciones que abrieron el camino al Salón de Primavera de 1911.

Impulsado por su otra pasión, la ingeniería, invirtió toda su fortuna en una empresa hidráulica que lo llevó a la quiebra. Este duro momento económico coincidió con los primeros síntomas de tuberculosis, que lo llevaron a buscar el clima suave de las sierras de Córdoba.

En 1918 se instaló en la finca de Loza Corral, Córdoba, que sería su residencia definitiva. En 1924, la Sociedad Amigos del Arte organizó su primera exposición retrospectiva, en la que se mostraron cuarenta y tres de sus obras. Continuó pintando incansablemente, se presentó en numerosos salones y llevó a cabo exposiciones a pesar de su mala salud, que empeoró notablemente a partir de 1927.

En 1930 realizó la que fue su última exposición en vida. Su precario estado de salud le impidió trasladarse desde Loza Corral y la muestra se inauguró sin su presencia. En 1932, se inauguró, en las salas de la Comisión Nacional de Bellas Artes del Palais de Glace, una gran exposición retrospectiva que reunió ciento ochenta obras de Fader.

Fuente: Cultura de Mendoza

El Museo Fader se encuentra abierto al público, de miércoles a domingo, de 10 a 19. En San Martín 3651, Mayor Drummond, Luján de Cuyo. Más info: museofadermendoza@gmail.com


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