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Un síndrome neurológico y psicológico: La abulia, o las ganas de no tener ganas

Sensación de vacío, falta de voluntad. ¿Qué pasa cuando nuestro motor interno se para? “¿Para qué levantarme?”, “Después lo hago, si da lo mismo”, suelen decir las personas que padecen este síntoma. Nada agradable, sin dudas. Ni para ellos ni para su entorno.

Por Lic. Cecilia C. Ortiz*

La palabra abulia deriva del griego “a” (sin) y “boul”, que significa deseo, y es un síndrome neurológico y psicológico específico que implica pérdida de la voluntad para tomar decisiones, focalizarse en objetivos y tener la motivación para lograrlos. Para el abúlico, el slogan sería “todo da lo mismo” y el “¿para qué me voy a molestar en hacerlo?”, el mensaje publicitario. José Ingenieros dice que los abúlicos juzgan la vida sin vivirla.

Las personas que sufren este síntoma se muestran con bajos niveles de energía, desinteresadas por todo y todos. Ningún estímulo o actividad las motivan. Les cuesta iniciar y terminar cualquier tarea, que siempre aparece como titánica. Me acuerdo de una paciente que decía: “Es como si tuviera que escalar el Everest con cada cosa que tengo que hacer”. Obvio, ante semejante desafío, es casi imposible emprender una acción.

Cualquier motivo es siempre la mejor excusa para no terminar (o empezar) algo. Esto se puede observar a nivel doméstico, laboral y/o hasta en las relaciones interpersonales.  Uno puede invitarlo a donde sea, nunca le parecerá una buena idea. No le interesa estar con gente, no le interesa relacionarse. En casos extremos, al abúlico hasta le cuesta hacerse de comer.

La abulia se manifiesta con pérdida de espontaneidad al hablar, dificultad para iniciar una conversación, distractibilidad fácil. El lenguaje es monótono, incompleto y sin afecto, aunque su contenido es normal. Desde el punto de vista cognitivo, puede notarse un enlentecimiento general, con marcada dificultad para tomar decisiones (sobre todo rápidas), alteración de memoria inmediata y reducción de los movimientos espontáneos.

A nivel emocional, pueden pasar dos cosas. O bien el paciente siente una angustia profunda, acompañada de tristeza y culpa, o bien hay embotamiento emocional, es decir, la persona no puede reaccionar afectivamente a hechos significativos.

La abulia es un síntoma que acompaña enfermedades psiquiátricas y neurológicas. En la Enfermedad de Alzheimer, es un síntoma característico que suele llamar la atención de los familiares. En la depresión se presenta con frecuencia. Los pacientes están desesperanzados, desmotivados, con sensación de futuro desesperanzador. En la esquizofrenia la abulia lleva al paciente a modificar su forma habitual de actuar; también puede permanecer como síntoma luego de un brote.

Además, encontramos síntomas de abulia en muchos de nuestros adolescentes, acompañando trastornos alimentarios (obesidad, anorexia, bulimia), consumo de sustancias (drogas, alcohol) y hasta como consecuencia del bullying. En los adultos, puede aparecer como secuela del acoso laboral (“burn out”) y del estrés crónico.

Capítulo aparte merecen las posturas que aclaman que nuestros jóvenes y adultos jóvenes enarbolan la bandera de la abulia como característica generacional.

¿Cuáles son sus causas?

Pueden ser muy variadas. Desde las neurociencias sabemos que hay alteración en las áreas frontales del cerebro, en los ganglios de la base del mismo y en las zonas relacionadas con la motivación y la iniciación de los movimientos. Estas lesiones pueden estar causadas por muerte neuronal (deterioro demencial), ACV, TEC, infecciones. No es raro encontrar abulia en personas anémicas o con trastornos metabólicos.

El tratamiento depende de la enfermedad de base. Siempre será farmacológico, acompañado por terapia psicológica. Resulta muy útil, también, la terapia de apoyo familiar, para impartir estrategias de afrontamiento.

¿Cuáles son los síntomas a los que debemos prestar atención?

1)      Disminución de la actividad motora y verbal espontánea.

2)      Intervalos prolongados para responder a preguntas u órdenes.

3)      Incapacidad para llevar a cabo tareas.

Es poco común que el paciente acuda por propia voluntad. Por lo general, es traído por la familia, ya que resulta llamativo el cambio conductual.

Hay que prestar especial atención cuando una persona mayor se muestra abúlica, ya que podría ser síntoma precoz de algún proceso demencial.

Los marineros dicen que a norte oscuro, temporal seguro. Si hay algo que afecta al ser humano es perder el rumbo, soltarle la mano a aquella razón que nos mueve y nos guía, porque se desvanece el motivo para levantarnos cada día. Pero, como sabemos, los temporales pasan, las ganas de no tener ganas pueden transformarse en más ganas de ganas y el Everest, bueno, todavía será un objetivo difícil, pero, quizás, ya no imposible.

*Neuropsicóloga y Mgster. en Neurociencias. Contacto: licceciortiz@gmail.com

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