Archivo | mayo 22nd, 2020

Deportes: Decidir por el bien de un club -->

Deportes: Decidir por el bien de un club

El 30 de abril se celebra el Día del Dirigente Deportivo, fecha que trajo el recuerdo de varios directivos que dejaron su sello en las instituciones donde les tocó desarrollar su valiosa tarea.

Por José Félix Suárez  -  Especial para Correveidile

Dirigentes que trabajaron con dedicación, transparencia y vocación de servicio, el siguiente es un somero repaso que comienza con el Automóvil Club Mendoza, con sede en Chacras de Coria, donde Antonio Díaz Costantini -durante años su presidente- fue el impulsor del desaparecido  autódromo del Parque General San Martín, escenario del Gran Premio Vendimia en la época de oro del automovilismo mendocino. José Scordo Lara y Carlos Manzano, actual titular, le sucedieron con igual responsabilidad y la idea de recuperar un circuito de jerarquía para la actividad tuerca en la provincia.

En Luján Sport Club, el nombre de Angel Juan es sinónimo de fútbol, cuando el Granate resultó un permanente animador de los torneos de la Liga Mendocina. También los de grandes presidentes como Feliciano Gambarte y el Dr. Julio Alberto Vega en el Club Godoy Cruz Antonio Tomba, este último responsable de la clasificación del Expreso al fútbol de la AFA y forjador del camino que en la actualidad continúa José Manzur.

En Andes Talleres Sport Club ocupan un lugar especial Spartaco Castellani, quien fuera arquero del primer equipo, y Héctor Amílcar Robles, que alcanzó en 1971 un logro sin precedentes en el deporte mendocino como campeón de primera división en fútbol, básquetbol y hockey sobre patines. El entonces presidente Robles cumplió al año siguiente su palabra de construir el estadio cubierto que lleva el nombre del ex jugador Salvador Bonanno.

Don Bautista Gargantini fue el fundador del Club Sportivo Independiente Rivadavia, donde  también dejaron su impronta en distintas épocas y períodos los presidentes Salvador Iúdica,  Armando Lazzi, Jorge Edgardo Nanclares, Luis Jorge Dávila y Enrique Nanclares, además de Walter Bragagnini, conocido como “el padre de la Ciudad Deportiva” porque donó los terrenos sobre los que fue construido el club.

En Gimnasia y Esgrima se recuerda al ingeniero Salem Eduardo Nazar y al “Maestro” Víctor  Antonio Legrotaglie. Por el Lobo también pasaron directivos como Héctor Tito Guzzo, sus hijos Hugo y Jorge, los empresarios Samuel Kolton y Luis Menotti Pescarmona, Carlos Cailly y en estos tiempos, Fernando Poretta.

En otras disciplinas, Emilio Palero Infante en tenis de mesa y titular de Gutiérrez Sport Club en sus comienzos; Emilio Menéndez primer presidente del Atlético San Martín o Esteban Costantini; Joaquín Malnis, Rufino Menéndez y Jorge Saguán en Deportivo Guaymallén; el Dr. Carlos Aguilar en Leonardo Murialdo; Felipe Bellene y Jorge Armando Lito Silva en Deportivo Maipú; Pedro Pettignano en Murialdo y Francisco Coccioni durante más de 20 años como titular de la Liga Mendocina de Fútbol.

También es justo reconocer a Federico “Fico” Villafañe, presidente de la agrupación de rugby  “Tortugas de Cuyo” (1983-1999); Líbero Marmili, organizador de los épicos Cruces de Los Andes que consagraron a Ernesto Antonio Contreras  y Francisco Chila. En básquetbol, Marcos Seltzer, Aníbal Mario Cerioni y Mario Rodolfo Díaz, quien puso de pie al club San José cuando estaba a punto de desaparecer.

Un párrafo especial para el Dr. José Eduardo Nazar que completó más de tres décadas en la presidencia del club Mendoza de Regatas, acompañado como asesor por su hermano Elías. En boxeo la mención alcanza a Ramón A. Juárez, el Dr. Bernal y Francisco Damián Morillas, árbitro de fútbol y box. Para destacar, el esforzado trabajo de Mario Antonio Garelli en la dirección del club  Carlos J. Garelli, en homenaje a la memoria de su fallecido hermano, y Humberto Mario Pagano, al frente de la Confederación Mendocina de Deportes.

La escuela

Andrés José Salinas, ex jugador e histórico dirigente de las bochas mendocinas, recibió el año pasado un homenaje el 30 de abril en la Legislatura de Mendoza y comentó a Correveidile que: “Ya casi no hay dirigentes deportivos, se ha desvirtuado su tarea y se ha convertido en una raza en extinción. Para un buen dirigente la mayor satisfacción debe ser alcanzar el éxito general y permanecer en el recuerdo como una buena persona. Para lograrlo es fundamental el desinterés económico, la transparencia, la honestidad y el valor espiritual que puedan mostrar a la hora de tomar decisiones. En mi modesta opinión, lo ideal sería la creación de una escuela de dirigentes deportivos que forme y eduque, para que se puedan formar nuevos directivos en la disciplina que sea”.

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Enfermos de Cine: 30 años de un virus emocionante -->

Enfermos de Cine: 30 años de un virus emocionante

El rector de la prestigiosa institución de Mendoza que nuclea a docentes y alumnos, es el autor de esta nota y junto a Claudia Nazar dan el Taller de Cine que tiene lugar en la Biblioteca Popular Chacras de Coria.

Por Patricio Pina

Permítanme hablarles de otra enfermedad. De un virus (feliz y emocionante; no como ese otro que hoy ocupa y preocupa con razón a toda la humanidad) que se incubó y se reprodujo en silencio y con pasión indomable y que superó contratiempos para llegar a cumplir, hoy, 30 años.

Quizá no estoy siendo justo. Las esporas cinéfilas ya se habían esparcido en el Carril Cervantes, en la década del 40. Aquella vieja productora, Film Andes, está en el principio de todo y actualmente, si hablamos de los inicios del cine en Mendoza, debemos dirigir nuestra mirada a esos grandes galpones bajo cuyos techos de chapa se hicieron realidad tantos sueños. Allí está, entonces, nuestro paciente cero.

Aquí y allá, entre debates y películas miradas con desconfianza por las salas comerciales, los cineclubes mantuvieron activo el germen, creando audiencias ávidas por profundizar la experiencia audiovisual y traspasar el rol del mero espectador.

Ese deseo, un poco a lo Alicia, de “atravesar el espejo” y habitar con curiosidad voraz el detrás de escena, de descubrir el mundo de la creación cinematográfica, se alojó en muchas mujeres y hombres de nuestra provincia, quienes se transformaron en portadores asintomáticos del maravilloso delirio de querer “hacer cine”, sin tener un lugar donde aprender a darle cauce a sus ambiciones.

Fue entonces cuando, en abril del 90, la feliz conjunción del Estado (la Municipalidad de Godoy Cruz) con el empuje de un grupo de tenaces soñadores forjó el nacimiento oficial del virus IES 9-017 (Instituto de Educación Superior 9-017), algo así como el nombre legal -académico- científico de lo que hoy conocemos como “La Escuela de Cine”.

La CARENCIA DE UN EDIFICIO PROPIO le ha dado a la institución cierto atributo de “amigo invisible”. Esforzada y forzosamente trashumante, se ha desplazado por Godoy Cruz y Capital durante toda su historia, haciéndola a veces difícil de ubicar e incluso conocer (“¿Hay una escuela de cine en Mendoza?”, se suele escuchar a veces ante su mención). Este nomadismo ha galvanizado el espíritu de quienes la han transitado, conformando en sus orígenes casi una sociedad secreta y hoy ya una comunidad virtual que valora el contagio humano de esta pasión, generando un poder capaz de superar históricas dificultades.

Treinta años después de su nacimiento, el virus de la Escuela de Cine está firmemente instalado. Su labor señera en tierras vírgenes ha abierto caminos que hoy otras instituciones, conformadas en gran medida por docentes y egresados de la Escuela, desean transitar. No hay canal de televisión o productora mendocina donde no estén ex alumnas o alumnos de la Escuela. Es muy posible que hoy, sin saberlo y mientras esperás en tu casa a que pase el temporal de la pandemia, estés viendo alguna serie, corto o película hecha por ex estudiantes de la Escuela.

En varios continentes sus egresados crean y desarrollan nuevos mundos audiovisuales. Incluso hay mucha gente que pasó brevemente por la Escuela y hoy aplica en su trabajo cotidiano el saber aprendido en ella. Hay más casos de infectados por el conocimiento de la Escuela que los oficialmente registrados…

Hoy el cumpleaños nos llega en obligado resguardo, casi a la manera de aquellas viejas películas apocalípticas que jamás pensaríamos protagonizar. Pero no estamos quietos. Basta con que nuestros estudiantes enciendan la cámara de sus celulares para que las historias se sigan contando, para que podamos mirar y escuchar las imágenes y sonidos del mundo con una perspectiva propia, para que la vida adquiera una forma poética con sus miradas. En la Escuela les inoculamos este virus para que transforme sus vidas. Para siempre.

Y no hay vacuna contra esto. En la Escuela estamos enfermos de cine.

Por muchos años más.

Patricio Pina – Rector

La Escuela de Cine y Video – Regional Cuyo está actualmente ubicada en Vicente Zapata 470, Ciudad de Mendoza. Más info: 4239995; escueladecine9017@gmail.com

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