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Biblioteca de Chacras: 20 años no es nada para “la casa de todos”

Nuestra casa de los libros festejó el camino recorrido, iniciado a fines del siglo pasado, y el pueblo estuvo de fiesta. Emociones varias, palabras alusivas y choque de copas para saludar lo logrado y lo por venir.


Había que juntar 400 libros para constituirse como Biblioteca Popular, y sólo tenían unos cuantos y apenas dos bancos para sentarse. “Éramos tan pocas” recuerda Irene Giovarruscio, docente jubilada e integrante de la primera Comisión Directiva, la que parió este sueño devenido en lo que hoy conocemos como “la Biblio de Chacras”.

Hoy, esa aventura que pergeñaron veinte años atrás un grupete de maestras –y al que bien acompañaron algunos varones- da cobijo a 400 socios, más de 30 mil libros y a muchos asistentes a sus varios talleres de capacitación, sin contar las innumerables presentaciones artísticas allí realizadas, la sala de lectura en el penal de Almafuerte y la labor realizada llevando la lectura a escuelas, asilos de ancianos y hospitales.

De cómo se inició esta construcción colectiva

Fue el 19 de octubre de 1996 el día en que se encendió la llama. En un almuerzo en la casa de la recordada y muy querida vecina Chicha Caballero, las cuatro amigas docentes recién jubiladas de la Escuela Teresa O’ Connor se juntaron para festejar el Día del Maestro. Allí Chela Cocucci les propuso crear una biblioteca, fundamentalmente para restituir la que había funcionado en la Escuela O’Connor, creada con valiosos libros donados por la misma fundadora de la escuela, guardados en bellas bibliotecas de roble de la época y que misteriosamente había desaparecido. El objetivo del proyecto de Chela era ofrecer un lugar donde leer e informarse, especialmente los niños con menos posibilidades –eran otras épocas, sin siquiera sospechas de internet-. Inmediatamente, Marta Gómez, Irene Giovarruscio y la anfitriona Chicha, levantaron la mano aceptando el desafío.

Las damas de la Biblioteca, un grupo de mujeres comprometidas con la cultura del pueblo chacrense.

El primer problema a sortear fue el de conseguir un espacio donde funcionar. Las encargadas de resolverlo fueron Marta e Irene, quienes raudas partieron a hablar con el vecino Norberto Basaez, ex alumno de la Sta. Irene e integrante del directorio del Supermercado Metro, de la empresa López Hermanos, a la sazón dueña de la casa Cerutti. La proposición que llevaban era que se les cediera en comodato una parte de dicha propiedad de calle Viamonte, que se encontraba cerrada y casi en estado de abandono. La misión terminó con todo éxito. Incluso los estantes para los libros salieron de las góndolas de una de las sucursales del antiguo Metro.

Fue así que luego de acicalar y preparar el lugar, se dio comienzo a la tarea de armar la futura biblioteca. Los vecinos colaboraron de inmediato, asociándose, aportando muebles, libros y demás elementos necesarios. El 3 de diciembre de ese año se logró la personería jurídica.

Nélida Paredes fue la primera bibliotecaria, quien se encargó de catalogar y clasificar el material bibliográfico recibido, trabajando ad honorem durante un año. La vecina Ilse de Delhez, donó una extensión de la biblioteca familiar. Se comenzó a trabajar con las únicas escuelas del lugar, la Teresa O’Connor y la Francisco Correas. El vecino Roberto Dalla Torre y su hijo fueron los encargados de reparar las puertas, cerraduras y vidrios faltantes.

Todos colaboraban porque “Chacras de Coria está convencida de que la obra va beneficiar a todos”, decía Aixita Delhez, otra integrante de la primera Comisión Directiva.

La inauguración oficial fue el 21 de noviembre de 1997. Fue así que estas damas valiosas y activas, ya jubiladas y en los días en que muchas personas se llaman al descanso y retraimiento, lograron cumplir su sueño.

Para el acto oficial los artistas residentes en el pueblo -Orlando Pardo, toda la familia Delhez, José Enrique Marianetti, Marita Lavoissier, Diana Bacarelli, Rubén Sosa, Leo Feldman- organizaron una muestra con sus obras y el querido padre Juan Carlos Vignoli, el párroco del pueblo de aquellos años, bendijo las instalaciones. Mariana Delhez diseñó el logo que hoy distingue a la Biblioteca de Chacras y más tarde la vecina Patricia de Cairo presentó el primer plan de trabajo para profesionalizar el funcionamiento de la institución.

El grupo de alumnas del taller de bordado mejicano.

Has recorrido un largo camino muchacha

Durante dos años la Biblioteca funcionó en ese par de habitaciones de la casa Cerutti, erigiéndose en alma cultural del pueblo debido a todas las actividades que allí se desarrollaban: muestras artísticas, especialmente del maestro Víctor Delhez, el gran grabadista belga que eligió a Chacras como su lugar en el mundo; clases de apoyo escolar y talleres literarios. También el Coro de Chacras dirigido por aquel entonces por Alejandro Scarpetta pasó varias veces por aquellas habitaciones devenidas en refugio de cultura.

Todo marchó bien hasta que la empresa propietaria del lugar anunció a las damas que debían desalojarlo porque en aquella casa maravillosa, hito arquitectónico de nuestro pueblo, iba a construirse un supermercado.

Resistencia comunitaria

Pero los vecinos se opusieron fuertemente a que en aquella casa histórica se construyera un supermercado y la comunidad toda se organizó para resistir la iniciativa. Se armaron reuniones y se presentó una nota a las autoridades competentes solicitando la declaración de patrimonio histórico y cultural de la casa Cerutti, en la que sostenían que “no estamos dispuestos a permutar consumo por historia, negocio por identidad, ni desequilibrio ambiental por memoria”, y agregaban “así como respetamos la iniciativa privada genuina, también estamos convencidos de que es nuestro derecho, como comunidad, preservar, proteger y defender el ambiente humano, social y natural de Chacras”.

La idea convocante era impedir “que se destruyera uno de los cascos históricos más lindos de la provincia”, al decir de la vecina Ana María Mosso, por entonces diputada nacional. “¿Sólo vale el dinero y el consumo  desesperado, sin respetar raíces ni serenidad?”, reclamaban los vecinos.

Finalmente el supermercado no se instaló allí, y la casa fue declarada Patrimonio histórico y cultural. Un logro del esfuerzo comunitario. Pero la gente de la biblioteca había quedado a la deriva y sin espacio para recibir a sus lectores y ofrecer su servicio a la comunidad.

En medio de la incertidumbre sobre el destino de la biblioteca que con tanto entusiasmo había comenzado, la vecina Fiona Flemming, quien hoy reside en su Escocia natal, les prestó una habitación de la casa donde funcionaba su gimnasio. Mientras tanto y ante la falta de espacio, parte del mobiliario y de los ya casi 9.000 libros acumulados, esperaban su nuevo hogar repartidos algunos en la Comisaría y otros en los galpones del ferrocarril.

Luego de muchas peripecias, incluido un enfrentamiento con el municipio, que tuvieron a maltraer los ánimos de quienes luchaban por la sede propia, en septiembre de 1999 se logra adquirir el nuevo inmueble. Esto fue gracias a las gestiones del por entonces senador y vecino de Chacras, Carlos de la Rosa, quien logró que se otorgara un Aporte del Tesoro Nacional para comprar un inmueble y poner a la Biblioteca a funcionar dignamente.

Finalmente el 27 de octubre del 2000, se inaugura con mucha alegría la nueva sede, refaccionada para tal fin por los arquitectos Javier Argumedo y Luciano Badino. Con pocos recursos pero mucha creatividad, estos jóvenes profesionales le dieron el gusto a las damas de la Biblio: un ambiente cálido y alegre, que conserve “el espíritu chacrense”, pero que responda al criterio de biblioteca abierta y moderna.

La tarea de clasificar y acomodar los libros fue de las bibliotecarias de entonces, Patricia Raffín y Cecilia Recabarren. También se recuerda con mucho cariño a un socio muy apreciado, don Augusto Bigetti, un permanente e incansable colaborador de la institución.

Se soplan las velitas en el taller de apoyo escolar.

Refugio de la Cultura

Ante el avance de las nuevas tecnologías y de la inmediatez del lenguaje audiovisual -para los que también hoy tienen su espacio-,  las bibliotecas representan el cobijo de la palabra escrita y el lugar donde encontrar la pausa necesaria para el goce de la lectura o del encuentro entre vecinos.

En ellas descansa nuestro ser cultural, pues reúnen la historia de quienes somos y de aquello que creamos. Como tal, nos empodera frente al proceso homogeneizador de la globalización en que nos encontramos inmersos.

Participación comunitaria, solidaridad y sentido de pertenencia son los valores que emanan de la actividad de una biblioteca. Por eso hoy saludamos con mucha alegría los 20 años de funcionamiento de nuestra Biblioteca Popular Chacras de Coria.

La profe Raquel Freixas con sus alumnas del taller de costura, Vicky y Patricia; y abajo, con la banda de las de tejido.

No podían faltar en el festejo, las chicas de tejido.

1 Comentar este artculo

  1. Cecilia Dijo:

    Muchas gracias por la mención y el recuerdo.

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