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Despedida de Luciana Aymar en Mendoza

La mejor jugadora del mundo jugó su último partido en nuestra provincia, ante un estadio mundialista.

Por José Félix Suárez  -  Especial para CORREVEIDILE


El pasado domingo 7 de diciembre con un nuevo título, entre la ovación del público, el apretado y emotivo abrazo de todas sus compañeras y sus propias lágrimas, llegó la despedida de Luciana Aymar del hóckey sobre césped femenino, en el que disputó 376 encuentros internacionales con 161 goles.

La capitana de Las Leonas -para el último  partido la mendocina Macarena Rodríguez le devolvió la cinta de capitana-, la más grande de todos los tiempos, la mejor jugadora del mundo durante ocho temporadas (2001, 2004, 2005, 2007, 2008, 2009, 2010 y 2013), la abanderada argentina de los Juegos Olímpicos 2012, se despidió en Mendoza con todos los honores. Se fue la magia, nació la leyenda de la jugadora que ganó dos títulos mundiales (Perth  2002 y  Rosario 2010),  cuatro medallas olímpicas (plata en Sydney 2000 y Londres 2012 y bronce en  Atenas 2004 y Beijing  2008) y seis Champions Tropy, que es la Copa de los Campeones  (Amstelveen 2001, Moenchenglabach 2007, Sydney 2009, Nottingham 2010, Rosario 2012 y Mendoza 2014).

El triste y duro adiós  se produjo en la jornada de clausura del Champíons Tropy Mendoza 2014 donde la Argentina derrotó a Australia 3 a 1 en la definición por penales después de haber igualado 1 a 1 el tiempo reglamentario de cuatro cuartos.

A los 37 años, con un gran esfuerzo físico y el desafío y el liderazgo de convertir el primer penal, Lucha brindó un nuevo ejemplo del fuego sagrado que la acompañó desde aquel lejano  Campeonato Panamericano Junior de Chile en 1997 que marcó su debut internacional cuando la Argentina logró la medalla de oro.

El  instante del definitivo adiós, el que anunció durante mucho tiempo, para el que se  preparó mentalmente  en los últimos meses, finalmente había llegado. La diosa, la maga, la reina, se fue por la puerta grande, agradecida y reconocida, quebrada  en su intimidad, orgullosa de su  pasado y de su presente y de esa semilla que sembró entre cientos y cientos de leoncitas que la hicieron su ídola. Con la presencia de algunas de sus antiguas compañeras que viajaron especialmente a Mendoza para acompañarla el día de la despedida. Ahora   la  ansiedad  de iniciar una nueva vida y la esperanza de seguir siendo feliz. Tan feliz como lo fue a lo largo y a lo ancho de 30 años de juego, victorias y títulos como reconoció a Correveidile en el lobby del Hotel Sheraton donde se alojó la delegación argentina en las horas previas a la final con Australia.

“Al hóckey le di todo, absolutamente todo. Durante mucho tiempo, durante años.  Era una nena muy chiquita cuando mis padres Nilda y René me  regalaron  mi primer palo de hóckey en mi Rosario natal. Desde entonces no he parado ni un minuto en una carrera tan extensa como exigente. Ahora quiero tener un poco más de tiempo para mí, aunque más no sea para las pequeñas cosas de todos los días. Como las medialunas con el café con leche, cuando solo probaba una tostada cada mañana, o el asado de los domingos en familia.  Sinceramente no sé qué voy a hacer en los próximos días,  porque ahora mi vida es una hoja en blanco hasta que decida mi futuro. Tengo ideas, proyectos, propuestas que quiero resolver con tranquilidad y con el consejo de mi familia. Seguramente voy a seguir siendo la imagen de varias marcas, por lo menos hasta que se cumplan esos contratos de publicidad. Quizás pueda viajar, solo para pasear, sin el compromiso de las concentraciones, los entrenamientos, los partidos y los horarios. Visitar la India, un país que me llama la atención y porque siempre  es  novedoso conocer otras culturas y costumbres”.

“Claro que me queda un gran vacío, que no se llena con nada. Son sensaciones muy fuertes, únicas, irrepetibles. Cuando  se escucha  el himno de tu país, cuando se marca un gol, cuando se  celebra  una victoria, cuando se levanta una copa, cuando se festeja un título, cuando se llega a jugar un Mundial o a participar en los Juegos Olímpicos. Forman parte de un pasado que me provoca un gran orgullo, como que  hasta han hecho una película con mi historial deportivo -“Lucha, jugando con lo imposible”-  que las directoras presentaron acá en Mendoza. Veo las imágenes y me genera una gran melancolía. Yo misma me sorprendo de los logros que he conseguido con compañeras maravillosas y entrenadores muy comprometidos siempre con el hóckey sobre césped femenino. Cuando tenía 10 años de edad y comencé a jugar en inferiores  ya soñaba con vestir la camiseta de la Selección Argentina, que después hice realidad tantas veces.

Estoy  segura de que  cuando tome conciencia de que me fui, de que no voy a jugar nunca más, todo esto va a ser mucho más doloroso”.

“Ahora también pienso en mi vida privada y sé que voy a poder cumplir deseos que tenía olvidados o postergados. Claro que quiero ser madre y de esa manera encontrar un espacio  para formar mi propia familia. Sé que es algo que tiene que llegar aunque en la actualidad no estoy en pareja. Lo que no he pensado  es vincularme a la industria de la moda como se ha publicado. Quizás pueda ser una alternativa para más adelante como la posibilidad de algún perfume.

Lo mejor es tomar distancia de nuevas obligaciones, tratar de descansar y dedicar más tiempo a mis seres queridos.

Si tuviera que elegir un instante de todos los que me acompañaron en mis 20 años de jugadora elegiría aquel de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012. Llevar la bandera argentina en el desfile inaugural es algo que no se paga con nada, orgullosa de que mis padres estuvieran presentes y se conmovieran hasta las lágrimas cuando me vieron pasar a la cabeza de nuestro país. Me voy con una sensación rara, entre triste y feliz, convencida de que di lo mejor de mis fuerzas por Las Leonas que  tanto quiero”.

“Fue mi mejor regalo”

“El esfuerzo de mis compañeras, cómo jugaron y se brindaron y  el apoyo y el estímulo que me trasmitieron a lo largo de todo el torneo  fue  mi mejor regalo de despedida. Las chicas dejaron todo,  me conmovieron con su entrega y me hicieron sentir segura de mis propias fuerzas.  Les estoy muy agradecida y las voy a recordar para siempre, porque me ayudaron a salir por la puerta grande del hóckey y  con un título de campeona.  Ahora las voy a seguir como la hincha número uno de Las Leonas”, dijo una emocionada Luciana Aymar cuando su nombre empezaba a ser leyenda.

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