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Homenaje a Jorge Newbery en el centenario de su muerte

Por José Félix Suárez  -  Especial para CORREVEIDILE

Tercer hijo del inmigrante Ralph  Newbery y Dolores Malagarie, una distinguida dama de la aristocracia porteña de fines del siglo XIX, Jorge Alejandro Newbery nació un 27 de mayo de 1875 en la entonces tradicional calle Florida del barrio San Nicolás de la Capital Federal. En 1895 con solo 20 años de edad se recibió de ingeniero en Filadelfia (EE.UU) donde realizó sus estudios universitarios. De inmediato regresó a la Argentina y en 1897 ingresó a la Armada Nacional como ingeniero electricista hasta que en 1900 fue designado director general de la Dirección Municipal de Instalaciones Eléctricas y Alumbrado Público de Buenos Aires, cargo que ocupó hasta su muerte el 1ro. de marzo  de 1914 en la provincia de Mendoza mientras realizaba un vuelo de exhibición en la localidad de Los Tamarindos en el departamento de Las Heras.

Bajo su responsabilidad se realizó toda la iluminación para la Gran Fiesta del Centenario de la Patria en 1910. También fue  uno de los encargados de los festejos deportivos que se realizaron para esa misma fecha y que trajeron al país al gran atleta italiano Dorando Pietro figura de la maratón de los Juegos Olímpicos de julio de 1908 en Londres, Inglaterra. Famoso porque en los últimos 400 metros de la dura competencia cayó varias veces y fue ayudado por los jueces que lo ayudaron a levantarse quienes finalmente debieron descalificarlo cuando había ganado la prueba con más de un minuto de ventaja.


“Primer Sportsman”

En esos entonces Newbery ya era un eximio deportista actividad que desarrollaba a la par de sus dos hermanos: fue campeón de natación en 1900 cuando se impuso en una prueba que consistía en nadar 100 metros bajo el agua, de esgrima en 1901 en la especialidad de florete y de remo en 1902. También se destacó en atletismo, rugby, tiro, fútbol y fue cultor del boxeo que había aprendido en los Estados Unidos y que como  utilizaba solo  los puños eliminaba la forma francesa llamada savale que también permitía utilizar  las piernas para golpear al rival.

Además resultó campeón sudamericano de lucha greco-romana en otra faceta que demostraba su temple, fortaleza y energía al derrotar en la final a un contrincante de  110 kilos. Por su condición de inigualable y polifacético deportista se lo conoció como el “Primer Sportsman” en una nómina que en sus comienzos debe incluir a Carlos Delcasse  Alejandro Watson Hutton, Andrés Facundo Cesáreo, Gibbon  Spilsbury, Santiago Fitz Simón, el barón Antonio De Marchiu, Mister Revé, Andrés Del Pino, Eugenio Pini, César Viale, Rafael Cullen, Benjamín Zubiaur, Escipión Ferreto, Aarón de Anchorena, Enrique Romero Brest, Arsenio Thamier y Ricardo Carmelo Aldao entre los más conocidos. En 1908 junto a otros destacados deportistas fue fundador del Boxing Club Buenos Aires y compartió la autoría de un proyecto  de ley para que los deportistas argentinos pudiesen viajar a los Juegos Olímpicos de ese año en Londres.

El Pionero

Sin embargo su nombre quedó grabado para siempre como pionero y precursor de la aviación nacional a la que ofrendó su propia vida en aquel  trágico accidente de hace poco más de 100 años en Mendoza en marzo de 1914. Casado con Sara Escalante fue miembro fundador del primer Aéreo Club Argentino que presidió Aarón de Anchorena y creador de la primera escuadra militar aeronaval argentina. A su vez  fue el primer aviador militar del país cuando el presidente Roque Sáenz Peña creó la Escuela de Aviación Militar en agosto de 1912. Además fue Capitán de Fragata, fundador del Instituto Argentino de Historia Aeronáutica y  docente de la Escuela Industrial de la Nación hasta el momento de su muerte.

Durante su  riesgosa trayectoria, en la que desafiaba el peligro de un modo permanente, batió distintas marcas mundiales de altura y permanencia en el aire:  récord sudamericano de distancia en globo el 28 de diciembre de 1909 y tenía la plusmarca sudamericana  de altura en aeróstato el 5 de noviembre de 1912. Su pasión y entrega fueron tan grandes que ni siquiera lo detuvo la tragedia que en 1908 sufrió su hermano y compañero de aventuras, Eduardo Newbery, cuando el globo “Pampero” que este piloteaba junto a su acompañante el sargento Eduardo Romero se perdió en el  mar.

Con igual audacia y destreza piloteó los globos “Pampero”, “Patria”, “Buenos Aires” y “Huracán”. Un club histórico como Huracán de Parque Patricios, que además lo nombró presidente honorario, tomó el nombre de su globo “Huracán”. En 1910 obtuvo su permiso especial como piloto de aviones (brevet) pero continuó realizando ascensos en globo hasta 1912. A partir de ese año se dedicó exclusivamente a la aviación.

El Accidente

Alentado y estimulado por sus increíbles logros, dueño de una enorme confianza en si mismo y decidido a alcanzar otras hazañas, Newbery viajó a Mendoza en tren el 23 de febrero de 1914 acompañado por su amigo Benjamín Jiménez Lastra con un nuevo desafío: Cruzar en avión la cordillera de Los Andes en la que sería su última aventura. El 10 de febrero de 1914, poco antes de su fatal accidente, había conquistado en El Palomar el récord mundial en altura en aeroplano con 6.225 metros. Newbery  llegó a  nuestra provincia con el propósito  de estudiar el terreno y las condiciones climáticas que debía tener en cuenta al momento de encarar  la proeza que había acobardado a los demás pilotos de su época.

Durante los tres días siguientes de su arribo se dedicó a recorrer la montaña y regresó a la ciudad el día 27. El 1ro. de marzo en horas de la tarde, el mismo día que tenía previsto volver a Buenos Aires, invitado por su colega Teodoro Fels  el aviador se trasladó hasta el aeródromo de Los Tamarindos donde éste realizaba  distintas pruebas aéreas. Cuando un grupo de damas que se alojaban en el Gran Hotel le sugirió a Newbery aquel domingo de carnaval que realizara un vuelo de exhibición; Fels le cedió  su aparato -se trataba de un  Morane-Saulnier  Type G, un monoplano equipado con un pequeño motor rotativo de 80 caballos de fuerza, adquirido en Europa un año antes.

La máquina despegó alrededor de las 18.30 y trepó hasta los 500 metros con el sol ya horizontal sobre la cordillera. Después de varias maniobras Newbery llevó el aparato hasta la pérdida de sustentación y forzó un tirabuzón. Cuando el avión se hallaba a solo 100 metros del piso se desplomó sobre el ala izquierda y se estampó contra el suelo causando la muerte instantánea del piloto.  Mientras que su acompañante –Jiménez Lastra-  arrojado a cierta distancia solo sufrió lesiones leves y se fracturó un brazo. Paradójicamente y de manera impensada  el gran deportista, el padre de la aeronáutica argentina, el hombre de los grandes récords,  halló la muerte cuando realizaba un vuelo a solo 500 metros. Las exequias en Buenos Aires del llamado “Dueño del Cielo”  fueron apoteósicas y una verdadera multitud participó de su cortejo fúnebre. El mismo fervor popular acompañó en 1937 la inauguración del monumento que lo recuerda para siempre.

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