Archivo | septiembre, 2012

Primer homenaje al General San Martín en el Manzano -->

Primer homenaje al General San Martín en el Manzano

A fines de 1938 el Ejército Argentino terminó de construir el camino hasta el Manzano Histórico, en Tunuyán, sitio que rememora el día en que el General volviera cansado y enfermo de su gesta libertadora, siendo recibido por el Coronel Manuel Olazábal que, en su abrazo de amigo, le dio el saludo de la Patria.

Eso inspiró al por entonces inspector de Escuelas de la zona del Valle de Uco, , a realizar por primera vez el homenaje a San Martín en ese lugar histórico, el 17 de agosto de 1939.

Para ello convocó a docentes y alumnos, al Ejército asentado en Campo de los Andes, a representantes de la Iglesia y autoridades del lugar.

Esa fría y soleada mañana, el padre Perfecto Pérez, párroco de Tunuyán por aquellos años, ofició una misa de campaña que convocó una numerosa participación del pueblo y sus representantes; el Ejercito desfiló frente al viejo e histórico Manzano. Por su parte, el Dr. Scarabelli hizo llegar hasta el lugar un consultorio móvil, que resultó muy oportuno para asistir a los pequeños escaladores de los cerros aledaños.

“Nunca he olvidado haber sido testigo de tan importante momento, es por ello que lo quiero compartir con los lectores de Correveidile”, nos contaba hace unos años Quitita Ferreyra de Guillot, vecina del Barrio Cerro San Luis y, a la sazón, hija de aquel inspector de Escuelas emprendedor, Julio Cesar Ferreyra.

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San Martín, el Día del Padre y nuestros árboles

Agosto tiene algunas fechas conmemorativas que nos pueden ayudar a reflexionar sobre nuestra realidad y nuestro presente como ciudadanos.

El 17 se conmemora el aniversario del fallecimiento del Padre de la Patria, el General José de San Martín. Para muchos esta fecha es sólo un buen motivo para disfrutar de un fin de semana largo y para hacer turismo. No importa demasiado el hecho histórico sino la posibilidad de disfrute que este nos brinda.

Paradójicamente, también existe entre los mendocinos una fuerte admiración por San Martín a quien se lo siente como “un prócer mendocino” a pesar de haber nacido en Yapeyú y de haber vivido muy poco tiempo en nuestro suelo.

Llegó a Mendoza en 1814 con su esposa Remedios Escalada y se afincaron en la casa de la familia Álvarez, ubicada en la actual calle Corrientes 343 de Ciudad. Ahí nacería, el 24 de Agosto de 1816, Mercedes, su única hija.

Como Gobernador Intendente de Cuyo y mientras organizaba lo que sería el ejército libertador tomó decisiones verdaderamente importantes para el bienestar de la ciudadanía.

Instó a blanquear los frentes de las viviendas, realizó la extensión de la Alameda; el orden en la actividad de las pulperías, las disposiciones contra el juego y la regulación del tránsito con la prohibición de galopar en las calles redundaron en la seguridad de los habitantes.

La salud pública también fue una de sus preocupaciones, por eso creó dispensarios, realizó un campaña de vacunación antivariólica y emprendió una lucha contra la hidrofobia.

Tuvo siempre la intención de radicarse en Mendoza. De hecho compró algunos solares para permanecer aquí luego de terminada la Campaña Libertadora. Lamentablemente las luchas intestinas lo obligaron al exilio y murió lejos de su patria.

En su homenaje, en 1953, la profesora Lucía Zuloaga de García Sada presentó un proyecto ante la Dirección General de Escuelas para que el 24 de Agosto se celebre el Día de Padre. Este fue aceptado y luego aprobado también por el Concejo Federal de Educación.

Sin embargo, por razones netamente comerciales, esta fecha no prosperó en nuestro “calendario festivo” y homenajeamos a nuestros padres el tercer domingo de junio tal vez ignorando que en esa fecha se honra a un ignoto norteamericano llamado John Bruce Dood, padre de nueve hijos.

No se trata sólo de un mero cambio de fecha sino de una actitud que no nos deja bien parados. Debemos replantearnos seriamente si como ciudadanos conscientes de nuestra tradición podemos revertir este presente y honrar a los padres definitivamente el 24 de Agosto.

El 15 de Agosto, en Mendoza se celebra el Día del Árbol.

Correveidile siempre ha sido la voz que alertó sobre la progresiva erradicación de forestales en Chacras de Coria. En más de una ocasión, nuestra intervención evitó que talaran innecesariamente añosos árboles de distintas especies que crecieron en nuestro pueblo.

Es urgente que la ciudadanía y las autoridades comiencen a tomar conciencia de los enormes costos ambientales, sociales y ecológicos de la destrucción del arbolado, así como de las posibilidades de nuevas tecnologías más sostenibles para la producción forestal, transformando así el mero acto formal de plantar arbolitos en un día especial por los niños de las escuelas en un cambio radical de cultura en relación al árbol.

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Anecdotario breve de un médico rural -->

Anecdotario breve de un médico rural

“El espinazo”

Por José Enrique Marianetti

Mientras atendía una mañana, una pareja de bolivianos entró al consultorio, provenientes de Ugarteche. Siempre tuve especial simpatía por ese grupo racial afincado entre nosotros, por su modestia, educación, don de gentes, sufridos, silenciosos, con excepción de su carnaval, con ansias de progreso y proverbial honestidad.

La esposa toma asiento y el hombre permanece de pie.

“¿Qué los trae por acá?”, pregunto, después de estrechar sus manos.

“A ella le duele el espinazo”, contesta de inmediato el cónyuge.

Bue…¡revisemos!…digo, después de pedirle que se sentara en la camilla, con las piernas colgando. Comienzo una prolija y detallada revisión de la columna vertebral, recordando las palabras del hombre al entrar. Teniendo en cuenta su duro trabajo inclinados sobre la tierra, era lógico pensar en un padecimiento localizado en su columna.

Poco comunicativos y expectantes, ambos seguían mis movimientos sin inmutarse.

Efectuándole la palpación vértebra por vértebra, no encontraba nada, por lo menos sospechoso. Mujer joven, bien constituida y conservada  a pesar de su duro trabajo, continué con el examen. La hice poner de pie, flexionando su cintura e inclinarse hacia delante y …nada. Acostada ahora, flexioné y estiré sus piernas (maniobra de Lasegue) y no constaté ningún síntoma. Agrego a mi examen otras maniobras destinadas a detectar patología ósea de la región y…tampoco habían síntomas a la vista. Comencé a preocuparme. La pareja traía consigo varias radiografías y exámenes analíticos, que no mostraban nada anormal. Resultaba evidente que los colegas que la habían visto antes que yo, también se orientaron hacia el examen de columna, atendiendo a los dichos de la paciente.

Terminado ya el examen exhaustivo, comencé a interrogar, buscando orientarme: “¿su dolor es permanente o aparece de vez en cuando?”. No, es permanente, doctor.

“¿Cuánto tiempo dura?”. Y…un poco nomás, cuando los chicos no están, aprovechamos para estar juntos. “Juntos con quién”, pregunto intrigado.

Entre nosotros nomás doctorcito, usted sabe…

“¿En un horario especial?”. Y si, de noche, nomás, cuando no hay nadie o todos duermen…

“¡Ah, dije, respirando aliviado!, voy entendiendo. ¿Usted se está refiriendo a la unión carnal, al coito, a la unión sexual, señora?”

¿Y a qué otra cosa iba a ser, pues, doctorcito?

Sin quererlo, iba a repetir el mismo error que los anteriores colegas, que no supieron preguntar, no se detuvieron a pensar y estaba por recetarle analgésicos a la ligera, sin diagnóstico, cuando caí en la cuenta de que se trataba de un cuadro de dispareunia (dolor durante el coito). Había llegado así a la verdad gracias al interés puesto en el caso, mi tesón y paciencia habían dado frutos, más que por sapiencia.

Desde ese lejano día que no olvidaré jamás, me convencí de la enorme importancia de un interrogatorio bien hecho, y al aprender y escuchar los modismos y el lenguaje que trae consigo el paciente extranjero, junto a sus costumbres y culturas, que dan una mayor posibilidad de conocer al otro acertadamente.

¿Con razón la pobre mujer había peregrinado tanto y nadie había dado en la tecla!

Gran ejemplo para los médicos jóvenes, tecnófilos, siempre apurados, sin cultivo espiritual o muy poco, que olvidan a la Clínica como soberana, y que requerirán tiempo para resolver los problemas como el que yo tuve, sin postura soberbia del supuesto saber médico, y que cuando no saben algo, rápidamente “derivan”.

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Lectores: una fauna infinita

En el amplio mundo de los lectores, hay una copiosa variedad. ¿Qué tipo de lector es usted?  Ofrecemos algunas clases de lectores típicos. Al que le quepa el poncho que se lo ponga… pero sin chistar. Incluye eyaculadores precoces y mentirosos pitucos que hablan de libros que no leen.

Por Nicolás Sosa Baccarelli

El célebre escritor inglés Samuel Taylor Coleridge escribió que hay cuatro clases de lectores. Los “Esponjas”, que absorben todo lo que leen; los “Coladores”, que retienen tan solo los posos y las heces de lo que leen. Luego están los “Relojes de arena”, que no retienen nada y se contentan con ir pasando páginas para pasar, con igual liviandad, el tiempo. Finalmente, encontramos los “Diamantes”, tan raros como valiosos, que sacan provecho de todo lo que leen y hacen posible que otros lo saquen también.

Entre las declaraciones de Coleridge y nuestros días, han pasado más de dos siglos de lectura. Por eso -en pluma menos ilustre y más desastrosa- proponemos al lector otras posibilidades -más insolentes-  para ver si con alguna de ellas se siente a gusto.

El lector destructor

Se ensaña con el libro. Lo lee, sí, pero también dobla todas sus hojas, lo subraya con lápiz, con estridentes resaltadores, lo moja, le tira el café encima, hasta que llega el momento final: el deslome. Toma el libro en la página 150 con las dos manos y lo elonga hasta escuchar el crujido. A partir de ese momento ya no hay libro, hay un montoncito de hojas sueltas que resbalarán por el suelo del colectivo en el momento menos propicio.

El salteador de prólogos

Él sostiene la firme convicción de que ningún prólogo puede decir algo importante. El prólogo, prefacio, palabras previas, cuestiones preliminares, son todas formas de llamar una misma pavada. Ven en esa sección de los libros, un rodeo detestable. “Si éste tiene algo que decir -piensa este apurón- que lo diga en el libro”.

El eyaculador precoz

 Pero hay apurones mucho peores: el eyaculador precoz de la lectura. A este lector atropellado, no le interesa el camino, el desarrollo, el regodeo con el lenguaje, no ha aprendido a disfrutarlo. No se aguanta y se va a leer el final. Empieza sabiendo que su vicio es incontrolable, y se resigna…

El lector de ómnibus

Este bicho lee salteadito. Sus géneros favoritos son la poesía y los cuentos breves. Mientras más breves mejor. Tan breves como lo que pueda durar el colectivo entre un semáforo y el siguiente. Él va leyendo, pero también va espiando el viaje, quién sube, quién baja, la conversación del pasajero de adelante. Este es el lector que hará un enorme esfuerzo, una inconfundible maniobra para ver qué está leyendo el que viaja a su lado.

El lector de trole

Es diferente, más refinado, goza del silencio, de la paz que caracteriza a este medio de transporte urbano. No cualquiera puede leer en el trole. Este avezado lector  ya está entrenado, se ha acostumbrado al recorrido, ha aprendido a lidiar con el intenso traqueteo de la calle San Martín Sur y de Juan B Justo.

El cleptómano de libros

Va a casa de sus amigos y, con total descaro, se hace por sus propios medios del libro que le gusta.

El gil que los devuelve

El Dr. José Enrique Marianetti siempre repite que hay dos clases de giles: el que presta los libros… y el que los devuelve. Aquí nombramos a este último.

El lector de salas de espera

Este atrevido que va a molestar a médicos y abogados, está condenado, por su osadía, a leer las revistas que han colocado al efecto sobre la mesita de la sala o en un canasto. No tiene mucho para elegir. Puede optar entre el casamiento de Violeta Rivas con Néstor Fabián, una entrevista a Arnaldo André y unas fotos del cumpleaños del hijo mayor de Palito Ortega.

El lector fanático

Lee en TODO momento. Cuando está parado haciendo una fila, en un embotellamiento de tránsito, en un semáforo, en el banco, esperando su turno en una carnicería, en el correo…

El lector de baños

Un personaje emblemático, una pieza esencial en la literatura. Él se sienta y lee. Su actitud es de una profundidad filosófica sin igual: reúne en un mismo espacio y en un mismo punto del tiempo, el hecho más trivial del ser humano, y el más civilizado. Si todos fuésemos como él, este mundo sería mejor.

El lector de playa

Vence las adversidades, el viento, la arena, los gritos de los vendedores ambulantes, la arena que sus hijos le disparan en los ojos, el mate caliente que su suegra le echa encima, etc.

El lector desfachatado

No siente ni el más mínimo remordimiento en abandonar un libro -cualquiera- al principio, a la mitad o cuando le quedan dos páginas. Si no le gusta, chau. Lo deja y empieza otro.

El lector en voz alta

 No puede concentrarse y obliga al que está cerca a escuchar su cuchicheo.

El lector por ósmosis

Cree que porque lleva el libro en el portafolios o porque lo hace dormir durante 6 u 8 meses sin tocarlo sobre la mesa de luz, él “lee”.

Un bicho abominable y dañino: el “lector” que habla de los libros que no ha leído.

Quisiera detenerme en éste, por ser la especie más venenosa entre los lectores… precisamente porque no lo es. No es un lector, es un impostor. El señor quiere hablar de esos autores frente a sus amigos, a sus jefes, a sus colegas; la señora quiere quedar bien con sus amigas en una tarde de té, y tira sobre la conversación, revolea sobre la charla, ese título o ese nombre, sin saber que sus amigas –que también van a hablar al respecto- tampoco lo han leído.  Es abominable porque es un farsante. Es dañino porque siembra en los interlocutores, nociones falsas de los libros y de los autores. Cuando la cosa se pone más peliaguda, recurre a Google  y resuelve el problema de un modo discreto y sencillo.

El lector de libros de autoayuda o de recetas para la riqueza y la felicidad

Tiene títulos como estos: “Aprenda a ser feliz en tres pasos”, “Aprenda el budismo  en dos semanas”, “Cómo ser un lama en 15 días, meditando y comiendo zapallitos”, “Cómo ser un empresario exitoso en cuatro semanas”  (Contiene fáciles consejos para burlar a la AFIP, la DGR y la Inspección General de Justicia),“Las 12 leyes espirituales contra la envidia y el tránsito lento”,“Cómo hacer para que sus hijos sean tan ganadores, ricos, pintones (y cornudos) como usted”.

El lector mártir

Es más frecuente en matrimonios que ya han pasado las bodas de plata. El señor se acuesta a la noche y antes de escuchar a su esposa reprocharle que no cambia el cuerito del surtidor del patio que gotea desde hace meses, que la hija de la vecina cumple quince o una extensa alocución sobre las ofertas de un supermercado cercano para comprar el juego de toallas o sábanas que están estrenando, el señor se tapa, prende su velador y “lee”.

Suele hacerlo la mujer el domingo a la tarde cuando el marido está viendo apasionadamente como si se tratara de una final de un campeonato mundial, un  amistoso entre Quilmes y Desamparados de San Juan.

El lector infiel

Lee cuatro libros al mismo tiempo. Picotea. Termina dos, empieza otros tres. Y así pueden pasar décadas.

El triste destino del bibliófilo

Ya ha llegado a un punto en que ni lee. Sólo repara en el año de edición, la editorial, la encuadernación, el color de la tapa, compara ese ejemplar con otros dos de diferentes ediciones, recuerda en qué librería, en qué ciudad y cuánto pagó por ese libro. AMA los libros… quizá más que lo que tienen escrito y cuida obsesivamente su biblioteca. Esta historia suele terminar siempre igual. El viejo se muere, sus hijos abren la sucesión, todos quieren la casa, el auto, la finca, y los libros empiezan a acumular polvo y roedores un par de años hasta que un buen día uno de los herederos (quizá alentado por alguna nuera “práctica” o algún yerno rencoroso) como ve que no le puede sacar ni un peso, decide darlos. Y así los lleva, por ejemplo, a una biblioteca popular. Allí llegan en gigantescas cajas, los amados libros del difunto. Pero ahora húmedos, deslomados y amarillentos, como llega un anciano a un asilo.

El lector pulcro, prolijo, ético, escrupuloso y reprimido

Le han dicho que cuando se empieza un libro debe terminarse, que los libros no se rayan, que sus hojas no se doblan, que es un pecado imperdonable adelantarse un par de hojas para espiar lo que viene. Es monógamo, y cree que esa insalubre costumbre se extiende a todos los órdenes de la vida, entonces jamás empezará otro libro cuando ya tiene uno en las manos. No lee, cumple una tarea. No lee…  sufre.

Colofón

De cualquier forma, la lectura nos entrega a uno de los placeres más irresistibles y el libro representa uno de los mejores inventos de la humanidad. Como alguna vez anotó un ilustre ciego, vecino del barrio de Palermo: “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”.

 

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Los 80 años de Quino en Mendoza -->

Los 80 años de Quino en Mendoza

Quino

Por Nicolás Sosa Baccarelli

Subió al auto y cerró la puerta con suavidad. Atrás quedó un bochinche de burócratas y periodistas. Repuso en el acto su imperio de silencio, su mundo de pocas palabras, diáfanas como pétalos. Para qué más, si todo puede resumirse en un beso, en un  grito o en una constelación, y todo eso cuadra en dos viñetas.

Quino anda y una bandada de niños lo persigue, porque es un rey mago que usa anteojos y alpargatas.

Quino anda y un séquito de hombres lo rodea, porque es un profeta de carne y despeinado.

Caminamos y con su bastón golpea el suelo, por si acaso.  Como para despistarnos y hacernos creer que de verdad le preocupa.

    - “Dónde estaba dios cuando te fuiste”, me desafía de repente.

    -          “Canción desesperada”, Discepolín – contesto-

Apenas sonríe y admira al poeta con un gesto. Con un solo gesto. Para qué más, si toda la emoción cabe en dos ojos, y esos ojos en la mano de este hombre,  

como toda la poesía del mundo, 

                                               sobrando en un verso.

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Las pequeñas bailarinas de La Coruña -->

Las pequeñas bailarinas de La Coruña

Con resonante éxito se realizó la primera muestra de danza de las alumnas chacrenses del  “Instituto La Coruña”, en el Teatro Plaza Paradiso. Hermosas y tiernas bailarinas, las más pequeñas de tres años de edad, desfilaron por el escenario demostrando sus habilidades tanto en danzas clásicas, españolas y urbanas. Los grupos juveniles y de adultos se lucieron también, destacando en cada movimiento el sentimiento que diferenciaba cada disciplina.

La prolijidad y coreografía estuvieron presentes en las dos noches de espectáculo pero lo más contagioso fue la alegría reinante, que  el público reconoció con calurosos  aplausos.

Como cierre del show, una lluvia de globos y papel picado emocionó e impactó a los presentes. Postriormente, todas las alumnitas se llevaron un recuerdo de la institución. Pero más que cualquier juguete, el caluroso aplauso del público y el abrazo emocionado de los padres y familiares, son regalos invaluables para estas pequeñas bailarinas, especialmente en este Día del Niño. 

Disfrutar del arte del movimiento

“Este disfrute lleva a cada una de las alumnas,  a elevarse espiritualmente, a sentirse más plena y, en muchos casos, a asombrarse de su propia capacidad. Aprender a bailar, a manejar el cuerpo con elegancia, a moverse al compás de un ritmo, alimenta el alma de cada alumna, la nutre y reconforta. Le da la posibilidad de gozar plenamente de sus primeros éxitos”, explica Cristina Kotlick, responsable de La Coruña.

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