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¿Qué hacemos para parar esto?

Nuevo caso de violencia en las escuelas.


 Así como se aprende a vivir en armonía, se aprende a agredir y así como la familia es central en el cultivo de valores, también lo son las instituciones educativas. Dos profesionales vinculados a esta temática se refieren a hechos que, más allá de ser aislados, forman parte de un fenómeno complejo que requiere de una solución urgente y preventiva.

Por Andra Calderón

Que la violencia escolar es un reflejo de lo social, no es ninguna novedad. Presente en casi todos los órdenes de la vida, el maltrato en sus diversas manifestaciones evidencia una realidad compleja que requiere de soluciones concretas. En el último tiempo, la agresividad en el ámbito educativo fue noticia. Basta recordar la pelea entre un grupo de alumnas de la escuela Francisco Correa y de la Teresa O’Connor, que terminó con una menor de 13 años herida tras sufrir un corte en la cara.

La familia, el barrio, las dinámicas escolares pero también los consumos culturales inciden en este fenómeno, que se manifiesta de formas variadas: desde lo físico a lo psicológico, traducido en golpes, insultos, hostigamiento o discriminación. A raíz de los últimos episodios ocurridos en nuestro pueblo, dos especialistas sientan sus posiciones en busca de un cambio cultural que comienza en el seno del hogar.

Alicia Lorenzo es licenciada en Trabajo Social y desde hace 20 años trabaja en la inclusión de niños que dejan la escuela o se encuentran sin escolaridad. Desde la Dirección de Orientación y Apoyo Institucional a los Trayectos Escolares, que depende de la Dirección General de Escuelas, esta profesional aborda problemáticas del aprendizaje junto a un nutrido equipo de diferentes disciplinas sociales.

“Existe un agravamiento de la problemática debido a que en la escuela se reproduce lo que existe en la sociedad. Las formas de comunicación violenta y la intolerancia son los factores más importantes. A pesar de que los modelos deberían ser los padres, son ellos mismos los que preparan a sus hijos para comportamientos violentos. Es frecuente escuchar justificaciones como `Yo le dije que si le hacían algo se defendiera´”, explica Lorenzo. Entre los factores de mayor incidencia, Alicia señala a la desigualdad, la pobreza, la falta de valores, la competitividad, el resentimiento y la falta de aplicación de normas de convivencia como algunos de los desencadenantes.

Por su parte, Alejandro Castro Santander, miembro del Directorio del Observatorio Internacional de la Violencia Escolar y coordinador general del Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina, sostiene que la familia debe ser fortalecida para cumplir bien su misión de formadora de valores, hábitos y conductas psicosociales. Más tarde, estas enseñanzas deberían continuar en la escuela.

“En la actualidad, por diversas causas, los padres no favorecen la socialización primaria. Además de pasar muchas horas en el trabajo, al regresar al hogar los encuentros son de pobre calidad o fruto del cansancio o la baja tolerancia. En algunos casos, un clima familiar agresivo sólo contribuye a desarrollar el círculo de la violencia familiar, que se trasladará a las relaciones escolares. En otros, encontramos padres `obedientes´ que producen `hijos tiranos´. Cuando un chico manda en la casa intentará hacer lo mismo en su institución”, agrega Alejandro, quien también integra la Cátedra UNESCO de Juventud, Educación y Sociedad.

Ambos especialistas coinciden en que la respuesta debe ser educativa y así como se aprende a convivir, es necesario trabajar en pos de la “alfabetización emocional”, tal como indica Castro Santander. “Se puede alfabetizar en convivencia, pero la familia no puede ni debe ser reemplazada en esta tarea. Junto a la escuela se puede revertir esta situación que percibimos y que hace que las relaciones con el otro sean vistas como peligrosas y eleven nuestro sentimiento de inseguridad”, dice Alejandro. “Si cada uno desde el lugar que ocupa no facilita la paz personal y social, los próximos años serán de más desencuentro entre hermanos y más violencia irracional”, concluye.

Para Alicia Lorenzo, es preciso trabajar en red con instituciones locales con el objetivo de lograr los apoyos necesarios para mejorar los aprendizajes, muchas veces dificultados por problemas de salud, adicciones, desnutrición, violencia en el seno del hogar o entre los padres.

1 Comentar este artculo

  1. Mabel Dijo:

    ME ENCANTÓ EL ARTICULO. MÁS FAMILIAS MÁS ESCUELAS Y MENOS CARCELES!!!!!!!!

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