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Medianoche en Chacras de Coria

(Esta será una copia mala, envidiosa de esa maravillosa película del Allen, el Woody, Medianoche en Paris, mis disculpas por el atrevimiento)
Pasa siempre después de una noche de magia, se pierden los detalles, tuve suerte Pancho Páez y Sol Ruiz los recordaron.
Uds saben que la habilidad de convocar a la suerte consiste en perderse en el lugar adecuado, por donde la suerte pasa, el personaje de la película se pierde en Paris, bueno, yo, y no es poco, elegí la calle Mitre, que tiene su magia y, para no arriesgar a que la suerte no me encontrara, Cinema Paradiso, más exactamente en el nuevo restaurant Piacerre, del pueblo este que se nos está haciendo pretencioso, Chacras de Coria.Un gran mago convocaba, una vez más, a no dudar, la magia existe y Mauricio Lorca es el Merlín de esta historia que nos ofrecía catar, nada menos, sus vinos, ya incluyo mi primer gracias.
El maestro de ceremonia, Santi, anteojos de diseño, gestos de prestidigitador, voz con finales trémulos que sugieren que lo suyo es la Opera nos convocó en un par de largas mesas.La ingeniera agrónoma Gabriela Zabala, sin duda una princesa Bonarda, con toda la intensidad y destino de princesas, por momentos tímida, miraba hacia un costado donde luego se supo estaba su Príncipe Encantado, no lo parecía detrás de un título más bien vulgar pero, luego se notó que tiene alma de enólogo.
Mucho mejor que una varita mágica son las botellas, sin duda, la primera un Champagne de Chardonnay y Chenin, método Charmat, puras flores y final de tostadas.
Luego los frescos de la línea Fantasía, en vuelo rasante, divertido y de pronto, el Öpalo, y ahí sucedió.
Entraron ellos Zelda y Scott Fitzgerald, bellos a rabiar, ella alta, platinada, gestos altivos y fantasiosos, él, con sus típicos anteojos de carey, su media sonrisa y su adoración, para qué más, ser amante es un lujo, al fondo Jean Cocteau, Josephine Baker, Gertrude Stein, Alice B. Toklas, enfrente Pablo Picasso, Salvador Dalí, Djuna Barnes…. Y un gordo al que le faltaba el talento y la barba Hemingway!!!!
Cuando entramos en la línea poética, nadie dudaba, la Belle Epoque, era exactamente ahora y, sin dudas, en Chacras de Coria, un Viognier con final dulce nos hizo sonreír de puro golosos.
Gracias don Mauricio Lorca por tanta magia.
Luis Jait

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