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Dr. Francisco Cacho Femenía: El estrés nuestro de cada día

Conviviendo con el fantasma de nuestro tiempo

Por el Dr. Francisco Femenía

Frases como “no doy más”, o “no puedo levantarme”, o “no tengo ganas”, son indicios de que estamos frente a un cuadro de estrés. No hay edad para esto, afecta por igual a jóvenes, adultos y ancianos, quienes por diferentes circunstancias están sometidos a grandes presiones externas o internas, derivadas de un medio social, familiar o laboral de fuertes exigencias. En una sociedad altamente competitiva, como la nuestra, solo sobreviven los más ambiciosos, los que se amoldan a las reglas de juego actuales, donde se premia muchas veces a los menos capaces y a los más audaces al enfrentar los desafíos de la vida diaria.

Un espacio especial merece la mujer en este análisis. Desde los albores del siglo XX en adelante, el papel de la mujer en la sociedad estaba bien caracterizado como “esposa, madre y dueña de casa”. Sólo se esperaba de ella que mantuviera el entorno familiar en condiciones adecuadas para sostener la familia dentro de los muros del hogar, mientras el hombre era el responsable de proveer los medios necesarios para su mantenimiento.

En la segunda mitad del siglo XX, la mujer poco a poco se introduce en el mundo del trabajo que por derecho propio debió conquistar con esfuerzo y mucha paciencia, pero donde casi nunca sus condiciones y aptitudes eran reconocidas, siendo muchas veces menospreciada y sobre todo económicamente considerada como menos apta que el hombre. A igual compromiso y responsabilidad, menor salario.

Sin embargo, al ingreso a este mundo comandado por hombres, se le suman responsabilidades intransferibles, como su papel de madre, conductora de la salud física y espiritual de sus hijos y, por ende, el mantenimiento del orden del hogar y generalmente su administración. Doble carga para quien durante gran parte de la historia de la humanidad llevaba una vida plácida, casi sin sobresaltos, pero aislada de la realidad social.

Es por ello que la mujer ha sido presa fácil de las actuales situaciones de estrés, y en ella se están dando mecanismos especiales que la hacen cada vez más vulnerable a cierto tipo de enfermedades que antes eran casi patrimonio exclusivo de los varones.

¿ Qué es Estrés?

Se trata de una reacción fisiológica de defensa en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. Es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia por lo que inicialmente no debe confundirse con una patología.

Sin embargo, este mecanismo puede agotarse bajo determinadas circunstancias, frecuentes en los modelos de vida actuales, desencadenando problemas graves de salud. Es decir, si esta respuesta se prolonga en el tiempo, como consecuencia de que el estímulo persiste, el equilibrio se pierde provocando alteraciones permanentes y cambios orgánicos que llevan a la pérdida de la estabilidad y en consecuencia la aparición de síntomas que alteran la calidad de vida y el rendimiento personal, tanto en lo físico como en lo emocional y laboral.

Los estímulos pueden ser internos físicos -dolor por una herida-, de tipo intelectual o de conciencia -sentimiento de culpa por algún hecho particular, familiar o laboral- o externos -ruido intenso sorpresivo-.

Podemos reconocer dos etapas, bien diferenciadas: la etapa aguda, como respuesta adaptativa a un estímulo importante en nuestra vida de relación. A través de un exquisito mecanismo donde intervienen diferentes órganos de diferentes sistemas, aparecen síntomas fáciles de identificar, como palidez, transpiración, palpitaciones -percepción del latido cardíaco por taquicardia-, aumento de la presión arterial, temblor, ansiedad, inquietud, y otros, que se atenúan progresivamente hasta desaparecer una vez que la situación que generó este estado desaparece completamente. Todo esto se produce frente a situaciones agradables o no, pero que siempre significan una movilización interna hacia algo poco usual, como recibir una buena o mala noticia, el nacimiento de un hijo, el primer día de escuela, el inicio de una nueva etapa laboral, el fallecimiento de un ser querido, familiar o amigo, etc.

Pero, si el estímulo perturbador persiste en el tiempo, este mecanismo que se inició como compensador y de adaptación se transforma en permanente, y los síntomas se multiplican y agravan provocando el “estrés crónico” que compromete la salud del sujeto, induciendo la aparición de verdaderas enfermedades de difícil resolución mientras persista la razón externa o no se modifiquen las actitudes internas. Un ejemplo para este estado, es el “estrés laboral”, donde la competencia suele ser despiadada, las exigencias progresivamente mayores, los horarios extendidos más allá de lo razonable, donde la energía para una actitud de superación natural se invierte en actitudes y razonamientos compulsivos, sin códigos éticos, buscando sólo el reconocimiento de los “Jefes” como único estímulo para el progreso.

Esta situación provoca innumerables síntomas que afectan diferentes sistemas del organismo. A los ya relatados en el período de estrés agudo, muchos de los cuales de transitorios se transforman en permanentes, se agregan, Hipertensión arterial, cambios en el ritmo de sueño con etapas de insomnio pertinaz, falta de fuerza, desgano, dolores de cabeza, tristeza, falta de iniciativa, desinterés, olvidos, irritabilidad, trastornos digestivos –estreñimiento-, cambios en el hábitos alimentarios con tendencia a la falta de apetito con el consecuente adelgazamiento, trastornos sexuales de diferente gravedad, aumento del colesterol y del azúcar en sangre, hasta llegar a severas patologías como la úlcera péptica, la colitis ulcerosa y la enfermedad coronaria entre otras.

Frente a esta realidad, ¿qué podemos hacer para prevenir y superar estos cuadros?

No existe medicación para el estrés, solamente para algunas de sus consecuencias, es decir, cuando aparecen enfermedades concretas que requieren intervención médica.

Sólo aparece como efectivo el que se instruya al que consulta sobre las verdaderas implicancias de sus malestares, induciendo cambios de actitudes frente a la agresión externa, recuperando la noción de prioridades en la vida, enseñándole a planificar su futuro inmediato y mediato, a descartar elementos objetivos de adquisición compulsiva, logrados con enorme esfuerzo personal y que solo sirven para demostrar comparativamente status en nuestro entorno. Se debe vislumbrar que el éxito real es lograr una vida en armonía, en paz interna y con el mundo exterior, sabiendo diferenciar lo banal de lo importante. No es fácil lograrlo, siempre hay miedo a modificar hábitos de vida, y la mayoría de las veces no se está dispuesto a hacerlo.

Control y prevención

Localizar el origen -qué lo desencadena y cómo afecta-, realizar actividad física, cuidar la alimentación, no guardar los sentimientos, actitud positiva, aprender a respirar, no sobrecargarse de obligaciones y relajarse.

1 Comentar este artculo

  1. Olga Corinaldesi Dijo:

    Excelente artículo! muy claro, fácil de reconocer por quienes todos los días desde que nos levantamos vivimos y dependemos de nuestra propia decisión para afrontarlo pero que hay de una manera u otra desafíos interiores y externos que pueden afectar nuestra salud. Pienso que lo importante es aprender a respetar y hacer respetar nuestras diversidades, a reconocernos como personas pasibles de cometer errores, también aprender no solo a perdonar sino aprender a no ofender porque la herida en el corazón de los demás aunque luego puedas intentar sanarlas, las cicatrices quedan para siempre!y creo que es una de las mayores causa de estrés que se sufre actualmente. DR Femenía me encantó su visión de la realidad ! Gracias!!

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