Archivo | mayo 27th, 2020

¡A envasar, a envasar que el invierno está por llegar! -->

¡A envasar, a envasar que el invierno está por llegar!

El otoño es la estación ideal para envasar y acovachar cositas ricas en la despensa, que luego disfrutaremos en los fríos meses del invierno. Como dice el experto John Seymour “no hay nada que alegre más el otoño que la visión de la alacena llena de frascos de ricas conservas”. En esta edición les entregamos dos recetas con frutos de estación, que nos salen -modestia aparte- buenísimas!: ketchup al estilo alemán y dulce de membrillos en diferentes variantes.


Ketchup estilo alemán -dígale no al fast food-

Esta receta nos la pasó hace muchos años, la madre del compadre Groissman, doña Aída, y siempre nos hizo quedar muy bien. Ahora la socializamos con nuestros lectores. ¡Salud!

Ingredientes

4 kg de tomates peritas maduros

1  kg de manzanas verdes

1 kg de cebollas

1 kg de azúcar

1 l de vinagre de manzana

sal, pimienta, pizca de páprika y jengibre en polvo –o rallado- a gusto

Preparación

Cortar los tomates, manzanas y cebollas en trozos muy pequeños y poner al fuego. Cuando estén calientes agregar el resto de los ingredientes y revolver hasta que queden bien integrados. Cocinar revolviendo de vez en cuando hasta que se reduzca bastante y tome el típico color oscuro del ketchup. A partir de aquí puede elegir dos caminos: o envasarlo como está, con toda la pulpa o, si quiere un producto más profesional, pasarlo por cedazo y envasar sólo el jugo –que queda igual o mejor que el comprado-.

Recomendación: no utilizar recipiente de cobre o hierro, porque el vinagre los pica. Deben ser de acero inoxidable o metal esmaltado.

Dulce de membrillos en pan

Ingredientes

Se necesitan solamente los membrillos y azúcar según cantidad necesaria. El verdaderamente profesional lleva la misma cantidad de azúcar y pulpa de fruta. O sea -como decían las abuelas “kilo a kilo”, lo que asegura ese maravilloso color rubio-. Pero, si la economía es más importante, también sale muy bien calculando 800 gramos de azúcar por cada kilo de pulpa.

Preparación

Lavar los membrillos y ponerlos a hervir en bastante agua. Esto es si están sanos, de lo contrario se deben cortar las partes malas. Hay que cuidar esa agüita porque con ella se puede hacer luego la jalea.

Una vez cocidos, lo más fácil es pasarlos por la licuadora, o la minipymer. O si no se pisar a tenedor, con mucha paciencia y esfuerzo. Luego se le agrega el azúcar según la proporción elegida. De esta maravillosa pasta se va retirando pequeñas porciones  y se cocina a fuego mediano sin dejar de revolver hasta que tome punto. Esto es cuando se separa –bien separado- del fondo de la olla, más o menos 10’.

Sugerencia: hacerlo en pequeñas cantidades para que quede claro. Lleva más tiempo, pero vale la pena. Además es menos engorroso, porque puede suspender cuando quiera y retomar en otro momento.

Jalea de membrillo

Medir la cantidad de agua de cocción y agregar ½ kg de azúcar por cada litro. Cocinar a fuego mediano hasta que se vaya espesando y tome punto. Para saber cuál es el punto requerido, se esparce una cucharadita de jalea en un plato. Al enfriarse se espesa, por lo que cada cocinera le da su punto particular.

Sugerencia: hacer en dos días. Esto asegura el punto y el color justo.

Membrillos en cascos al malbec

Un postre exquisito, que con su aroma, sabor y atractivo color, nos inunda el alma de placer.

Lavar y cortar los membrillos en cuartos. Ponerlos a hervir durante 15’ con el agua justa para que los tape. Retirar -¡no vaya a tirar el agua!- y pesarlos. Por cada kilo de membrillos agregar 700 gr de azúcar y volver a cocinar, cubriéndolos con partes iguales del agua de cocción y vino malbec. Estarán listos cuando el almíbar espese.

Envasar en caliente, aunque también puede ir probándolos, si los sirve de postre de inmediato. Quedan muy bien con crema de leche fresca–no hace falta que sea chantilly-, o si cuida la figura con queso crema. Decorar con hojas de menta o de toronjil.

Cuidados del envasado

Todos los implementos –incluidas las manos- deben estar impecables y esterilizados, de lo contrario, se atenta contra la salud de los comensales y contra la duración del producto.

Éste debe envasarse siempre en caliente, recién salido de la olla. Una vez lleno el frasco, se tapa y se lo pone boca abajo. De esta manera, queda sin aire y esterilizado.

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Rincón de Ciencia: ¿Para qué sirve la Bioética? -->

Rincón de Ciencia: ¿Para qué sirve la Bioética?

¿Nos sirve para mejorar nuestra calidad de vida? Para muchos un saber desconocido, la bioética nació con la convicción de echar luz sobre los nuevos problemas generados por la irrupción de las biotecnologías en la vida de las personas. Su objetivo: proteger los derechos de los pacientes y sobre todo el cuidado de la dignidad de la persona.

Por Dr. Alejandro Juan Maresca*

Sin querer y sin saber, ayer me encontraba conversando con mi  amiga y en un momento estábamos compartiendo varios temas en los que aparecieron una serie de cuestiones que involucran aspectos propios de la bioética que a ambos nos inquietaban y pensé que podía empezar esta columna, como debe ser, por el principio.  Es bueno preguntarse entonces: ¿Qué es la bioética? ¿Puede colaborar a mejorar mi calidad de vida?

Vamos por parte. La bioética, para muchos un saber desconocido, se ha desarrollado desde hace algunas décadas y su origen se puede encontrar en trabajos publicados en los Estados Unidos de Norteamérica y en la Europa continental. Nació con la firme convicción de colaborar en resolver una serie de problemas nuevos que se comenzaron a generar por la irrupción de las biotecnologías aplicadas a la vida de las personas. También contribuyeron a su formación algunas experimentaciones en seres humanos realizadas no solamente en los campos de concentración, sino también y, aunque parezca mentira, en los Estados Unidos.

No son lejanos los tiempos en los que hablar de biotecnología era casi cosa de ciencia ficción. Hoy casi todos hemos tenido alguna experiencia cercana a la aplicación de modernas biotecnologías. Baste solo por el momento mencionar el caso del llamado respirador artificial. Sin embargo, estas nuevas tecnologías aplicadas a la vida, los avances de la ciencia y el espíritu innovador innato en el hombre, que ha derribado fronteras insospechadas, nos han colocado en situaciones de las cuales no resulta fácil su salida y menos una respuesta única. Hace tiempo, pero no tanto, muchas decisiones eran solo dejadas en manos de los médicos porque… si él lo dice… es lo mejor…

La bioética nació procurando proteger los derechos de los pacientes y sobre todo el cuidado de la dignidad de la persona.

Pero en este camino existen quienes piensan que la bioética es una forma única de resolver una situación, una especie de mandato obligatorio para todos respecto de lo que está bien o mal. Entiendo que esto no es verdad y pensar así lleva a más problemas que los que se pretenden resolver.

La bioética es una disciplina destinada a generar un ámbito de análisis para lograr la mejor conducta posible en la resolución de un dilema en el que estén en juego derechos contrapuestos. Hay que tenerlo muy claro: es un ámbito de construcción, de aporte, no de crítica ni condena.

Su objetivo es la dignidad humana y su regla de oro es el respeto por la diversidad.

Así entonces, forman parte del debate bioético problemas generados en el principio, en la etapa intermedia y en el fin de la vida. Las cuestiones del principio de la vida se vinculan con las técnicas de fecundación asistida, la clonación de seres humanos o partes de estos, la crioconservación de embriones, el abandono de tales embriones, la adopción preimplantatoria, la investigación en embriones y su posible destrucción. No quedan fuera de esta problemática el diagnóstico preimplantacional, la elección o construcción genotípica, las malformaciones incompatibles con la vida extrauterina, la donación de sus órganos, la anticoncepción de emergencia y obviamente el enorme problema del aborto.

En el desarrollo de la vida, los problemas abordados comprenden las posibles elecciones de determinadas terapias, el rechazo de tratamiento, el derecho al conocimiento o no de la información clínica, el acceso ilimitado a la historia clínica del paciente, su consentimiento informado previo a la realización de determinados actos clínicos, la investigación en seres humanos, la aplicación de nuevas drogas o tratamientos o finalmente la posibilidad de ser donantes de material anatómico humano en vida.

Finalmente, en el momento en el que la vida se termina, también la bioética puede hacer su aporte colaborando con LA RESOLUCIÓN DE (o COLABORANDO A QUE SE RESUELVAN…) problemas vinculados a la limitación del esfuerzo terapéutico para no someter al paciente a terapias que sólo alargan la agonía y sin su consentimiento, a la posible ablación y trasplante de órganos, a la quita de los soportes desproporcionados para mantener algunas funciones y en fin, a los problemas que se generan cuando curar es imposible pero es necesario acompañar y aliviar el dolor.

Todos alguna vez hemos estado enfermos vivenciando personalmente la debilidad en la que nos sume la enfermedad aún cuando sea menor o pasajera. Seguramente todos hemos tenido la experiencia directa o cercana de tener que asistir a un hospital y ver los problemas que enfrentan pacientes cuya recuperación es cierta, otros para los cuales es dudosa y otros en los que es humanamente imposible. Tal vivencia nos sirve de oportunidad para analizar muchas cosas y en más de una, decidir cambiar algunos aspectos de nuestra conducta diaria. Sin embargo cuando la vida nos pone frente a situaciones límites, sea en su comienzo, en su devenir o en su fin, debemos enfrentar sentimientos encontrados que no nos permiten pensar con claridad.

El nuevo Código Civil y Comercial de la Nación ha incorporado normas trascendentales y que dan rango legal general a este tipo de conocimiento. Vale la pena conocerlo para ver hasta dónde la ley nos protege.

El aporte de la bioética o de los grupos destinados a tal fin pueden acercarnos elementos de juicio e ideas útiles para la adopción de difíciles respuestas pero que nos permitan seguir sanamente con nuestra vida o la de quienes nos sobrevivan. Sin condenas, sin castigo… sin precio.

Es claro que la bioética no resuelve por sí sola el problema, pero nos ayuda a pensar y luego nos aporta ideas, sin juzgarnos y menos aun condenarnos, para superar la crisis que significan algunas decisiones trascendentales en la vida. Así, en la medida en que estemos tranquilos y convencidos de que hicimos, razonada y fundadamente lo mejor posible, en ese momento crítico, estaremos mejorando nuestra calidad de vida y la de nuestro entorno.

Hoy es posible acceder a este tipo de asistencia que seguramente no curará nuestras enfermedades ni problemas vinculados a ellas pero nos permitirá vivir una vida más plena.

*Abogado. Miembro Comité de Bioética Hospital Luis Lagomaggiore. Mail: maresca.aj@gmail.com

Alejandro Maresca. Abogado. Miembro Comité de Bioética Hospital Luis Lagomaggiore.

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