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Rincón de Ciencia: Sobre piedemontes, jarillas y otras yerbas

Se llama piedemonte a la zona donde nace una montaña, incluyendo la llanura formada al pie de la misma. En Mendoza, se da entre los 800 y 1500 msnm comprendiendo unos 20 km de ancho.

Pablo E. Villagra, Sergio A. Roig y Fidel A. Roig – Investigadores de CONICET y Profesores de la Facultad de Ciencias Agrarias.

Este piedemonte se origina en la Precordillera, una gran unidad orográfica que va desde la provincia de la Rioja hasta el sur del río Mendoza. La erosión ha desgastado estos cerros y acumulado los sedimentos sobre el piedemonte. El agua constituye un importante elemento modelador de sus formas. La precipitación alcanza los 200 mm anuales. Por ello, la vegetación que aquí encontramos es típica de un clima árido, pero aun así conforma un manto vegetal que mitiga los agresivos procesos aluviales.

El piedemonte de Mendoza está caracterizado por comunidades arbustivas o de pequeños árboles conformadas por jarillas, retamo, algarrobos, molles, acompañados de numerosos cactus y herbáceas. Estas plantas pueden habitar estos sitios porque presentan numerosas adaptaciones que le permiten soportar condiciones de extrema aridez y aprovechar el agua de las escasas, infrecuentes y variables lluvias. Entre estas adaptaciones mencionamos la capacidad de exploración de sus raíces, la disminución de la pérdida de agua por la reducción de sus hojas y la formación de cutículas gruesas y cerosas. Además, suelen presentar tallos verdes fotosintetizantes y espinas. Es común encontrar especies con hojas cubiertas de pelos y sales que reflejan el sol y así evitan el aumento desmedido de su temperatura. La importancia de estas comunidades se debe a que mantienen la integridad del suelo ante distintos procesos erosivos, como los producidos por el viento y el agua, y a que sustentan comunidades de otros organismos.

Entre los arbustos, las jarillas son las especies dominantes, dando forma al paisaje y ecosistema. Tres especies de jarilla ocupan el piedemonte. Larrea cuneifolia se encuentra en el piso más bajo, en ambientes más secos. Su flor fue declarada Flor Provincial de Mendoza por Ley Provincial 7618/2006 por ser considerada representativa de Mendoza. Larrea divaricata se encuentra en un piso más alto, en zonas con menos déficit hídrico, y Larrea nítida se encuentra en ambientes más fríos y cercana a cauces de agua.

El piedemonte está surcado por numerosos cauces a la salida de las quebradas que se forman por la erosión del agua. Algunos pocos tienen agua permanente, pero la mayoría son sólo temporales. Es al borde de estos cauces que se forman comunidades, llamadas riparias, formadas por garabatos, chilcas, altepes, arrayanes y hualanes, plantas que aprovechan el agua extra aportada por los cauces y que tienen importancia en la regulación de su caudal y la protección de los mismos cuando se producen aluviones. Por ello, todos los bosques riparios están protegidos por la Ley Provincial de Ordenamiento Territorial de Bosque Nativo (Ley 8195/2010). Lamentablemente, el desarrollo y utilización del piedemonte ha hecho que estos bosques riparios tiendan a desaparecer, por lo que se vuelve prioritario generar medidas para su conservación. Un caso para mencionar es el garabato, un arbolito que cumple un rol importantísimo al evitar la erosión de los cauces, cuya dispersión sur se da en el piedemonte cercano a la ciudad de Mendoza, y es una planta en retroceso para la flora de Mendoza.

Otras plantas características del piedemonte son los diversos cactus que, con sus floraciones, presentan un alto valor paisajístico. Sus adaptaciones morfofisiológicas les permite acumular agua en sus tejidos y utilizarlos durante los períodos de sequía. Hay además numerosas pastos y hierbas que forman el estrato inferior, con alto poder de cobertura del suelo y con valor alimenticio para el ganado y animales silvestres.

Las comunidades arbustivas constituyen un elemento fundamental para el mantenimiento de la biodiversidad animal. Es posible observar diversas especies de mamíferos, como cuises, tucos, vizcachas, maras, piches, peludos, gatos; y numerosas aves, muchas de las cuales han sido cazadas para su comercialización como mascotas. Entre los reptiles encontramos tortugas y numerosas lagartijas. Pero el grupo que presenta la mayor diversidad son los artrópodos, entre los que encontramos abejas nativas, avispas, mariposas, escarabajos y otros tantos. Estas especies son polinizadoras, detritívoras, y cumpliendo otras funciones ecosistémicas. Como ejemplo, algunos estudios muestran que los ambientes naturales alrededor de cultivos proveen numerosas especies controladoras de plagas, reduciendo así la necesidad de substancias químicas para controlarlas.

Como vemos, la diversidad del piedemonte ofrece numerosos beneficios y servicios ambientales, importantes para la calidad de vida de los habitantes del conurbano de Mendoza, como la conservación de suelos, servicios de polinización, control de plagas, fijación de carbono atmosférico, belleza ecosistémica, etc. Quizás el más conocido de estos servicios es el de regulación hídrica y disminución del riesgo aluvional. Numerosos estudios indican que las comunidades vegetales del piedemonte disminuyen el impacto de la lluvia sobre el suelo, aumentan la absorción de agua y regulan la distribución del agua entre los distintos cauces. Por otro lado, la cobertura del suelo permite su fijación y consolidación evitando la erosión hídrica y eólica.

Sin embargo, muchos de estos beneficios han sido alterados por los disturbios ambientales, algunas veces naturales pero muchas veces provocadas por el hombre. Éstos modifican la dinámica de estos ecosistemas, eliminando o modificando la cobertura vegetal y la fauna asociada. El desarrollo inmobiliario y de otras actividades, y los incendios accidentales o intencionales han producido grandes transformaciones del paisaje. En gran parte del área, los arbustales bajos que hoy conocemos son etapas de recuperación de un sustrato vegetal más alto y desarrollado, que hoy es difícil ver. A esto se le suma la invasión de especies exóticas (liebre, perros cimarrones, rosa mosqueta). Todo esto pone en riesgo no solamente la diversidad de especies nativas sino también la seguridad y bienestar de las poblaciones lindantes al piedemonte.

En consecuencia, es imprescindible que los planes de desarrollo en el piedemonte se basen en lo estipulado en la Ley de Ordenamiento Territorial (Ley 8899/17), considerando las prioridades de conservación de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos, como así también la prevención del riesgo aluvional. Por ello, es necesario determinar áreas de conservación, áreas aptas para desarrollo inmobiliario, y el ordenamiento de actividades de recreación y otros posibles usos del territorio. Esta planificación debería incluir también la localización de reservas periurbanas donde se conserven los ecosistemas nativos y se planifiquen actividades recreativas y educativas.

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