Archivo | noviembre 14th, 2019

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Ser sustentable: Tomar responsabilidad de la propia vida y dar el ejemplo

Este artículo es una invitación a mirarnos juntos en las acciones de cada día a través de una palabra que se escucha bastante: sustentabilidad. En los últimos años, personas, organismos de estado, docentes, investigadores y empresas han mencionado o referido la sustentabilidad en sus discursos, artículos, tesis, clases, políticas públicas, acciones y campañas de marketing.

Por Paola Studer*

¿Qué es ser sustentable?

La sustentabilidad surge como desafío mundial a través de la ONU, con el informe Brundtland en 1987, donde por primera vez se habla de desarrollo sustentable y se acuerda definirlo como aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”. Planteándose, entre otros, los siguientes objetivos: promover un sistema económico donde los países menos desarrollados puedan hacerlo; conservar y cuidar el planeta sin poner en riesgo los ecosistemas que sostienen la vida en la Tierra; promover el uso de energías renovables; tomar consciencia de los patrones de consumo y crecimiento poblacional.

A partir de este hito, se sucede un proceso de difusión del término, y si bien ha sido ampliamente divulgado, hay un reduccionismo a la hora de ejecutarlo, por ello es importante comprender que la sustentabilidad no es una campaña de marketing, no es protocolo, certificación o autoevaluación, no es una moda, no es un concepto, no es unidimensional, no es sustituir insumos contaminantes por otros menos nocivos, es mucho más que esto.

La forma de comprender la sustentabilidad creció y se complejizó y hoy entendemos que es más que un concepto, transformándose en la posibilidad de crear un nuevo mundo basado en el respeto, la diversidad (étnica y ecosistémica), el cuidado, la equidad en los accesos y la responsabilidad de dejar un planeta mejor para el futuro de tus hijos, nietos, sobrinos.

Ser sustentable es un cambio cultural que empieza en uno/a, tomando consciencia de quién sos, cuál es el propósito de tu vida y qué deseás modificar en vos, para aportar en tu cotidianeidad -trabajo, estudios, casa e impactar en esta nueva consciencia global-.

Podés empezar desde lo más simple tomando responsabilidad sobre tus actos: sí, cada uno de nosotros es responsable del mundo que crea. ¿Qué podés hacer? TrabajaR en tu crecimiento personal, no arrojar basura en las calles, reciclar, tratar a las personas de tu entorno con respeto, amor y humildad, usar tu bicicleta para ir a lugares cercanos, comprar en los negocios locales, cultivar tus alimentos, cuidar el uso del agua. Cuando sos sustentable, tu empresa, tu trabajo, tu familia, tu hogar, tus relaciones lo serán: sé un ejemplo.

*Ingeniera Agónoma, coach, trainer espiritual, docente e investigadora, consultora independiente en agricultura sustentable y consultora en bioneuroemoción.


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Rincón de Ciencia: ¿Para qué sirve la Bioética? -->

Rincón de Ciencia: ¿Para qué sirve la Bioética?

¿Nos sirve para mejorar nuestra calidad de vida? Para muchos un saber desconocido, la bioética nació con la convicción de echar luz sobre los nuevos problemas generados por la irrupción de las biotecnologías en la vida de las personas. Su objetivo: proteger los derechos de los pacientes y sobre todo el cuidado de la dignidad de la persona.

Por Dr. Alejandro Juan Maresca*

Sin querer y sin saber, ayer me encontraba conversando con mi  amiga y en un momento estábamos compartiendo varios temas en los que aparecieron una serie de cuestiones que involucran aspectos propios de la bioética que a ambos nos inquietaban y pensé que podía empezar esta columna, como debe ser, por el principio.  Es bueno preguntarse entonces: ¿Qué es la bioética? ¿Puede colaborar a mejorar mi calidad de vida?

Vamos por parte. La bioética, para muchos un saber desconocido, se ha desarrollado desde hace algunas décadas y su origen se puede encontrar en trabajos publicados en los Estados Unidos de Norteamérica y en la Europa continental. Nació con la firme convicción de colaborar en resolver una serie de problemas nuevos que se comenzaron a generar por la irrupción de las biotecnologías aplicadas a la vida de las personas. También contribuyeron a su formación algunas experimentaciones en seres humanos realizadas no solamente en los campos de concentración, sino también y, aunque parezca mentira, en los Estados Unidos.

No son lejanos los tiempos en los que hablar de biotecnología era casi cosa de ciencia ficción. Hoy casi todos hemos tenido alguna experiencia cercana a la aplicación de modernas biotecnologías. Baste solo por el momento mencionar el caso del llamado respirador artificial. Sin embargo, estas nuevas tecnologías aplicadas a la vida, los avances de la ciencia y el espíritu innovador innato en el hombre, que ha derribado fronteras insospechadas, nos han colocado en situaciones de las cuales no resulta fácil su salida y menos una respuesta única. Hace tiempo, pero no tanto, muchas decisiones eran solo dejadas en manos de los médicos porque… si él lo dice… es lo mejor…

La bioética nació procurando proteger los derechos de los pacientes y sobre todo el cuidado de la dignidad de la persona.

Pero en este camino existen quienes piensan que la bioética es una forma única de resolver una situación, una especie de mandato obligatorio para todos respecto de lo que está bien o mal. Entiendo que esto no es verdad y pensar así lleva a más problemas que los que se pretenden resolver.

La bioética es una disciplina destinada a generar un ámbito de análisis para lograr la mejor conducta posible en la resolución de un dilema en el que estén en juego derechos contrapuestos. Hay que tenerlo muy claro: es un ámbito de construcción, de aporte, no de crítica ni condena.

Su objetivo es la dignidad humana y su regla de oro es el respeto por la diversidad.

Así entonces, forman parte del debate bioético problemas generados en el principio, en la etapa intermedia y en el fin de la vida. Las cuestiones del principio de la vida se vinculan con las técnicas de fecundación asistida, la clonación de seres humanos o partes de estos, la crioconservación de embriones, el abandono de tales embriones, la adopción preimplantatoria, la investigación en embriones y su posible destrucción. No quedan fuera de esta problemática el diagnóstico preimplantacional, la elección o construcción genotípica, las malformaciones incompatibles con la vida extrauterina, la donación de sus órganos, la anticoncepción de emergencia y obviamente el enorme problema del aborto.

En el desarrollo de la vida, los problemas abordados comprenden las posibles elecciones de determinadas terapias, el rechazo de tratamiento, el derecho al conocimiento o no de la información clínica, el acceso ilimitado a la historia clínica del paciente, su consentimiento informado previo a la realización de determinados actos clínicos, la investigación en seres humanos, la aplicación de nuevas drogas o tratamientos o finalmente la posibilidad de ser donantes de material anatómico humano en vida.

Finalmente, en el momento en el que la vida se termina, también la bioética puede hacer su aporte colaborando con LA RESOLUCIÓN DE (o COLABORANDO A QUE SE RESUELVAN…) problemas vinculados a la limitación del esfuerzo terapéutico para no someter al paciente a terapias que sólo alargan la agonía y sin su consentimiento, a la posible ablación y trasplante de órganos, a la quita de los soportes desproporcionados para mantener algunas funciones y en fin, a los problemas que se generan cuando curar es imposible pero es necesario acompañar y aliviar el dolor.

Todos alguna vez hemos estado enfermos vivenciando personalmente la debilidad en la que nos sume la enfermedad aún cuando sea menor o pasajera. Seguramente todos hemos tenido la experiencia directa o cercana de tener que asistir a un hospital y ver los problemas que enfrentan pacientes cuya recuperación es cierta, otros para los cuales es dudosa y otros en los que es humanamente imposible. Tal vivencia nos sirve de oportunidad para analizar muchas cosas y en más de una, decidir cambiar algunos aspectos de nuestra conducta diaria. Sin embargo cuando la vida nos pone frente a situaciones límites, sea en su comienzo, en su devenir o en su fin, debemos enfrentar sentimientos encontrados que no nos permiten pensar con claridad.

El nuevo Código Civil y Comercial de la Nación ha incorporado normas trascendentales y que dan rango legal general a este tipo de conocimiento. Vale la pena conocerlo para ver hasta dónde la ley nos protege.

El aporte de la bioética o de los grupos destinados a tal fin pueden acercarnos elementos de juicio e ideas útiles para la adopción de difíciles respuestas pero que nos permitan seguir sanamente con nuestra vida o la de quienes nos sobrevivan. Sin condenas, sin castigo… sin precio.

Es claro que la bioética no resuelve por sí sola el problema, pero nos ayuda a pensar y luego nos aporta ideas, sin juzgarnos y menos aun condenarnos, para superar la crisis que significan algunas decisiones trascendentales en la vida. Así, en la medida en que estemos tranquilos y convencidos de que hicimos, razonada y fundadamente lo mejor posible, en ese momento crítico, estaremos mejorando nuestra calidad de vida y la de nuestro entorno.

Hoy es posible acceder a este tipo de asistencia que seguramente no curará nuestras enfermedades ni problemas vinculados a ellas pero nos permitirá vivir una vida más plena.

*Abogado. Miembro Comité de Bioética Hospital Luis Lagomaggiore. Mail: maresca.aj@gmail.com

Alejandro Maresca. Abogado. Miembro Comité de Bioética Hospital Luis Lagomaggiore.

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