Archivo | septiembre 14th, 2018

Historias del Pago: Un honorable gobernador que vivió en Chacras -->

Historias del Pago: Un honorable gobernador que vivió en Chacras

Por Carlos Campana

Muy poco se conoce sobre la vida de este político honesto que tuvo la provincia en el siglo XX. Más allá de toda bandería política, fue inclusive respetado y admirado por los políticos de la oposición. Lo más interesante es que por muchos años, este personaje destacado fue vecino de Chacras de Coria y murió en esta localidad. Se llamó Ricardo Videla y llegó a ser gobernador de Mendoza de 1932 a 1934, además de ocupar otros cargos, como Cónsul General de Argentina en Suiza y ministro provincial de Industrias y Obras Públicas del interventor federal José María Rosa.

Conozcamos un poco más sobre su vida y su trayectoria pública.

Muchas obras con pocos fondos

Ricardo Videla nació el 24 de agosto de 1880 en la Ciudad de Buenos Aires. Obtuvo el título de ingeniero y se especializó en el exterior. Se estableció en Mendoza, la tierra de sus padres, para ejercer su profesión. Durante los comicios provinciales del 12 de setiembre de 1931, ganó la fórmula del Partido Demócrata liderada por el ingeniero Videla junto a su compañero, el doctor Gilberto Suárez Lago, y el 18 de febrero de 1932, aquel asumió como primer mandatario. Al iniciar su gobierno, debió afrontar una difícil situación financiera por la repercusión de la crisis mundial, pero puso en orden las finanzas eliminando acuerdos de ministros y revisando previamente los gastos. Además, los funcionarios del Gabinete y el propio gobernador redujeron sus sueldos. Con estas medidas logró salvar la crisis y su acción marcó el comienzo de una larga etapa de acción fecunda y constructiva.

Durante su administración, se creó el Tribunal de Cuentas de la Provincia. La crisis no impidió que se concretaran numerosas e importantes obras públicas. Promovió la diversificación industrial a través de la ley de fomento, que eximía de impuestos a las nuevas industrias otorgaba créditos a las conserveras. También impulsó la producción fruti-hortícola y alentó la olivicultura, la exportación de frutas, los nuevos cultivos, el fomento a las granjas y la instalación de frigoríficos. Con respecto a la vitivinicultura, buscó asegurar la genuinidad de vino y el embotellamiento en origen y dio beneficios impositivos a las cooperativas que elaboraran y exportaran este producto.

La salud tuvo prioridad durante su mandato al construirse el pabellón para niños y la sala de maternidad en el hospital Emilio Civit y otros nosocomios en el sur de Mendoza con su equipamiento de última generación para esa época. La educación fue una de sus mayores preocupaciones y se emprendió una campaña de alfabetización local, la construcción de edificios escolares y la sanción de la Ley de Jubilación del Magisterio, una norma por la cual los docentes venían peleando desde hacía muchos años. En turismo apuntó al fomento y revalorizó los sitios sanmartinianos por la ruta hacia Chile, desde Canota hasta el paso del Bermejo.

Honesto luchador

En 1946 aceptó integrar la fórmula gubernamental con el doctor Félix R. Aguinaga en representación del Partido Demócrata Nacional, pero fue derrotado en los comicios del 24 de febrero. Un año después se radicó en la Capital Federal donde se dedicó al manejo de firmas mendocinas, especialmente en vinos y frutos. Regresó a nuestra provincia por sus graves problemas de salud y distintos sectores políticos de la Legislatura, en conocimiento de la difícil situación económica por la que pasaba Ricardo Videla, propició concederle una pensión que él nunca pidió y que rechazó. Igualmente, la sanción de esa ley fue el único homenaje que el gobierno de Mendoza le rindiera en vida.

El ingeniero Videla fue un apasionado por la historia, en especial la vida y obra de San Martín, a quien estudió con gran profundidad. Realizó infinidad de conferencias sobre temas sanmartinianos. Entre sus publicaciones se destacó “San Martín gobernador”. Fue además miembro de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza. Falleció el 27 de agosto de 1960.

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Una dupla histórica: El vino y la madera -->

Una dupla histórica: El vino y la madera

Es antiguo el aprovechamiento de las cualidades de la madera del roble en la fermentación y crianza de los vinos. Antes de la utilización del vidrio este fue el método más utilizado para su almacenamiento y transporte.


Por Silvia Avagnina*

Un poco de historia

Los barriles de madera tienen una antigua historia. Ya los pueblos galos construían recipientes de madera y los romanos conocieron este arte cuando dominaron aquellas regiones. Vieron en esos elementos una oportunidad para transportar el vino de forma rápida y segura. La madera más común para fabricarlas era el roble, pues abundaba en los bosques europeos.

Los celtas construyeron los recipientes antecesores de las barricas simplemente ahuecando el interior de  los trozos de troncos y poniéndoles una tapa. Posteriormente lograron darle forma a las piezas (duelas) y emplearon aros de mimbre o de madera como elementos auxiliares.

Los términos barrica y tonel para designar las vasijas de transporte no aparecen hasta el Siglo V. Para el estudio de su evolución, se recurre a la iconografía, donde son numerosos los ejemplos de cubas utilizadas para almacenaje.

El roble

No todas las maderas son iguales. De los distintos tipos usados por los antiguos toneleros, sólo las de roble han continuado vigentes para la fabricación de vasijas destinadas a la vinificación y el añejamiento de vinos. Es impermeable, fácil de trabajar por su maleabilidad, resistente al transporte, aporta aromas y taninos y posee buena porosidad, lo cual permite un controlado intercambio gaseoso del vino con el exterior.

Existen unas 250 especies, de las cuales tres reúnen las características necesarias. Dos crecen en los bosques europeos, principalmente en Francia (Quercus robus y Querqus petrae) y otra, el roble americano (Quercus alba), en Estados Unidos. Sensorialmente son diferentes: el roble francés es menos agresivo y va muy bien con determinados vinos que requieren sutiles notas de madera para que sus cualidades sean apreciadas. El americano responde a un conjunto de especies que se llaman genéricamente “roble blanco americano” y es una madera más dura, densa y pesada.

Los robles se diferencian también por el llamado “grano”, un concepto de tonelería que hace referencia al tamaño de los círculos de crecimiento anual del árbol y depende de la especie de roble y de las condiciones edafoclimáticas del lugar donde se encuentra. Se denomina roble de grano fino a aquel que presenta un crecimiento de 1 a 2 mm., grano medio de 2 a 5 mm. y grano grueso, cuando el crecimiento es mayor a 5 mm.

La barrica

Su fabricación se considera una artesanía. Según sea el origen del roble, la madera es hendida o cortada con sierras. En el caso del roble francés, no se puede seguir la veta de la madera y hay peligro de pérdidas ya que los poros podrían quedar perpendiculares. Para evitar este problema es necesario hendirla mediante hachas especiales. El roble americano, por el contrario, puede ser aserrado y el rendimiento es mayor.

Luego se procede al secado, que se realiza de forma natural y la operación requiere uno o dos años. Esto permite una cura progresiva de sus componentes, pero la demanda ha hecho que el proceso se acelere con secado artificial mediante la utilización de hornos.

Luego se lleva a cabo el proceso de quemado de la cara interna de las duelas humedeciéndolas por fuera para reducir la resistencia y permitir curvarlas, asegurándolas con sunchos. Este quemado puede ser de mayor o menor intensidad dando los diferentes niveles de tostado, que van del ligero al fuerte, transfiriendo al vino una interesante gama de complejidades.

Se fabrican de varios tamaños. En nuestro país se utilizaron las cubas y los toneles de gran volumen que el paso del tiempo fue deteriorando y son pocas las bodegas que actualmente los conservan. Los vinos criados en ellas poseían un bouquet que los identificó por muchos años. La necesidad de cambiar en gran medida el estilo de los vinos, ya que no tenían aceptación en el mercado internacional, dio paso a una elaboración de mayor complejidad destacando componentes como la fruta y la madera nueva. Se reemplazaron entonces por barricas de menor volumen (225 litros) colocadas en ambientes climatizados y con una vida útil de 5 a 7 años, tiempo suficiente para que la madera cediera sus componentes.

En los últimos años, las barricas han comenzado a formar parte del paisaje vinícola mendocino, sustituyendo a los tradicionales toneles y cubas, dando paso a una nueva concepción de lo que es hoy una bodega con tecnología.

*Enóloga. Profesional asociada al INTA. Investigadora en vitivinicultura y especialista en análisis sensorial de vinos.

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