Editorial: Día Internacional de los Pueblos Originarios

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) dispuso al 9 de agosto como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Estos representan una gran diversidad con más de 5000 grupos distintos en 90 países. Están constituidos por unas 370 millones de personas, cerca del 5% de la población mundial. Sin embargo, se encuentran entre las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables.

Foto: ONU

Se estima que cuando llegaron los españoles había cerca de 2 millones de aborígenes en la Argentina. La encuesta complementaria de pueblos indígenas realizada en 2004-2005 rescata la existencia de 30 comunidades. Según el Censo realizado en Argentina en el 2010, las personas que se reconocieron a sí mismas como indígenas o descendientes de ellos fueron 955.032, constituyendo el 2,38% de la población total del país.

Todas las culturas indígenas han sido afectadas por un proceso deliberado de invisibilización promovido por el Estado.

Los pueblos aborígenes han heredado y practican culturas y formas únicas de relacionarse con las personas y el medio ambiente. Tienen, además, rasgos sociales, económicos y políticos distintos de los predominantes en las sociedades en las que viven.

Las poblaciones autóctonas han buscado durante años el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida y el derecho sobre sus territorios tradicionales y recursos naturales. Pese a ello, a lo largo de la historia, sus derechos han sido siempre violados. En la actualidad se encuentran entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo.

Nos enseñaron en la escuela primaria cuáles eran las poblaciones aborígenes de Argentina, pero nunca nos contaron la historia completa. Nos hicieron pensar que los “indios” eran los extraños y terminamos asumiendo como natural, que “los blancos” eran una raza superior. Por eso debimos imponerles nuestra religión, nuestro idioma, nuestra cosmovisión y nuestras costumbres civilizadas.

Últimamente hay ciertas miradas más racionales sobre los pueblos originarios. Estamos aceptando que nosotros fuimos los usurpadores y que tenemos una gran responsabilidad por la degradación en la que subsisten estas etnias. La marginalidad es nuestra culpa, empezando por el Estado argentino. Los mapuches vienen reclamando desde hace años que se les reconozca su territorio original. Pero gran parte de la Patagonia fue vendida a capitales extranjeros. Recordemos que para ellos no existía la noción de propiedad privada, no conocían el alambrado. Vivían normalmente tanto de un lado como del otro de la Cordillera de los Andes…

Hay algunas ONG´s, fundaciones y grupos que se han propuesto ayudar a las comunidades aborígenes. Algunos pusieron su mirada en Formosa y en el Chaco donde tal vez habiten los más desprotegidos. Consiguen diversas donaciones y colaboraciones para llevarles alimentos, ropas, medicamentos y todo lo que puedan. En Mendoza también hay personas organizadas para colaborar con la comunidad huarpe en Lavalle.

En buena hora que tomemos conciencia de las necesidades y urgencias que padecen nuestros pueblos ancestrales. Pero esto no basta y nunca será suficiente hasta que el Estado tome el toro por las astas y definitivamente solucione esta injusta situación.

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