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Hablemos de Vinos: Mendoza, la tierra elegida

La calidad de un vino está íntimamente relacionada con su región de origen. Mendoza cuenta con diversidad de terruños donde las vides vegetan en equilibrio logrando productos de alta gama y reafirmando el concepto “el vino nace en el viñedo”.


Por Silvia Avagnina*

El vino, por su encanto milenario, por el placer de ser bebido, reúne a la naturaleza y al hombre de todas las épocas, a los valles y sus vides, a la ciencia y el empirismo, a la sofisticación y la artesanía. Tiene su origen en el ecosistema clima-suelo-cepaje y difiere en función de las variaciones del clima de cada año y del manejo del viñedo.

Mendoza está comprendida en un ecosistema privilegiado, con regiones de jerarquía para el cultivo de vides destinadas a la elaboración de vinos de diferentes estilos, especialmente los de alta gama. Es bella en todas las estaciones, pero en particular en otoño, cuando sus viñedos resplandecen de colores con sus racimos borrachos de sol.

Las diferentes altitudes, hasta más de 1000 metros sobre el nivel del mar, determinan notables variaciones ecológicas que admiten el cultivo de muchas de las variedades difundidas en el mundo. Cada explotación vitícola posee, en general, varios cepajes adaptados a la naturaleza del suelo y clima de cada terruño, que pasan a integrar blends algunas veces y otras, quedan como varietales puros.

La baja precipitación con un régimen preferentemente estival, insuficiente para el cultivo de la vid, obliga a recurrir al riego con agua de ríos y subterránea, configurando oasis perfectamente delimitados. En la región cultivada no nieva, con algunas excepciones en varios años, pero la nieve es de vital importancia en la zona de la Cordillera de Los Andes, origen del agua de riego. El granizo, presente en casi todas las zonas, suele provocar importantes daños por lo que año a año los viñedos son protegidos con tela antigranizo. La ecología determina un privilegio en cuanto al control de plagas y enfermedades, que no representan problemas.

Los suelos se habrían originado por descomposición y desintegración de rocas y minerales de la Cordillera. A causa de su juventud, son inmaduros y no se nota diferenciación de horizontes genéticos. Con presencia de cantos rodados, más abundante en las zonas del pedemonte, a medida que nos alejamos, los materiales se vuelven más sueltos. La materia orgánica en general es escasa debido a la rápida descomposición que sufre por las reducidas precipitaciones e intensas labores culturales.

En el concierto de la vida, cambian los hombres, las costumbres, los pensamientos, las técnicas. Pero no el clima, la luminosidad, la altura, que se conjugan en Mendoza para brindar la ecología adecuada al cultivo de la vid. Inviernos fríos, primaveras, veranos y otoños definidos, mucha luminosidad y buena amplitud térmica, permiten que la vid se desarrolle en un medio ambiente propicio llegando sus uvas a una adecuada madurez. Se pone en evidencia que a pesar de las nuevas técnicas implementadas, el peso del terruño es importante.

*Enóloga, Profesional Asociada al INTA. Investigadora en vitivinicultura y especialista en análisis sensorial de vinos.

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