Archivo | marzo 2nd, 2018

Charla debate sobre Paridad de Género -->

Charla debate sobre Paridad de Género

“El protagonismo de las mujeres en el Siglo XXI” es el nombre de la charla debate que se realizará el próximo martes 6 de marzo a las 18.30 hs. en el Hotel Malbec de Luján de Cuyo, René Favaloro 121. Disertarán las legisladoras provinciales Daniela García y María José Sanz. Además se hará una entrega de reconocimientos.

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Séptimo cruce a pie: Travesía con la bandera como símbolo -->

Séptimo cruce a pie: Travesía con la bandera como símbolo

Por José Félix Suárez – Especial para CORREVEIDILE. Fotos: Gentileza Javier Gallar

Como un símbolo del colosal reto que encararon, del esfuerzo personal que realizaron y del espíritu solidario que animó de un modo permanente a sus tres integrantes -Javier Alberto Gallar (52 – séptimo cruce), Sebastián Sosa (44 – cuarto cruce) y Sebastián García (36 – sexto cruce), la bandera argentina que llevaron entre sus pertenencias como un preciado trofeo flameó orgullosa, acariciada por el viento en el límite exacto de la Argentina y Chile durante la travesía del Séptimo Cruce a Pie de la Cordillera de Los Andes, para unir en un amistoso abrazo a los dos países hermanos.

Un esforzado viaje de seis días a partir del miércoles 3 al lunes 8 del pasado enero, desde el Manzano Histórico en suelo argentino hasta las Termas del Yeso en la localidad de San Gabriel, en territorio chileno. De cara al desafío de alcanzar y resistir los 4.380 metros de altura, además de soportar los fuertes vientos y el intenso frío con bajas temperaturas que en esta época del año ya se hacen sentir en estas solitarias latitudes. Donde la única compañía es el silencio y el lejano vuelo de los cóndores que habitan en las rocas de la montaña mientras cientos de guanacos se esconden detrás de las laderas, lo  que siempre hacen cuando perciben el olor de los seres  humanos a quienes tanto temen. Sin liebres o pumas a la vista, que también los hay, en esas  desiertas e inhóspitas regiones.

Con la firme voluntad de no rendirse, de no bajar nunca los brazos, de continuar la marcha y caminar y ascender hasta el límite del cansancio, o de la oscuridad de la noche que los hizo detener cada jornada para conciliar el sueño en la bosa de dormir que cada uno transportó en su mochila. Obligados a pernoctar a la  intemperie bajo un cielo de luminosas estrellas, en una ruta poco transitada y de escasos refugios. Provistos también de un calentador para la comida, sobres de café, leche en polvo, salames y otros fiambres, sopas instantáneas, milanesas y dulce de membrillo. Con la ropa de abrigo necesaria y sin frazadas, porque aumentaban el peso de la carga que llevaron sobre sus espaldas que no puede superar los 25 kilos para no dificultar el paso en esa agreste geografía. Así fue el viaje de estos tres mosqueteros unidos por la aventura que dejaron  atrás, entre otros, el Refugio Scaravelli (3.100 metros), La Lagunita (seca y sin agua) y El Portillo (4.380 metros) en el ascenso, y Real de la Cruz (3.100 metros) y Las Termas del Yeso en San Gabriel  y Puente Alto, al que se accede en colectivo en el descenso. Reunidos para la foto en El Caletón, en la  misma  piedra del año pasado, cuando fueron 11 los integrantes de la expedición en homenaje  entonces a la fecha del bicentenario.

El relato

Javier, que es agente de seguros y fotógrafo profesional, habitual colaborador de nuestro periódico, quien además es el mentor desde hace siete años de manera ininterrumpida de esta formidable experiencia de vida, se convirtió en el vocero de sus dos amigos y compañeros, porque los representó en la charla con Correveidile: “El nuestro es un objetivo que cumplimos con gusto, por placer. Aunque al segundo día, cuando ya no podíamos volver atrás por el compromiso   asumido, nos preguntábamos a nosotros mismos: “¿Por qué vinimos otra vez? ¿Qué hacemos acá?”. Mientras otra gente estaba de paseo o de vacaciones en las  sierras o las costas, nosotros en ese lugar con una misión muy distinta. Nunca nos arrepentimos, aunque a veces también se duda. Cuando nos faltaba el aire o nos dolía la cabeza, cuando amanecíamos con las manos y los pies helados, cuando veíamos la huella de piedras que teníamos que subir para llegar a los 4.380 metros -el punto más alto de la travesía-, nos hacíamos esas preguntas. Aunque parezca increíble, un día caminamos 14 horas, porque salimos a las 7.30 de la mañana y llegamos a las 9.30 de la noche. Es duro, porque hasta se piensa que uno se puede quedar en el medio de la nada. Por suerte la marcha resultó muy tranquila, no tuvimos que lamentar caídas o lesiones, salvo lo incómodo del viento que allá arriba soplaba con mucha  fuerza”.

En su relato Javier dejó dos últimos testimonios: “Como siempre todo lo hicimos a pulmón, con nuestro propio sacrificio. No nos interesa para nada lo material, comercializar nuestro cruce, obtener un provecho económico. Solo lo espiritual. Como ese hermoso momento de ver flamear en el límite con Chile la bandera argentina que por primera vez llevábamos en nuestro equipaje.  Resultó lo máximo y nos llenó  de orgullo. Fue algo muy emotivo, que no se paga con nada, ni con todo el dinero del mundo”. Así se cerró esta nota y entrevista con la esperanza de Javier, que quizás el año próximo pueda acompañarlo una de sus hijas: Virginia. ¿Por qué no?, agregamos nosotros.

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Chipacitas: Sinopsis de un riquísimo emprendimiento -->

Chipacitas: Sinopsis de un riquísimo emprendimiento

De los viajes y las tradiciones culinarias de nuestro país surge este proyecto gastronómico para compartir y degustar a toda hora.


“Hace un tiempo me tocó vivir unos años en Posadas, Misiones, y en esa experiencia conocí uno de los mayores placeres de la vida: el chipá. Ahí descubrí también su verdadero sabor y algunos secretos para lograrlo”, dice Facundo, creador del emprendimiento junto con su novia Emiliana. Esta pareja amante de la cocina comenzó -sin saberlo-, con Chipacitas, cuando compraba del supermercado un paquete casi listo de este emblemático pan del Litoral. “Pero hace unos meses Emi me envió fotos de chipá artesanales y se nos ocurrió empezar a soñar con este proyecto”.

Emilia es vecina de Chacras de Coria y estudiante del último año de Arquitectura y Facundo vive en Vistalba y está a dos materias de la Licenciatura en Administración de Negocios. “Gracias a esto y a tener puntos de vista distintos, nos complementamos muy bien”, comparte. Juntos elaboran chipá artesanal de calidad gourmet y con una receta “de autor”, sugieren. “Luego de decidir el nombre, comenzamos a darle forma buscando los mejores productos naturales y frescos e información sobre cómo cocinar respetando normas de higiene. Hace casi un mes nos lanzamos al mercado con nuestras Chipacitas llenas de puro queso y sabor”.

Los interesados pueden contactarse a través de Instagram o Facebook o a sus celulares: 2616185322 (Facundo) - 2612099219 (Emiliana). “Las Chipacitas las pueden buscar por nuestros domicilios y también hacemos entregas a domicilio”.

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Cine: Los Premios Oscar y “El cuento del tío” -->

Cine: Los Premios Oscar y “El cuento del tío”

Por Patricio Pina* – Especial para CORREVEIDILE

El próximo 4 de marzo millones de personas en todo el mundo mirarán por televisión una de las transmisiones globales más aburridas del año: la ceremonia de entrega de los Premios Oscar.

Serán, como siempre, más de tres horas -y alguna más, si nos interesa el desfile por la Alfombra Roja- de monótonas rutinas que incluirán una presentación con humor endogámico norteamericano poco interesante, decenas de discursos, cientos de planos de celebridades de diverso tono y también de desconocidos: menú letárgico sazonado con el consabido recordatorio a los que ya no están, pinceladas a lo Broadway en los números musicales y visionado reiterado de los trailers de las películas en competencia. Y un año más, a pesar de la propuesta tan previsible como escasamente promisoria, allí estaremos.

¿Por qué?

Los Oscar, bautizados así, según narra la leyenda, por la bibliotecaria de la Academia Margaret Herrick, quien encontró en la famosa estatuilla del premio cierto parecido con su tío Oscar, marcan el pulso del gusto cinematográfico más globalizado, pues la penetración del cine estadounidense a nivel mundial es simplemente arrasadora.

Su preeminencia a través de la historia ha moldeado la educación cinematográfica de generaciones, dejando a las producciones de otras latitudes en roles marginales que precisan de regulaciones estatales para hacerse visibles. Hemos visto cine norteamericano desde que nacimos, en grandes salas o en la tele, y las carteleras comerciales nos lo ofrecen en cantidades literalmente industriales. Nos gusten o no, son las películas que más conocemos.

Y la ceremonia de la entrega de premios nos brinda anualmente la posibilidad de jugar en nuestras casas a ser miembros de la Academia (miles de técnicos de todos los rubros cinematográficos, que realizan sus elecciones en medio de lobbys intensos y variado desinterés: ¿acaso alguien ve todas las películas?) y así votar por nuestra película favorita o aquella actriz que tanto nos gusta, mientras desechamos a aquel actor que tanto odiamos. La omnipresencia mundial de la industria norteamericana nos hace a todos más o menos conocedores del asunto y las apuestas caseras están servidas.

Los Oscar son decisivos para la suerte comercial de muchos films, por lo que la Industria pone todas sus fichas en el premio (la distribución a escala planetaria puede depender de ellos). Nosotros, simples espectadores amantes del cine, podemos tomarnos el asunto con más calma. Y deberíamos también restarle importancia artística a los veredictos que se pronuncian tras el consabido “And the Oscar goes to…”

Los gustos de la Industria son volubles, poco afectos al riesgo estético y muy atentos a las corrientes políticas del momento: pueden premiar mastodontes soporíferos (“África mía”) o thrillers inolvidables (“El silencio de los inocentes”), mientras deja de lado clásicos inmortales de la historia del cine (“Citizen Kane”, “Psicosis”, entre muchos otros).

De modo que, si la noche de los Oscar es uno de nuestros placeres culposos, no debemos olvidar que, entrada la madrugada, seguramente terminaremos decepcionados, recordando una vez más que el prestigio de este premio es puro cuento.

*El autor es rector de la Escuela Regional Cuyo de Cine y Video.

CURSO TALLER DE CINE EN LA BIBLIOTECA

“Clásicos no tan clásicos” es el nombre de la serie de encuentros que se realiza en la Biblioteca Popular Chacras de Coria. A cargo del mismo está Patricio Pina y Claudia Nazar. El costo del curso-taller es de $400. Los sábados a las 19 hs. en Viamonte 5191. Tel. 4962985.

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