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La gran hazaña de Gonzalo Peñalva en el Everest

“Namasté” es el cordial saludo de esos hombres y mujeres inclinados sobre los campos de arroz, mientras realizan su silenciosa tarea de largas horas cada jornada, desde la mañana hasta la noche. Es el momento en que levantan sus cuerpos, fijan su mirada a su alrededor y agitan sus brazos en testimonio de bienvenida y amistad al paso de esos 59 atletas llegados de distintos países del mundo que participan de la Everest Trial Race.

Por José Félix Suárez – Especial para CORREVEIDILE

Se trata de una nueva edición de la travesía más difícil del mundo, en la que se deben recorrer 160 kilómetros en seis días de complicada y extenuante marcha a los pies del Everest, la montaña más alta del planeta con sus impenetrables 8.848 metros de altura, que se ubica imponente en la parte central de la Cordillera de los Himalayas en la frontera con Nepal y el Tibet.

La competencia en que toma parte nuestro vecino, empresario y deportista Gonzalo Peñalva, gerente de The Sportsman y Piedrabuena, que feliz y extenuado logra completar el recorrido pleno de accidentes geográficos, entre ascensos y descensos que exigen el mejor estado físico y la máxima concentración posible. El ha cumplido sus metas y objetivos, para los que se preparó con gran responsabilidad con el apoyo de su profesor Federico Fader, especialista en entrenamientos de alto rendimiento.

Gonzalo logró la hazaña, entró en la historia de una prueba única y apasionante, y en la propia línea de llegada descargó por Facebook toda su ansiedad y emoción contenida durante esos seis interminables tramos que han provocado una enorme cantidad de abandonos: “Este esfuerzo, este entorno y esta cultura te hacen valorar lo importante. Gracias y mil gracias a todos ustedes por apoyarme, ya agradeceré personalmente a cada uno, pero no puedo esperar ni un minuto sin agradecerte a vos, Pauli, te quiero. A mi entrenador, Fede Fader, por mucho más que entrenarme”.

Conmovido mensaje de un ser humano más que agradecido, protagonista de una aventura que parecía imposible y que ha convertido en realidad con su esfuerzo, respuesta que ahora lo ha transformado en un verdadero y auténtico sportsman del deporte, luego de otras experiencias coronadas con la misma voluntad e idéntico espíritu: automovilismo -integró el primer grupo de mendocinos que corrió el Dakar del 2011-, ciclismo y natación hasta que descubrió en el running el nuevo desafío que buscaba.

Los Himalayas

“Namasté”, “Namasté” repiten entre los arrozales esos seres anónimos de rostros curtidos y quemados por el sol, sorprendidos por la presencia de los 59 deportistas que aparecen ante sus ojos, provistos con su bolsa de dormir, los bastones que deben utilizar para atravesar las zonas de escaladas más dificultosas, sus abrigos y algo de comida que llevan en sus mochilas -y que no pueden pesar más de seis kilos-.

La marcha continúa a buen ritmo con el nepalés Suman Kulung, que será el postrer vencedor a la cabeza, mientras Gonzalo, que es el único argentino inscripto, se mantiene en el grupo más calificado. Los competidores se encuentran al pie de los Himalayas, la cordillera que se extiende Oeste a Este desde Afganistán hasta Birmania en una franja de aproximadamente 2.500 kilómetros, de 14 cumbres de más de 8.000 metros y cerca de otros 70 picos de más de 7.000 metros. Donde además del gigante Everest, casi en la misma línea de ese infinito horizonte vestido de blanco por las nieves y hielos eternos, asoma también el Dhaulagiri con sus  8.172 metros de altitud. Además a la distancia los cerros K2 (Chogori), Kangchen, Junga, Lhotse, Makalú, Cho Oyu, Manaslú, Nanga, Parbat, Annapurna, Gasherbrum I, Broard Peak, Gasherbrum II y Xixabangma.

Al pie de esas montañas de roca pura aparecen los valles formados por los ríos Kaly Gandaky, Myagar Khola y Myandgy Khola. Como si fuera una postal, el paisaje es verde, muy verde, rodeado de típicos poblados, antiguos templos, vastos arrozales, altos collados y callados agricultores. Es la gente del cielo -del propio Himalaya, de las montañas-, es la gente del valle (de la tierra). Son los nepaleses y los tibetanos, los que también cantan cuando la caravana de la Everest Trial Race profana la soledad y tranquilidad de sus dominios. Se trata de un mundo milenario por su historia, su cultura, sus costumbres, su gente.

Allí también habitan los llamados sherpas, que son los portadores de bultos, los que cargan los equipos de los andinistas que van en busca de esas desafiantes cumbres, como alguna vez lo hicieron los mendocinos Miguel Angel Lito Sánchez (Dhaulagiri: 05-10-1990), Heber Orona (Everest: 27-05-1999) y Luciano Badino (Lhotse: 25-05-2012, que fue la expedición que integró el actor Facundo Arana), que entonces estuvieron tan cerca del cielo y las estrellas.

Rincones en los que el tiempo es tan variable que se puede pasar del calor sofocante y la alta humedad al frío intenso en cuestión de horas, con tormentas de lluvia y viento que se anuncian en cuestión de minutos. Travesía que recorre todo tipo de obstáculos y dificultades, con pronunciados desniveles, con caminos marcados o no, entre arrozales y otras plantaciones, sobre un terreno muchas veces fangoso y resbaladizo, entre las mismas calles de tierra y piedras sueltas  en las que cientos de niños juegan descalzos.

Para permitir que los corredores pudieran hidratarse, la organización colocó puestos especiales en distintos lugares, según cuenta Gonzalo, que agrega que al partir ya no podían regresar al hotel en que se habían alojado y que para poder descansar solo podían hacerlo en campamentos ubicados en el trayecto de la competencia y hasta alcanzar la ansiada línea final que nuestro vecino coronó  a la par de otros ultramaratonistas mucho más preparados y experimentados.

El relato

A su regreso a Mendoza, donde fue uno de los invitados especiales a la reciente inauguración de Chacras Park, la nueva ciudad empresaria que ubica frente a los caracoles, Gonzalo Peñalva se mostró satisfecho y orgulloso de haber podido completar las seis etapas de la prueba de 160 kilómetros. Comentó que resultó muy importante su excelente estado atlético por lo que ponderó una vez más el excelente trabajo de su entrenador, Federico Fader, que lo puso a punto físicamente. Se recuerda que Gonzalo, que pasó de disputar maratones de 24 kilómetros a otras de 100 el año pasado, cumplió varias sesiones de entrenamiento en Penitentes antes de viajar a Asia.

Al respecto se conoció la opinión de Fader muy orgulloso del logro alcanzado; “Gonzalo trabajó siempre muy duro. Es más, lo viene haciendo desde hace varios años y responde muy bien a la altitud. Cuando descubrió el running encontró lo que tanto buscaba y se puso a entrenar muy en serio. Esta vez durante el último tramo del entrenamiento hicimos un training en Penitentes y durante cuatro días realizamos varias sesiones de distinta altitud y subió el cerro Penitentes.  Afortunadamente su ritmo de marcha nunca bajó en la altitud y eso obviamente le sirvió en el Everest. Todo lo que ha alcanzado es por su esfuerzo personal y estoy muy contento que así sea”.

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