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Arquitectura patrimonial: La década del ‘30 -->

Arquitectura patrimonial: La década del ‘30

La vecina e historiadora Verónica Cremaschi nos adentra en esta nota al maravilloso mundo de la arquitectura mendocina de la década del ’30 del siglo pasado. Se trata de algunas ideas que forman parte de su trabajo “La arquitectura estatal en Mendoza en la década de 1930”, con el cual obtuvo una primera mención en el Premio Ida y Vuelta, distinción otorgada anualmente por la EDIUNC (editorial de la Universidad Nacional de Cuyo), cuyo objetivo es la edición y publicación de una monografía en formato de libro de divulgación.

Hotel de Potrerillos. Los Andes 1 de enero de 1941 sp.

Por Verónica Cremaschi*

La década de 1930 en Mendoza resulta un período rico en matices en el que se experimentaron distintas soluciones arquitectónicas en una provincia que crecía vertiginosamente y en la que se producían cambios a nivel tecnológico y poblacional.

Durante esta etapa se concretó una gran cantidad de obra estatal, destinada a cubrir las demandas sociales en distintos ámbitos. Las intervenciones fueron realizadas en diversas áreas, vivienda, salud, edificios públicos, etc. La característica que compartían estas edificaciones eran su monumentalidad y el empleo de nuevos materiales.

El período histórico que analizamos, corresponde al arco temporal de 1930-43 y estuvo signado políticamente por lo que se ha denominado como la “Restauración Conservadora” o el “Neoconservadurismo”.

Esta designación se debe a que la facción política que retuvo el poder en esta década retomaba algunos de los ideales conservadores previos a los gobiernos radicales. Sin embargo, a pesar de que buscaba restablecer algunas características del régimen oligárquico del período 1880-1916, presentaba variaciones con respecto a éste.

Si bien el resurgimiento de esta línea política estuvo en manos de ex integrantes de aquel partido Liberal, constituido por dirigentes que provenían de familias tradicionales, ahora se sumaban los inmigrantes prósperos. Éstos se habían posicionado socialmente gracias a los títulos universitarios obtenidos en distintas universidades nacionales.

Dentro de la línea neoconservadora surgió el Partido Demócrata Nacional, que estaba constituido por una coalición heterogénea de partidos provinciales, unidos a partir del desplazamiento del radicalismo.

Es importante destacar que, durante la etapa neoconservadora, existió un fuerte incremento en las obras de arquitectura de la provincia, impulsadas tanto por entes públicos como por particulares.

Como muestra de este crecimiento citamos los números que difundía el diario Los Andes, que indicaban los montos de las inversiones en construcciones, bajo el contralor de la Municipalidad de Mendoza: mientras que en 1930 el monto registrado era de 2.503.140 pesos, en 1943 esta cifra subió a 7.155.411.

La promoción y realización de construcciones tenía por principal objetivo reactivar el mercado interno, superar la desocupación y los reclamos sociales y laborales del sector obrero. Estas acciones intentaban paliar la crisis económica mundial que reinaba por entonces.

Arco del Desaguadero. Inauguración. La Libertad, 13 de octubre de 1936, p. 4.

Un ejemplo de arquitectura estatal monumental del período. Las obras destinadas al turismo.

En este marco de incentivo a la obra pública, también el sector turístico se vio influenciado: detectamos un gran desarrollo de la arquitectura destinada a infraestructura de este sector.

El fomento del gobierno a la industria sin chimeneas se había visto impulsado, además, por acciones como la implementación del sábado inglés (1932) y las primeras vacaciones pagas correspondientes a los empleados de comercio en el año 1934. Esto daba más tiempo y dinero a los trabajadores para poder viajar y vacacionar en distintas regiones del país.

Dos características eran permanentemente destacadas en las notas relacionadas con la promoción turística sobre los motivos que hacían de Mendoza un lujar interesante como destino. La primera aludía a la belleza natural de la provincia, sus paisajes y sus montañas. La segunda refería a la importancia histórica de la región como cuna de la liberación americana. Esta última era fuertemente enfatizada, y consideramos que se debía al interés por el pasado regional y nacional que se evidenciaba en estos años. Sin embargo, también se repetía la falta de infraestructura para explotar estos recursos. Estas últimas falencias intentaron ser subsanadas con el fomento a la edificación de hospedajes.

Como característica compartida con la obra estatal general de este período, la de turismo se destacó por sus grandes dimensiones. Un ejemplo muy particular de esta arquitectura monumental, fue el proyecto de un hotel a construirse en la ciudad que circuló en Los Andes en 1937.

Iba a poseer seis pisos de altura, un lenguaje geométrico y despojado, estaría coronado por una antena de grandes dimensiones y ocuparía la cuadra entera. Su maqueta fue exhibida en una de las exposiciones de obras estatales que se realizaron en la década del ´30 en las que se mostraban las obras a encarar por el gobierno. Finalmente no fue concretado, pero su planificación nos ayuda a comprender las concepciones sobre arquitectura pública que tenían estos gobiernos, en la que los preceptos de grandiosidad y riqueza estaban presentes de una forma evidente.

Hotel de Villavicencio. La Libertad, 29 de marzo de 1941, sp.

Obra pública, explotación privada

Hacia fines de 1937, se daba a conocer un proyecto de ley que autorizaba a construir una serie de hoteles estatales que serían dados a la administración particular. Este proyecto se transformó en la ley 1298, que otorgaba beneficios a privados que invirtieran en este sector, pero que también concedía la posibilidad de que el Estado construyera sus propios hospedajes. Por medio de esta medida se intentaba crear establecimientos de distintas categorías debido a la opinión de que, en sus vacaciones, hacían turismo todas las clases sociales, desde el obrero hasta el alto empleado o el universitario.

Esta ley posibilitó la creación de un importante hotel en Potrerillos. Este establecimiento poseía los últimos adelantos técnicos en lo referido al confort, disponía de agua caliente y calefacción central. Debido a los factores arquitectónicos y paisajísticos sería un gran aporte a la provincia, ya que, según se afirmaba en el diario Los Andes, el propósito y proyectos generales se ajustaban a todas las características de los modernos hoteles de turismo. Además, por su emplazamiento en el pintoresco lugar erigido, constituía una atracción extraordinaria para el turismo.

Empleando el mismo lenguaje fue levantada, por medio de la intervención estatal, la hostería del Dique Cipolleti en Luján de Cuyo, de proporciones más modestas. Actualmente se ha refuncionalizado como restaurant y casa de té.

Otro importante hospedaje realizado en esta etapa fue el hotel de Villavicencio, que si bien fue edificado con capitales privados, se construyó por medio de la adhesión a los beneficios que la ley antes citada otorgaba a particulares. Comenzó a levantarse a inicios de 1940, había sido diseñado por proyectistas de Buenos Aires del reconocido estudio Sánchez, Lagos y de La Torre (1); y llevado a cabo por Rosso e Hijos y López Frugoni. Contaba con 45 habitaciones con baño privado. De aires normandos, su arquitectura se relacionaba con el contexto paisajístico en el que preponderan los cerros forestados y los arroyos. La disposición volumétrica se había realizado diagramando una “c”, en cuyo vano existía una amplia terraza desde la que se tenía una vista panorámica del entorno. En su realización se emplearon los materiales de la zona como la piedra y la madera.

Acompañando este importante desarrollo de hospedajes surgieron, además, distintas instalaciones que servían de cobijo al viajero o le brindaban asistencia. Así se crearon, por ejemplo, distintas estaciones de servicio y paradores del A.C.A. Una porción importante de ellos fue diseñada siguiendo la línea californiana. Como ejemplo de esto podemos citar la estación que se realizó en la ciudad de San Martín, la de la Carrodilla en Luján y la de Rivadavia. El californiano fue desde los inicios, representativo de las obras de Y.P.F., así es que se llevaron a cabo numerosas construcciones de esta entidad siguiendo sus líneas.

Una obra destinada a estos fines, trascendente por su monumentalidad, fue el Arco del Desaguadero. Esta obra contaba con un arco de 8 metros de ancho por 9 metros de alto, una bomba de nafta de Y.P.F., oficinas de la policía del vino y caminera, control sanitario, correos, local para reparaciones, hospedaje y comedor.

Estos edificios, por su accesibilidad, tamaño y materiales, fueron muy difíciles de mantener y terminaron degradándose, algunos pocos años luego de su inauguración. A pesar de ello, resultan realizaciones de importante interés por su calidad arquitectónica y por sus connotaciones simbólicas que expresan los afanes y anhelos de la clase política en un momento trascendente de la historia provincial.

Proyecto de Hotel de Turismo. Los Andes, 7 de noviembre de 1937, p.14.

(1) Para tener una idea de la trascendencia de este estudio baste nombrar que diseñó la emblemática torre Kavanagh en Buenos Aires, la que al tiempo de su terminación fue el edificio más alto de Latinoamérica. Hoy este edificio es monumento histórico nacional.

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