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A Chile: Un rato a pie y otro caminando

(Del 12 al 19 de Enero 2012)

 

¿Qué motivará a ciertas personas a encarar empresas riesgosas, difíciles, cuyo éxito nadie puede asegurar? Tal vez, espíritu de aventura? enfrentar nuevos desafíos?, admiración a la naturaleza?, o simplemente darse el gusto de lograr lo que pocos pueden?

Lo que leerán a continuación, seguramente es una mezcla de todos esos posibles motivos.

Pedro Céspedes (57años), docente, albañil  y avezado andinista con dos cumbres en el cerro El Plata de 6.050 msnm, el Frankee, de 5100, el San Bernardo de 4.600 aprox., el Stepanek de 4.800 y Javier Gallar (46 años), fotógrafo profesional, empecinado ciclista y persuasivo cobrador de diarios y seguros, emprendieron a pie el cruce de la Cordillera de los Andes por el Paso del Portillo.

Esta entrevista, entre pizzas y cerveza, transcurrió amena durante más de tres horas. Muchas anécdotas, algunas graciosas y otras no tanto, reflexiones sobre el cuidado del medio ambiente y algunas sugerencias ocuparon nuestro tiempo.

A continuación, a modo de resumen, el relato de los protagonistas.

La travesía comienza el 12 de enero de 2012, a bordo del Falcon 70’ de Javier. En él llegaron hasta el Portinari, el puesto de Gendarmería Nacional, a 13 km. del Manzano Histórico. En este sitio deben hacerse los trámites de aduana y migraciones. “Comienzan las caras de asombro” – dice Javier. Claro, los gendarmes no entendían que se iban a pie a Chile y que al regreso buscarían el vehículo, quién sabe cuando.

Ahí comienza la caminata. El primer objetivo es Refugio Scaravelli, para pasar la noche. “Ese fue un día corto” comentan. Claro, que con mochilas cargadas con 25 kg y trepar la cuesta de “Los afligidos” (que bien merecido lleva su nombre) no es un paseo cualquiera. Cerca de las 18hs. se instalan allí para pernoctar a 2.300 msnm. Un merecido asado y a descansar.

El día siguiente, antes de las 8hs. emprenden hacia El Portillo. En la zona de Manantiales, cerca de la Tumba del Polaco, el conductor de una camioneta se ofrece a llevarlos un trecho. “Gustosos aceptamos”- confiesa Javier. Esta circunstancia les permite ahorrar un poco de tiempo. “Pensábamos pasar la noche en ‘Las yaretas’ pero nos entusiasmamos… Nos dejaron a 4hs del Portillo Argentino, así es que seguimos trepando hasta el Portillo (4380 msnm) donde arribamos a las 16hs y se veía que venía un temporal”. Javier reconoce que esta subida es una de las partes más duras de la travesía.

Desde aquí hasta el Refugio Real de la Cruz son 8hs más de caminata. En la parte más alta comenzó a nevar y, a medida que descendían, groupe  y luego lluvia hasta las 21hs cuando cruzan el arroyo “El Mansa” (no es un arroyito cualquiera y de manso no tiene nada, a mí casi me arrastra ‘N de R.’).

Finalmente llegan al Refugio pasadas las 24hs. La fatiga es grande. Han caminado 16 hs. por sitios que presentan distintas dificultades, sobre todo una zona de morenas donde es casi imposible ayudarse con el bastón y dosnde el suelo es muy irregular. Aquí se encuentran sólo con los militares del Ejército Argentino (cuatro) que están encargados de su custodia. Con algo de pena relatan que estas personas prácticamente no tienen nada que hacer. “Cuentas los días, horas y minutos que restan para volverse”- dice Pedro. Generalmente pasan 20 días hasta que llega el próximo relevo.

Avanzada la charla Pedro sugiere que “ya que el uso del Refugio es absolutamente gratuito, las personas que se albergan en él podrían colaborar con algo; especialmente los grupos que llegan con caballos o mulas”. “Un metegol, una mesa de pin pon, algunos libros, o cualquier elemento que contribuya a hacer más placentera la estadía, tanto de los soldados como así de los que allí pernocten”. “A las empresas que lucran con este ‘turismo’ de aventura no les costaría mucho”.

En El Real de la Cruz deben permanecer dos días (que no vinieron mal para reponer fuerzas) ya que la principal dificultad es el cruce a pie del río Tunuyán. Este, a pocos kms. de su naciente baja caudaloso y con mucho material de arrastre, incluyendo grandes piedras. Pero la buenaventura no los abandonó. Al segundo día llega un grupo de jóvenes a caballo para festejar un cumpleaños justo allí. Además de traer consigo abundante bebida y comida, tenían buena onda.

Fue así que durante la opípara cena estos muchachos se ofrecen a cruzarlos el río Tunuyán a caballo. “Le ofrecimos pagarles por el cruce, pero no aceptaron de ninguna manera” – comenta Javier. Un gesto noble que distingue a los que van a la montaña por placer de los que sólo quieren lucrar como sea.

A la mañana siguiente, cerca de las 9hs. cruzan el río y comienzan a remontar el río Palomares y caminan hasta sobrepasar el “Real de la Oveja” durante 12hs. El paisaje, aún en territorio argentino, va cambiando. Muchas liebres, el suelo es más dócil y la pendiente más suave. Deben cruzar varios afluentes del río Palomares (que algunos confunden con el río Salinillas, cuando este es un afluente del Palomares). Hicieron carpa cerca de las nueve de la noche y al otro día, amaneciendo, a seguir caminando.

Van rumbo al hito que demarca la frontera argentino-chilena. Llevan puesto todo el abrigo disponible. Hace frío y el viento sopla fuerte. En la travesía advierten que donde antes había agua (Pedro ya había realizado este trayecto, N. de R.) ahora no la hay. Esto trae algo de pena a los caminantes durante 4hs.

Pero finalmente la emoción: llegar al límite. Ahí esta el hito con una desvencijada bandera argentina, sufriente por los vientos y la intemperie, como anunciando, que de ahí en más, se cruza a otro país.

Pedro comenta: “llegando al hito, hacia el sur – oeste hay, dos cerros importantes que son el Marmolejo, que tiene un glaciar en la base, y el San José. Y también maravilla la vista del glaciar Mesón de San Juan.”

Desde el límite, Paso Piuquenes (3.200 msnm) caminan hasta el río Yeso. Cerca de las 19.30hs intentan cruzarlo. “A esa hora viene muy crecido, arrastrando piedras.” “Incluso a mí casi me lleva” confiesa el estoico Pedro.

Ya en la margen derecha del río Yeso divisan tres carpas iguales. La buenaventura los sigue acompañando. Había un grupo de investigadores. Un ingeniero italiano realizando un estudio sobre la evolución del Glaciar Pirámides. En el mismo sitio conocen a un matrimonio de europeos, el suizo y ella alemana, que andaban recorriendo sudamérica en una Trafic.

Arman carpa cerquita de las aguas termales.

El chileno, baqueano y cocinero de los italianos, les brinda comida (¿habrá notado sus rostros famélicos?).

A las nueve de la mañana, ya disfrutando de las aguas termales, y como si fuera una escena de algún film de Fellini, la alemana aparece con una fuente repleta de porciones de sandía, a modo de desayuno. Imagínense uds., estar haciendo la plancha en agua tibia, totalmente relajados, después de haber caminado y sufrido durante horas y que aparezca una blonda joven alemana ofreciendo fresca sandía fresca. ¿Qué tal? No todo es penurias en la vida del montañés.

Entrando en confianza, luego de algunos cabildeos, el suizo ofrece acercarlos en su vehículo hasta San Gabriel, el pueblo más cercano y vinculante con Santiago de Chile. Obviamente que no rechazaron la propuesta. Así es que, como pudieron se acomodaron con sus mochilas en la trafic y ¡a dejar de caminar!

Claro que antes de partir, Pedro que además de maestro, albañil y andinista es también un geógrafo no titulado, aprovechó la ocasión para advertirle al ingeniero italiano que investigaba el glaciar Pirámides, qué cartas geográficas podía usar para continuar sus investigaciones en ese terreno. El italiano tomó debida nota.

La cuestión es que este matrimonio europeo los lleva a San Gabriel. Ahí deben realizar trámites aduaneros y de migraciones. Nuevamente las caras de sorpresa. ¡Vienen caminado desde Argentina! No están muy habituados ha recibir a este tipo de caminantes y menos cuando son veteranos.

Finalmente el vehículo los acerca hasta San José del Maipo, aproximadamente a 30 kms. de Santiago.

Luego fue el retorno exitoso, en colectivo, hasta Mendoza.

La última reflexión de nuestros entrevistados se refiere al cuidado del medio ambiente. Advierten que muchos desaprensivos van dejando residuos, algunos muy contaminantes, como pilas, desparramados por doquier. Nada costaría a las empresas de turismo o a los organizadores de excursiones brindar una bolsa para residuos donde cada uno deposite la basura que provoca y que la retorne a donde vino. Ellos, por ejemplo, recogieron pilas tiradas en un refugio y las cargaron en sus mochilas para depositarlas en un sitio adecuado. Si todos hiciéramos lo mismo nuestra naturaleza estaría satisfecha.

Aunque la verdadera aventura finaliza cuando Javier puede recuperar, luego de diez días, su Falcon 70’ de Portinari.

GABRIEL GALLAR

(N. de R. fue un gusto realizar esta entrevista a Javier, que es hermano consanguíneo y a Pedro que es hermano por elección)

1 Comentar este artculo

  1. Ricardo Aguirre Dijo:

    Muy linda historia
    Hace años que quiero hacer el cruce pero no encuentro con quien (nadie se anima)…no me pueden tirar una hoja de ruta un mapa o algo por el estilo, gracias
    Ricardo

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