Categoría | Arquitectura

Paisajismo: Las palmeras en nuestro contexto

El que planifica el paisaje

Si de palmeras se trata…

¿Su uso es sustentable? ¿Tienen que ver con nuestra identidad? ¿Son resistentes a la sequía? ¿Cómo se consiguen ejemplares de gran magnitud, algún viverista las cultiva o colaboramos con su extracción del monte natural de otras zonas de nuestro país? Significan calidad de vida o sólo nivel de vida? ¿Respetamos nuestro entorno?

Por Eugenia Videla y Sonia

Las palmeras forman un grupo de plantas arbóreas, tropicales, de características muy particulares.  Se conocen unas 1500 especies, de las cuales diez forman parte de la flora del noreste del país. La más próxima a nuestra provincia es “caranday”, palmera que llega hasta el norte de San Luis. Por sus características ecológicas, sólo una pocas se adaptan a ser cultivadas en Mendoza.

Las palmeras son protagonistas de la historia de nuestros jardines desde hace mucho tiempo.

Su incorporación en el jardín tuvo que ver principalmente con la introducción de especies foráneas a mediados del siglo XIX, principios del XX, cuando particulares las cultivaron en sus casonas como un elemento vegetal exótico, especialmente en la zona de Maipú. Su presencia escueta brinda un valor singular y distintivo.

Por aquel entonces, si bien en cantidades relativamente limitadas respecto al conjunto total de vegetación implantada, fueron utilizadas en la conformación de los espacios verdes públicos. En este punto no podemos dejar de pensar en la Avenida de  las Palmeras o de la Pichardas en nuestro Parque General San Martín.

En épocas relativamente recientes se ha generalizado el uso de las palmeras, especialmente en el ámbito privado, en parte por la idea banal de querer imitar escenarios que se plantean en geografías tropicales, como imaginario popular de lugares paradisíacos, o como mera copia del estilo “Miami”. Llegando a utilizarse en exceso y con dudoso gusto, sin un análisis de nuestro entorno en la planificación del paisaje.

Uso en el paisajismo

Las palmeras son bastante rústicas en cuanto a su estado fitosanitario, algunas son relativamente resistentes a sequía o al frío. Su sistema radical posibilita efectuar transplantes de grandes ejemplares con gran factibilidad de éxito. Por ello, las palmeras silvestres de algunas regiones de nuestro país han sido diezmadas para su comercialización o se cae en el recurso facilista de generar “paisajes instantáneos”, tan común en nuestros centros comerciales.

Las palmeras, de forma escultórica peculiar, se convierten en las protagonistas del espacio en el que participan. Resulta difícil asociarlas a otros elementos vegetales, como árboles o arbustos, por lo que habitualmente se las ha utilizado aisladas, donde relucen por la fuerza de su imagen y el profundo contraste que se establece con el resto de la vegetación.

También se las utiliza en grupos mono o multiespecíficos, enfatizando su efecto junto al agua.

Son esencialmente aportadoras de verticalidad, interesante en la creación de ritmo, por lo que se las ha empleado en ciertos lugares especiales definiendo alineaciones.

Resulta menos frecuente su utilización conformando macizos -agrupaciones de gran número de plantas-, ya que este tipo de formación anula la imagen individual de cada ejemplar, desaprovechando la característica más significativa que motiva el uso de palmeras en el paisaje.

Llegan también a ocupar espacios reservados al arbolado público en veredas, plantaciones efectuadas por el propio vecino o frentista. En esta situación, no proporcionan los beneficios ambientales de los árboles  y el empleo de plantas jóvenes dificulta la transitabilidad por la presencia de hojas a nivel peatonal.

Quienes tienen la responsabilidad de planificar y diseñar paisajes creando ambientes que sean vivibles, valga esta reflexión de fin de año: ¿estamos haciendo las cosas bien? ¿Deben usarse indiscriminadamente? ¿Jerarquizan o descontextualizan?

Sin lugar a dudas, las palmeras poseen valiosas características estéticas y ornamentales. Sin embargo, su uso en forma masiva, en muchas ocasiones, constituye una negación de los valores intrínsecos del paisaje y un menoscabo de éste, queriendo transculturizar un elemento que no siempre se adapta a su entorno.

Copiar modelos, sin un profundo análisis de la situación, es perder nuestra historia, lo que somos, lo que nos diferencia…

Algo para pensar a la hora de diseñar nuestros espacios verdes.

2 Comentar este artculo

  1. Juan Pablo Giraldo Lalinde Dijo:

    Muy acertada su critica.

    Quizá el alto valor económico de las palmas generan la idea de elegancia (que la tienen) y de estatus. Sin embargo su uso en visuales cortas es muy frecuente y, en mi opinión, equivocado, por ejemplo al lado de una ventana o en jardines urbanos confinados y pequeños. Saludos

    JPGL

  2. Palmeras Paraiso Dijo:

    Hola,

    Buena síntesis y observaciones sobre la preciada Palmera.

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    Muchas gracias.

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